ENTREVISTA CON EL DIRECTOR DE LA ESTACIÓN BIOLÓGICA DE DOÑANA
Eloy Revilla, biólogo: «León tiene que limitar regadíos o le pasará lo que a Doñana»
Decrecimiento. «No podemos aspirar a un crecimiento sostenido e indefinido. Vamos a tener que adaptarnos y cuanto antes lo hagamos, de manera ordenada, menos doloroso va a ser»

Eloy Revilla, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo este jueves. ROMÁN G. AGUILERA
El director de la Estación Biológica de Doñana, el biólogo leonés Eloy Revilla, insta a los políticos y las administraciones leonesas a abordar cuanto antes el problema del agua para evitar un desastre medioambiental como el que afronta un entorno como Doñana, cuya laguna principal, Santa Olalla, se ha quedado seca por segundo año consecutivo, algo inédito y preocupante por la escasez de agua.
—Acaba de participar en un curso en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. El enfrentamiento político echa más leña al fuego de la escasez de agua y usted lo vive de manera directa en Doñana, un parque que se seca de manera preocupante.
—En la Universidad Menéndez Pelayo he hablado de ecología y conservación de la especie humana. Es muy importante pensar en la especie humana, que es una especie más, y los limitantes ambientales que hay a nivel global también nos afectan a nosotros. No podemos aspirar a un crecimiento sostenido e indefinido. Hay limitaciones de recursos que son muy relevantes.
—¿Su propuesta es decrecer?
—Sabemos que no vamos a poder crecer indefinidamente. El crecimiento no puede ser un objetivo por sí mismo. El objetivo tiene que pasar por la calidad de vida para las personas y por disminuir la desigualdad.
—Esta semana ha vuelto a ser noticia Doñana porque la laguna principal, Santa Olalla, se ha secado por segundo año consecutivo, algo inédito. ¿Cuál es su valoración como director de la estación?
—Estamos en un momento excepcional en el que se están produciendo una serie de cambios ambientales que son muy importantes porque afectan al valor de conservación de determinados ecosistemas, que están cambiando muy rápido. Estamos perdiendo ecosistemas, como las lagunas permanentes, que ya no son permanentes y son temporales, y las que son temporales las estamos perdiendo definitivamente y se están convirtiendo en otro tipo de vegetación y eso es muy relevante.
—¿Qué significa que cambie el tipo de vegetación?
—Las lagunas temporales se están convirtiendo en matorrales, el matorral húmedo ahora es matorral seco, las zonas de bosques están sufriendo una gran mortalidad y se están convirtiendo en otro tipo de ecosistema. Esos cambios ambientales afectan al valor de conservación de Doñana y es muy relevante.
—Y dice que de manera muy rápida.
—Sí, está pasando muy rápido.
—¿Más rápido de lo que cabría esperar en un proceso natural normal?
—Para determinados tipos de vegetación, sin duda. Para la vegetación forestal está siendo muy llamativa la mortalidad de árboles y cambio en los tipos de matorral. Esperábamos que esto pasara en las lagunas de Doñana, pero no tan rápido. Existe un plan que tiene como objetivo reducir la cantidad de agua que se extrae de Doñana y seguimos esperando a que se aplique.
—En Doñana existe un conflicto político con esa medida porque el gobierno de la Junta de Andalucía encabezado por Moreno Bonilla defiende la ampliación de regadíos.
—Bueno, vamos a ver que pasa de aquí a los próximos meses una vez que se inicie el curso político con el Gobierno central. Esperemos que no sea necesario volver a convocar nuevas elecciones porque cada vez que hay elecciones se utiliza Doñana como una herramienta en la pelea política y seguimos sin avanzar.

Santa Olalla, la principal laguna de Doñaor segna, está seca pundo año consecutivo. CARLOS RUIZ
—¿Qué hay que sacar del debate político para poner una solución al problema del agua en Doñana? ¿Cuál es la realidad científica?
—Disminuir de manera muy importante el consumo de agua del acuífero. Es algo que necesitamos hacer cuanto antes. Eso pasa por cumplir la legislación vigente. No queda más remedio. Estamos en una situación en la que hay una okupación —con k— de terrenos públicos, una usurpación sin permiso de un recurso público como es el agua. Todo eso hay que regularizarlo y cumplir la legislación. Es muy importante que se haga cuanto antes. Como país estamos condenados por no cumplir la legislación europea y española, que ya ha traspuesto todas las directivas. Esto va a llevarnos a pagar multas a medio plazo. Es muy raro.
—¿Quién usurpa el agua sin permiso?
— Los agricultores ilegales, por ejemplo.
—¿Están identificados? ¿se sabe quiénes son?
—Claro. La Confederación tramita unos expedientes que deberían ir de la mano de la administración responsable de Agricultura para el cierre de las explotaciones que no tienen permiso.
—¿Por qué no se hace?
—Eso habría que preguntárselo a los políticos. La realidad es que el recurso del agua es muy, muy limitante y no podemos plantear un aumento de esa demanda consolidada porque no hay recursos tampoco para la que es legal, que va a tener que adaptarse a nivel nacional, sin duda. Tenemos una superficie de regadío muy por encima de la capacidad que podemos mantener. Se va a producir un ajuste de la demanda por las buenas o por las malas. Es mucho mejor hacerlo de manera coordinada que dejar que vayan quebrando empresas básicamente porque van a estar numerosos años consecutivos sin poder regar y eso les va a llevar a la quiebra.
—La transformación de las especies vegetales influye de manera directa en las especies animales. ¿Qué cambios se están produciendo?
—Afecta de manera muy importante. La reproducción de aves acuáticas ha vuelto a ser muy escasa este año, casi nula. No hay hábitas acuáticas en Doñana por segundo año consecutivo. Eso tiene consecuencias a medio plazo. Estamos viendo una disminución de los tamaños de población no sólo en Doñana. Tenemos otros ecosistemas acuáticos dependientes de la combinación de exceso de demanda de aguas subterráneas y de cambios de precipitaciones y temperatura, que son los dos factores que influyen. Eso está ahí y está para quedarse. Vamos a tener que adaptarnos y cuanto antes lo hagamos menos doloroso va a ser.
—No sólo Doñana tiene problemas con el agua. Andalucía entera y otras comunidades como Cataluña tienen problemas y ya hay prohibiciones para regar y restricciones de agua. ¿Qué políticas hay que adoptar en España?
—Hay que definir políticas que disminuyan la demanda y hay que consensuarlas con los distintos actores. Es importante que se tome la iniciativa y se empiece a trabajar en esa dirección. Cuanto más tardemos más difícil va a ser y más sufrimiento va a suponer para los agricultores y para las zonas urbanas y rurales que dependen de acuíferos porque se secan los manantiales por la sobreexplotación. En el caso de Andalucía, por ejemplo, el riego del olivar se ha puesto en regadía en las últimas décadas y supone un coste social muy grande porque hay cientos de personas con restricciones de agua porque se les han secado los manantiales.
—En la provincia de León ya empieza a haber problemas. Como biólogo, director de Doñana y leones ¿qué cree que hay que hacer a partir de ahora mismo en León?
—En León limitaría el incremento de regadío en más superficie. A medio plazo la disponibilidad de agua va a ser limitada en León y en el resto de lugares que se riegan con el agua que procede de la montaña. La provincia tiene una importante cantidad de embalses y una regulación de su cuenca en todo el sur. Con esa agua no sólo se riega en León sino en otras provincias limítrofes. Yo limitaría el incremento de regadío y lo gestionaría de la manera más eficiente posible. No se puede plantear la construcción de nuevos embalses, si no llueve no sirven de nada porque no hay agua para almacenar. Si explotamos el recurso que tenemos almacenado a máximo de carga, en cuanto se produce la más mínima variación tenemos problema, que es lo que está pasando en Andalucía.
—¿Qué regadíos serían prescindibles?
—Eso es lo que hay que avaluar desde un punto de vista social y económico. Es un trabajo complejo que hay que iniciar cuento antes.
—Si en León no se toman medidas desde ahora mismo ¿cuánto tiempo pasará para que empiecen los problemas como en Doñana?
—Estamos de camino. Piense en el calor que ha hecho este verano en León y si eso es normal. Eso afecta a lo que podemos cultivar y cómo, a la disponibilidad de agua porque los cambios de patrones de precipitación se ven afectados. Desde un punto de vista científico la evolución es muy interesante.
—¿Cuál es su primera preocupación cuando acude a su puesto de trabajo cada mañana en Doñana?
—Lo que más me preocupa es la inacción política. Pasa el tiempo y cuanto más tiempo pasa más difícil va a ser volver a una situación mejor, y cuanto más tarden en sentarse a hablar las administraciones y ponerse de acuerdo más difícil va a ser buscar una solución.
—¿Cuánto tiempo queda?
—El Plan Forestal se aprobó en el año 2014 y en ese momento ya sabíamos que esto iba a pasar. Se quedó a medias con el gobierno autonómico andaluz anterior y el actual hace exactamente lo mismo, nada. Conforme pasa el tiempo el problema se hace más grande.
—¿No hay conciencia? ¿se piensa que se arreglará solo?
—Los tiempos políticos en la toma de decisiones se ven efectados por cosas tan simples como unas elecciones locales, regionales o nacionales. Tomar decisiones tiene un coste político y a la gente que le afecta pretende mantener la situación como hasta ahora, cosa que no es muy realista. La sociedad está plenamente concienciada en la necesidad de salvar Doñana y la agricultura, que van de la mano, no se trata de escoger uno u otro, como cuentan los políticos, así no funcionan las cosas. Esa conciencia social está y debemos actuar para que se sufra lo menos posible. Yo no soy político, no me dedico a eso, y no me corresponde decidir, pero hay mecanismos políticos para actuar cuanto antes. Hay otros sectores en los que se han producido reconversiones. Pero hay que tener voluntad para hacerlo y asumir el coste político.