Diario de León
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León

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De visita al hospital hay quien lleva bombones o pastitas que jamás comerá el enfermo. Aún así, insisten en el regalito. En realidad, son obsequios que se hacen las visitas a sí mismas porque acaban comiéndoselos ellas y así estiran o endulzan el rato y la cháchara para mayor tortura del convaleciente... La Galicia enferma del trancazo más bestial que le ha endosado la fatalidad nos ha convertido a todos en visitadores de su angustia y nos asomamos a ella por la ventana informativa ahogándosenos la fe en tanta mierda. Hasta el pie de la cama de un litoral moribundo se allega toda España con manos voluntarias y anónimas que arañan de las rocas el cagamento de ese buque, ese crimen pegajoso que durante muchísimos años dejará tatuada toda la costa gallega y cantábrica con estigmas de insulto y brea, la marca de este tiempo de prisa loca y negocio crudo. La magnitud de la gran marranada aún nos costará nuevos asombros. No gastes todas tus furias y reserva esfuerzos para lo que aún ha de venir. La solidaridad del español-pueblo está a la vista, pero es mar de fondo que no aflora a la superficie de la vanidad o de la cámara. Hay, sin embargo, otra solidaridad entendida como industria que ya se ha puesto en marcha: conviene dejarse ver dando el pésame o un talón a la víctima; es cosa de departamentos de imagen. Toda entidad o municipio al loro ha constituído ya comisiones, comités de recogida, banderines de enganche y todo eso con tal de estar en la foto de la tragedia. Los restaurantes pijos darán un mejillón solidario, los listos enlatan fuel, los jugueteros alicantinos anuncian vagones de muñecas al efecto, empresas que contaminan lo suyo infectando el río Tinto hacen público su donativo con alarde y timbales. Todos quieren subir al estrado de las caridades enseñando su pabellón o negocio. Bisbal cogió una pala, foto mediante, y la pijísima nietísima del Generalísimo dijo que si hubiera tenido una, habría ido a limpiar playas, la muy cretina. Entre tantas ayudas sinceras, silenciosas y necesarias, abulta ya el montón de los que buscan sólo autopublicidad barata y sentimentaloide. Llevan bombones a la herida Galicia, pero son para comérselos ellos. (Continuará) La marea negra también.

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