Un pájaro errático y un violín sin cuerdas

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ALFONSO GARCÍA
«La novelística es la leche», dice el protagonista de esta historia original, maravillosa y estrafalaria en tanto en cuanto plantearse qué sea o no la normalidad es asunto no dilucidado, complejo y difícil. Y la «dichosa novela» se escribiría «si encuentro alguien que me la escriba» y «si es que la ficción merece la pena», aunque también creía que «la novela no podría ir bien cuando la vida me iba tan mal» y «¿cómo pierdes el tiempo fantaseando a quién se la dictas, si solo haces que escribirla tú mismo al dictado?».
Quizá ya podamos deducir que la novela dibuja un mundo de averiados, de agudos enfermos de la mente que, como le dijo la adivina al protagonista al seguir las rayas de sus manos, parece, o es «un pájaro errático y un violín sin cuerdas». Dicho de otra forma, «baluarte del trastorno universal» que «tanto me afecta», ya que «caí en la cuenta de que era el trastorno a lo que se refería el doctor, como punto de partida y llegada de mis males».
Se sucede una larga lista de situaciones rocambolescas, desquiciadas, disparatadas hasta límites impensables, surrealistas, provocadoras del humor, la ironía y la tensión que refleja los síntomas de las obsesiones… El lector se sentirá sorprendido por el cúmulo de situaciones increíbles, en apariencia al menos, por los personajes de parecida índole que comparten escena… «Los vecinos de mi naturaleza son entes de ficción no cuestionados», escribe el protagonista. Como si pudiésemos hablar de un trastorno global convertido seguramente en fábula o símbolo de un mundo complejo y perplejo. Una fábula, en cualquier caso, tan divertida como perturbadora.
Mantener el ritmo, la tensión que parece imposible, el pulso narrativo a lo largo de una novela de gran aliento es tarea complicada que Luis Mateo resuelve con gran maestría. No dudo en hablar de una obra maestra, de un autor imprescindible. De una deliciosa manera de contar historias con una prosa llena de logros, deslumbrante e inesperada porque parece no poder ir más allá, exuberante, rica, cuya amplitud no parece tener límites.