PREVENCIÓN DEL SUICIDIO
El fracaso de una sociedad cortoplacista y solitaria
Multifactorial. Los psiquiatras alertan del «error» de abordar el suicidio sólo desde una perspectiva médica y psicológica. «Hay que analizar el contexto social». En el Día de la Prevención del Suicidio, los psicólogos señalan a un modelo educativo que «no enseña a pensar» en un sociedad «cortoplacista». Y la soledad no deseada, con gran impacto en las personas mayores.

La sombra del suicidio aparece cuando no se encuentran soluciones a los problemas de origen biosocial. FELLEPICS/PIXABAY
En la provincia de León se suicidaron 41 personas en el año 2022. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) las muertes autolíticas descienden en la provincia desde el año 2020. El psiquiatra del Hospital de León, Antonio Serrano, contabiliza dos intentos de suicidio o conductas suicidas al día en las urgencias del centro hospitalario leonés. «Han aumentado mucho», segura, y se remite a los datos registrados en el servicio de urgencias psiquiátricas en el mismo centro en el año 2014. «En ese año veíamos dos cada tres días. Ahora son dos al día».
Para Serrano las estadísticas por sí solas dicen poco. «La conducta suicida es muy compleja porque los pensamientos, las ideas y las tentativas reflejan que hay un contexto biosocial que no se está teniendo en cuenta. Abordar el suicidio sólo desde una perspectiva médica y psicológica es un error. Necesitamos un abordaje biosocial. Hay que analizar los contextos sociales. El suicidio no es una enfermedad y actualmente no se tienen en cuenta las variables psicosociales». Es una decisión definitiva para un problema que puede ser transitorio, como refleja el lema de una campaña lanzada por el Hospital Regional de Málaga.
El suicidio es considerado por la Organización Mundial de la Salud como un problema de salud pública. Cada año se quitan la vida más de 700.000 personas en el mundo. El Observatorio del Suicidio en España cifra en 4.003 los suicidios en el año 2021 en todo el territorio nacional, 742 más que el año anterior, con un mayor porcentaje de hombres que de mujeres.

«En las urgencias vemos a más mujeres que hombres, que tienen un contexto más reactivo e impulsivo, de unos 40 ó 50 años, que entre otras cosas, tienen una sobrecarga de roles», explica Serrano. El psiquiatra alerta, sin embargo, que son las personas mayores, los ancianos, lo que más se suicidan. «El perfil clínico de una conducta suicida es distinto al de un suicidio consumado, que es muy importante en el anciano, varón, que vive solo y que utiliza un método letal para acabar con su vida».

La adaptación a los «rápidos» cambios sociales afectan tanto a la población más joven como a los ancianos. «El mundo se vuelve muy complejo para todos», alerta el psiquiatra. «La hospitalización y la atención urgente sirven para un momento de crisis, como los medicamentos, pero no arreglan nada porque el problema de base que tiene la persona en su vida sigue ahí. Hay que valorar todas las variables e intervenir en función de cada persona porque hay cosas que no podemos cambiar en la vida de la gente. Los fármacos son una ayuda que te da tiempo para hacer cambios en tu vida, aprovéchalos para eso y luego déjalos. No son la solución».
Relaciones conflictivas, problemas económicos, soledad no deseada, sentimientos de vacío, ausencia de una red de apoyo, la obligación casi impuesta de ser felices, dolores crónicos y los problemas mentales se mezclan en un cóctel molotov que quiebra la salud mental. «Aparece la idea de que si la vida no es satisfactoria está la posibilidad que acabar con ella. El suicidio no sólo tiene una víctima. Tiene un fuerte impacto en los miembros de la familia, que necesitarán ayuda por los sentimientos de culpa por no haber podido evitarlo o por no detectarlo a tiempo».
«No se enseña a pensar»
«Cada vez hay más personas que llegan a la consulta del psicólogo con pensamientos e ideas suicidas», asegura el psicólogo y coordinador del Grupo de Intervención de Emergencias y Catástrofes del 112, el leonés Vicente Martín. «Cada vez son más los adolescentes y los jóvenes que dicen que no merece la pena vivir y tienen pensamientos recurrentes con la muerte», asegura. Martín ve en las nuevas tecnologías una puerta de entrada sin control de información sobre el suicidio. «Cuando hacemos el análisis topográfico de las áreas de conducta de las personas que acuden a la consulta detectamos un patrón común, que es la baja tolerancia a la frustración. Eso lo vemos mucho y desde mi punto de vista tiene que ver con que a la gente joven le faltan mecanismos para pensar con lógica. Todo lo tienen que conseguir rápido y sin esfuerzo. Falta desarrollo cognitivo porque se han suprimido de los modelos educativos disciplinas que enseñan a pensar, como la filosofía, la historia e incluso la religión desde un punto de vista filosófico. El sistema educativo actual no potencia el buen pensar y, desde mi punto de vista, creo que se ha hecho con toda la intención. A la mayoría d la gente joven le falta la lógica, le faltan los modelos pensamiento filosófico con los que aprender a pensar de un modo más adaptativo para vivir en sociedad porque tienen referentes y las formas de pensar inadecuadas conducen al suicidio».
Y falla la Atención Primaria. «Si en Atención Primaria hubiera más psicólogos se podría hacer prevención, como se hace para otras enfermedades con cribados en el cáncer de colon, mama o próstata, pues con la salud mental hay que hacer lo mismo».
