Nada es para siempre

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josé enrique martínez
Tras reunir su poesía en Acuerdo verbal (2018), Benjamín Prado regresa al verso con Paradero desconocido, un libro organizado en tres partes, con diez poemas cada una y un total de treinta poemas. De su poesía se ha dicho, entre otras cosas, que vida y literatura caminan a la par. Y así resulta en el nuevo poemario, en el que la primera composición plantea un asunto dilucidado por la teoría literaria: el personaje creado por el poema como autor imaginario y, a la vez, el lector ideal cuajado en la mente del poeta, distinto también del lector de carne y hueso: «Te recuerdo que somos dos seres inventados», le recuerda al supuesto lector. Después asoma una preocupación común : el tiempo, la edad, tema candente cuando «ante mí se estremece mi futuro», como escribió Guillén, cuando uno percibe el paso de las generaciones y cuando entre los amigos y conocidos a algunos los toca la enfermedad (Alzheimer se titula un poema) o la muerte, como en el Segundo tango del viudo, insinuando el primer tango, obra de Neruda, y sobre todo en El año de Almudena evocando los últimos momentos de la novelista Almudena Grandes, fallecida en noviembre de 2021. Quiero destacar en esta primera parte del poemario el poema País, crítica de la España que nos ha tocado vivir y loa de sus valores, con estos versos finales: «Mi hermoso país se llama España/y es la capital de la alegría».
En la vida real se titula la segunda sección, sobre aspectos que podemos sufrir o gozar el común de los mortales: el desengaño amoroso, pues «nada es para siempre», el flechazo, relámpago fugaz o luz que permanece, riñas familiares, desencuentros, la percepción de que nada es lo que parece, secretos ocultos bajo la superficie… El poemario termina con un Taller literario en el que ofrece consejos a un supuesto joven escritor: «Habla claro: / la oscuridad puede ser misteriosa, / pero es traicionera»; sobresalen los poemas dirigidos al lector, y entre ellos, Salto de página, pensando en el lector que acompaña al poeta, el que le dará vida cuando aquel haya muerto. De lo que no cabe duda es de la elocuencia de Benjamín Prado, visible, por ejemplo, en versos que, metafóricamente, resuenan como balazos, especie de aforismos o súbita síntesis de una la situación planteada: «La memoria es un río que atraviesa / una ciudad vacía»; «El amor ni siquiera es eterno mientras dura»; «Quien hace del pasado un paraíso / convierte su presente en el infierno».