La violencia tras la ciudad
l La escritora Lara Moreno destaca que la literatura es una «zona de denuncia» y junta para demostrarlo a tres víctimas del mundo actual

La autora de ‘La ciudad’, Lara Moreno
cristina bazán
La escritora Lara Moreno, autora de varios relatos y poemarios, publica su último libro «La ciudad», una novela en la que, por medio de una sesuda narración de la vida de tres mujeres, pone al lector frente al espejo de las violencias que se viven y se sufren en Madrid.
Con el castizo barrio de La Latina como escenario principal, en «La ciudad» (Lumen, 2022) traza el recorrido por el pasado y el presente de tres mujeres, una española y dos extranjeras, que coinciden en un mismo edificio y que, aunque se cruzan, no se ven ni reconocen en las otras las diferentes violencias que sufren. Desigualdades de género que, en el caso de dos de las protagonistas, se perpetúan porque son migrantes y pobres.
«Podría haber contado Madrid desde muchísimos puntos de vista, pero me acerqué a hablar de la violencia que recorre la vida de estas mujeres porque creo que al final en una ciudad como Madrid, aunque esto pasa evidentemente en todas partes, los contrastes y los desequilibrios se ven mucho más fuertes», explica en una entrevista con Efe Moreno (Sevilla, 1978). «Cómo nos juntamos aquí, en una ciudad tan grande, tantísimas realidades y no nos tocamos. Esto tiene también mucho que ver con el racismo y con el clasismo», agrega.
Tres vidas convergentes
Aunque la obra de ficción no tiene que ver con su vida, la autora sí añade detalles que le han permitido narrar estas historias con mucha cercanía, como el edificio de la Plaza de la Paja, en el que vivió, o la situación de las temporeras en Huelva, la ciudad en la que creció. Esa misma cercanía del relato permite a los lectores introducirse en el mundo de la española Oliva, una trabajadora independiente; la colombiana Damaris, empleada del hogar; y la marroquí Horía, quien llegó a Madrid tras trabajar en los campos de fresas.
En el caso de Oliva, la autora de “Por si se va la luz» explica que ella vive el «terror» del maltrato psicológico, un tipo de violencia que «es una cárcel para las mujeres que la viven, independientemente del nivel cultural, económico y de la raza».
«Creo que es algo que nos puede pasar a todas. Creo que más allá de la violencia física una relación de maltrato anula la voluntad, la personalidad, aísla y es una de las peores mordazas que pueden vivirse dentro de la vida de una mujer», afirma.
Una cárcel que «no se ve desde fuera» y que está «completamente naturalizada», pese a los avances legislativos en materia de prevención de la violencia machista que se han producido en los últimos años en España y otros países del mundo. «Seguimos pensando que las mujeres que están en una relación de maltrato están ahí porque de alguna forma lo quieren», sentencia
La escritora cree sin duda que la literatura es «una zona de denuncia», especialmente en novelas «donde la historia es realmente lo que importa y que los engranajes no tienen que ir de un discurso, sino simplemente a levantar a una realidad y hacerla que ande».
Eso es lo que, dice, ha intentado hacer en «La ciudad», especialmente con las historias de Damaris y Horía. «He intentado mirarlas para mirarnos. Porque viendo cómo ellas realizan su vida y qué es lo que les sucede yo nos veo a nosotros. Veo el clasismo y el racismo. Veo toda esta máquina de explotación que es posible porque en otras latitudes hay unas carencias descomunales que hacen que la gente venga a trabajar para nosotros y siga siendo pobre». «No es solo España, el mundo occidental funciona así», enfatiza. Pero, además, le interesa mucho poner sobre la mesa y que se hable de realidades que se tocan en los medios y en la sociedad de una forma «muy leve».
«En el caso de las trabajadoras del hogar, hay activistas que están hablando de esto y peleando durante años, pero no es algo en lo que la sociedad tiene puesto el foco. No miramos ahí porque si miramos nos damos cuenta de todo lo que se está haciendo mal», sostiene.
Al igual —recalca la escritora— que lo que pasa con el tema de las mujeres temporeras. «Es un tema totalmente periférico en la orden del día de la política, de las noticias, de todo. Al final son las olvidadas», concluye.