Carlos V guardará nuestro secreto

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alfonso garcía
MMe llamo Shaka, tengo ocho años y soy zulú”. Al final de la obra afirma: “Tengo dudas sobre si ser héroe o ser contador de historias; no sé, las dos cosas me gustan mucho”. Lo cierto es que se convierte en el narrador de esta hermosísima historia firmada por la zamorana afincada en León, Beatriz Berrocal, que ya tiene nombre y espacio propios en el mundo de la literatura infantil y juvenil. Sudáfrica, 1964. De fondo late el sueño de unos niños con llegar a los Juegos Olímpicos que se celebran en Tokio ese año. Y los peores días del apartheid, con Nelson Mandela en la cárcel: “Mandela no odia a los blancos, que él solo quiere que todo el mundo sea igual, que podamos ir en los mismos autobuses y estudiar en las mismas escuelas, que podamos juntarnos. Es lo único que quiere, lo que ocurre es que resulta difícil convencer a los blancos que mandan”. Los niños, tanto blancos como negros, sin embargo, son otra cosa y piensan de forma distinta. Ahí está el secreto, que no desvelaré. “No sé si el río Rojo guarda entre sus aguas un barco –afirma Shaka en el último párrafo de la novela-. Lo que sí sé es que, de ahora en adelante, guardará nuestro secreto”.
La novela premiada nos acerca, en otro orden, a múltiples aspectos de las formas de vida del pueblo de Shaka y de su entorno familiar, que gira con frecuencia. Los trabajos, actividades, la nueva maternidad de su mamá, la vida cotidiana, en fin, con los modos propios de su cultura…, todo presidido por el cariño, la amistad y el compañerismo, la solidaridad, las ganas de aprender, el humor, la visión optimista ante las dificultades, como las desgracias traídas por las lluvias...; pasadas estas, “mamá ha vuelto a pintar y para mí esa es la mejor noticia del mundo