Diario de León

Vinos con cuerpo y sabor para brindar todos los días del año

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María Carnero
León

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Cualquier excusa es buena para brindar, y más si se hace con vinos de Castilla y León. Por eso en Navidad no pueden faltar en nuestras copas alguna de las exquisitas propuestas que ofrece la extensa bodega de Castilla y León y que recogen esa tierra de contrastes en las que prenden las vides que dan origen a nuestros vinos.

Con trece Denominaciones de Origen Protegidas y tres Vinos de Pago, la comunidad se sitúa a la cabeza del país en cuanto a figuras de calidad, a las que se une una indicación Geográfica Protegida, Vino de la Tierra de Castilla y León.

En la provincia de León sus vinos están perfectamente representados por la DO Bierzo. Esta denominación tiene un marcado carácter debido a sus variedades autóctonas, Mencía y Godello; a su clima entre atlántico y continental, su geografía y litografía y, por supuesto, a las técnicas de los viticultores, que aúnan tradición y modernidad. Sus viñedos están plantados mayoritariamente en vaso, lo que permite una relación directa entre el viticultor y sus cepas.

El cultivo de viñedo en El Bierzo data de la época romana, pero su desarrollo está profundamente unido a los monasterios medievales y al Camino de Santiago. La Denominación de Origen Bierzo tiene una de las mayores concentración de viñedo viejo del mundo por hectárea. Actualmente se exporta un 25% de su producción, especialmente a Alemania, Dinamarca y Reino Unido.

Por su parte, la DO León, cuya producción se da en un área geográfica de 3.317 km2 situada al sur de la provincia de León y con presencia de zonas de la provincia de Valladolid y que hace límite con las provincias de Zamora y Palencia, cuenta con vinos de calidad que tienen unas características únicas de la zona a la que se adscriben gracias a las altas temperaturas y luminosidad veraniegas, lo que permite que se acumule azúcar en las uvas para dar un elevado grado alcohólico.

Si hay un factor que caracteriza a la D.O. León es la uva Prieto Picudo, variedad autóctona que tiene su casa en esta zona de producción de vinos de calidad. Más en concreto, la Prieto Picudo proviene de la zona de Valdevimbre, Los Oteros y la ribera del río Cea. Actualmente, esta uva tinta de racimo pequeño, compacto y resistente a las sequías, ocupa el 69% de la superficie de viñedo. Una uva que juega un papel importante en la técnica tradicional del «madreo», la cual consiste en la adición por parte del bodeguero o enólogo de racimos enteros.

Pero sin duda, una de las denominaciones más importartantes a nivel nacional, y que compite con las mejores del mundo, es la D.O. Ribera del Duero, que se adscribe a la zona geográfica de centro-este de Castilla y León. En concreto, ocupa municipios de las provincias de Burgos, Valladolid, Soria y Segovia.

Una zona influida por el río Duero, constituyendo el eje que une a más de un centenar de pueblos que se extienden en una comarca vitivinícola que tiene 115 kilómetros de largo y 35 de ancho. Sus condiciones climáticas derivadas de una elevada altitud ejercen una gran influencia sobre las uvas, además del suelo y las variedades de uva, entre las que destaca la Tempranillo.

Las primeras referencias vinícolas en la zona de producción que hoy es la D.O. Ribera del Duero se remontan a 2.500 años, fecha de la que data el yacimiento vacceo de Pintia, en el término de Padilla de Duero, una pedanía de Peñafiel, en Valladolid. Allí, se pudieron identificar restos de vino, siendo la referencia más antigua que se ha documentado en la zona.

También triunfan, y mucho, los vinos de la D.O. Rueda, integrada por 74 municipios, de los cuales 53 se sitúan al sur de la provincia de Valladolid, 17 al oeste de Segovia y cuatro al norte de Ávila. Lo que hace únicos a sus vinos se debe a lo que se denomina el «carácter Rueda», conformado por su variedad autóctona, la Verdejo, presente en la zona desde hace más de diez siglos; un clima continental, que se caracteriza por una gran diferencia de temperaturas entre el día y la noche, lo que favorece el equilibrio entre fruta-acidez; y el suelo cascajoso, de fácil laboreo y con una buena aireación y drenaje donde se asientan los mejores viñedos de la D.O. Rueda.

También merecen mención los vinos de Toro, denominación cuya área de producción se localiza en el sureste de Zamora y suroeste de Valladolid, comprendiendo las comarcas de Tierra del Vino, Valle del Guareña y Tierra de Toro y lindando con los páramos de Tierra del Pan y Tierra de Campos.

Su superficie se extiende hasta las 62.000 hectáreas, de las que casi 8.000 están registradas dentro de la D.O. En total, son 900 los viticultores inscritos. La zona de esta Denominación está caracterizada por un clima continental con influencias atlánticas, de carácter árido.

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