Tamayo: "El peligro de las armas nucleares está a las puertas de la humanidad"
El teólogo español, que da esta tarde una conferencia en la Fundación Sierra Pambley, alerta sobre el riesgo de una escalada bélica a nivel planetario tras suscribir en Nagasaki una declaración contra el armamento nuclear

El teólogo Juan José Tamayo antes de su conferencia en la Fundación Sierra Pambley de León.
Juan José Tamayo, teólogo, escritor y columnista, una de las voces más críticas hacia la jerarquía de la iglesia católica, trae a León, esta tarde a las 19.00 horas en la Fundación Sierra Pambley, su teoría de una «paz justa» frente al concepto de «guerra justa» que manejan los estados para justificar conflictos bélicos. Acaba de llegar de Nagasaki, una las ciudades, junto con Hiroshima, donde se explosionó la bomba atómica, el 8 de agosto de 1945, después de finalizada la II Guerra Mundial en Europa y en la que fue distinguido con el pin de la paz por el alcalde de la ciudad tras pronunciar su conferencia sobre espiritualidad interreligiosa y el camino para la paz. “Ha sido una experiencia imborrable”, señala el autor de libros como `La internacional del odio’, ‘La compasión en un mundo injusto’ o ‘Hacia una espiritualidad liberadora, así como de la biografía de Pedro Casaldáliga, el fundador de la Teología de la Liberación, movimiento en el que se encuadra.
—¿Qué le causó más impresión de su visita a Nagasaki?
—Pisar la plaza de la Paz, la zona cero de la bomba atómica, y visitar el museo de la bomba atómica fue una experiencia imborrable. En el museo hay testimonios de víctimas y objetos que se salvaron de la bomba atómica. El que más me impresionó fue un reloj, que estaba parado a las once y dos minutos, el momento exacto de la explosión. A partir de ahí, toda mi conferencia giró en torno a la necesidad de que las religiones contribuyan a trabajar por la paz.
—¿Vivimos malos tiempos para trabajar por la paz?
—Sí, son malos tiempos para la paz. En este momento hay 52 conflictos armados activos, en los que están implicados 92 países, casi la mitad de los países del mundo. Y, por otra parte, se incrementa el gasto bélico, que llega actualmente a dos billones cuatrocientos mil dólares. Todo ese dinero se podía invertir perfectamente en resolver el problema del hambre, la pobreza y de la miseria de cerca de 800 millones de seres humanos. La situación no puede ser más dramática y más dantesta. En Nagasaki hablamos mucho de las armas nucleares, y el propio alcalde y yo mismo, hicimos una declaración pública en contra de las armas nucleares. Ahora mismo el peligro está a las puertas de la humanidad, precisamente por el conflicto de la invasión de Rusia en Ucrania, y el genocidio que está llevando a cabo Netanyahu en Gaza, el intento de ocupación de Cisjordania y la agresión.
—¿Pueden las religiones trabajar por la paz?
—Las religiones viven una situación contradictoria. Por una parte defienden propuestas de paz y, a largo de toda la historia, han atizado y siguen atizando no pocos conflictos. Por otra parte las religiones se encuentran en el centro de los choques bélicos, a través del apoyo, del silencio o simplemente de la falsa neutralidad. Por eso creo que hay que analizar dialécticamente el papel de las religiones. Hasta ahora no se han caracterizado por apoyar iniciativas de paz. Han apoyado dictaduras, gobiernos autoritarios, gobiernos militares... y tienen que hacer una revisión crítica de su papel. Incluso todavía hoy se sigue defendiendo dentro de la Iglesia Católica la teoría de la guerra justa, siempre que se cumplan una serie de condiciones. Y yo creo que ni antes, ni hoy, ni mañana se puede justificar que existan guerras justas. Todas las guerras son injustas, ya que quienes generan las guerras son los poderosos que se benefician de ello y quienes ponen los muertos, totalmente inocentes, son los pueblos. Hay que pasar de la guerra justa a la paz justa.
_En León acaba de producirse una polémica en torno a la misa por Franco del 20-N. ¿Puede considerarse un acto religioso la exaltación que hizo el cura de la figura del dictador?
_Seguí el caso desde Japón. Es la confirmación empírica de lo que he dicho anteriormente. Todavía existen grupos católicos añorantes del pasado que siguen defendiendo sistemas dictatoriales que atentan contra la dignidad de la persona y que han surgido precisamente de un golpe de Estado que fue apoyado, no lo olvidemos, por la jerarquía católica en el año 1937 en la carta de colectiva del Episcopado español. El caso de este sacerdote me parece que es un atentado gravísimo contra la paz, contra la libertad y contra los derechos humanos.
—¿La Iglesia es contundente para frenar este tipo de conductas? El Obispado de León dijo que era una simple misa por un difunto.
_Hay una permisividad y de alguna manera también una complicidad. Este sacerdote está bajo las órdenes del obispo y la jerarquía está siendo permisiva y cómplice porque tenía que haber adoptado una actitud de prohibición. Y una prohibición no solamente desde el punto de vista político, como defensa de la democracia y de los derechos humanos, sino también desde el punto de vista evangélico. Una de las bienaventuranzas, que son la carta magna del cristianismo, dice: "Bienaventurados los que trabajan por la paz".
—¿Qué es la internacional del odio, a la que dedica uno de sus libros?
—Es la alianza entre la extrema derecha política y cultural y los movimientos cristianos integristas dentro del catolicismo y fundamentalistas dentro del protestantismo. En ese libro, creo el neologismo ‘cristoneofascismo’, que define esa vinculación estrecha e indisoluble de organizaciones católicas en nuestro país como Hazte Oír, Germinans Germinabit, Asociación de Abogados Cristianos, con los partidos de la extrema derecha, en concreto con Vox, con el apoyo en algunos casos de un sector, minoritario ciertamente, de la jerarquía católica. Esta alianza va en contra de los valores originarios del cristianismo. Frente al amor la práctica del odio; frente al perdón, la venganza; frente a la hermandad, la relación amigo-enemigo. Los discursos de odio de estos colectivos de extrema derecha política y cultural y movimientos cristianos, integristas y fundamentalistas con frecuencia desembocan en prácticas violentas, por lo que veo una muy importante responsabilidad de estos colectivos católicos en la generación de la violencia. El odio se dirige contra las personas migrantes y refugiadas, comunidades musulmanas, el judaísmo, feminismo, contra la educación afectivo-sexual, el movimiento LGTBI o el matrimonio igualitario homosexual… contra todo aquello que puede contribuir a hacer avanzar los derechos humanos.
—¿Es usted una persona incómoda, un intelectual incómodo dentro de la Iglesia católica?
—Depende. Si vemos la Iglesia Católica desde la jerarquía, pues ciertamente soy una persona incómoda que gustaría que no existiera. Pero desde las comunidades de base de los movimientos cristianos de solidaridad, me sitúo en plena y total sintonía con estos colectivos que trabajan por otra Iglesia posible, más justa, más solidaria, más fraterna y solidaria.
—¿Cuál es el reto que tiene ahora mismo la Iglesia delante para poder seguir siendo influyente y algo importante en la sociedad?
—Fundamentalmente dos. El primero, democratizar las instituciones eclesiásticas con perspectiva de género. La jerarquía católica carece de democracia y tiene una estructura jerárquica piramidal y patriarcal. No hay democracia porque al Papa lo eligen los cardenales, que han sido a su vez nombrados por el propio Papa, a los obispos los elige el Papa, a los sacerdotes los elige el obispo, sin ninguna participación y sin ninguna intervención de la comunidad cristiana. Para mí es fundamental la igualdad entre hombres y mujeres en el acceso a las responsabilidades que afectan a toda la Iglesia. El segundo desafío es ubicarse en el lugar social de los sectores más vulnerables, de las personas empobrecidas y de los colectivos oprimidos. Los obispos, en este momento, están más ocupados por mantener los privilegios y los acuerdos con la Santa Sede, que de defender la causa del mundo de la marginación y de la pobreza extrema.
—Las mujeres sostienen las iglesias en lo físico y lo espiritual ¿El papa Francisco hace lo suficiente para que las mujeres accedan al sacerdocio?
—El Papa está jugando un papel importantísimo, sobre todo en el terreno de las relaciones internacionales, en el campo de la economía, denunciando abiertamente el neoliberalismo que considera que es injusto en su raíz. No pierde ocasión de defender la causa de los marginados y de trabajar por un mundo más justo, más solidario y más igualitario. El problema del Papa Francisco es que quizás esos cambios tan importantes que defiende en la esfera política, económica y social, y en las relaciones internacionales, no los está concretando al mismo nivel y con la misma radicalidad y rigor dentro de la Iglesia Católica. Y el ejemplo más claro es el de las mujeres. Recientemente estuve en América Latina y después de una conferencia multitudinaria me preguntaron ¿qué podemos esperar las mujeres del Papa Francisco? Mi respuesta es que sigue actuando como hasta ahora, muy poco o nada. Se queda en palabras. La Revuelta de las Mujeres llama constantemente la atención sobre la discriminación de las mujeres dentro de la Iglesia Católica. Mientras no se elimine la estructura jerárquica patriarcal piramidal, la Iglesia seguirá legitimando el patriarcado. La filósofa Mary Daly decía que si Dios es varón, el varón es Dios y Kate Millett, una de las lideresas de la tercera ola del feminismo, señalaba que el patriarcado siempre tiene a Dios de su lado. Yo creo que el Dios cristiano, el Dios del judío cristianismo, es un Dios que defiende la igualdad entre hombres y mujeres, sobre todo Jesús de Nazaret. Pero habría que reformular la afirmación de Kate Millett, diciendo no que el patriarcado siempre tiene a Dios de su lado, sino que la jerarquía católica sigue legitimando el patriarcado. Voy a publicar un libro en el que profundizo en esta especie de triada de dioses varones, masculinidades sagradas e inferiorización de las mujeres. El Dios cristiano, creado por la propia institución eclesiástica, convierte a los varones, a los hombres, en masculinidades sagradas. Y esa alianza entre el Dios varón y las masculinidades sagradas inferioriza a la mujer, considerando que es voluntad divina y desembocando con mucha frecuencia en violencia contra las mujeres.
—¿Propone cambiar los patrones de dioses por diosas?
—Yo formulo tea-teología. Y de esa manera incorporamos el componente de género también a Dios. Sí, hay que cambiar totalmente la imagen de Dios. Dentro de la Biblia hebrea y de la Biblia cristiana, hay otras imágenes diferentes. Por ejemplo, la imagen de la ternura. El profeta Isaías dice: “si una madre puede olvidarse del fruto de sus entrañas, yo no me olvidaré. Y es una afirmación que hace Dios. Es decir, que el Dios hebreo, algunas de las tradiciones del Dios hebreo, y por supuesto el Dios de Jesús de Nazaret, no es el patriarca opresor de las mujeres, sino que es el Dios de hombres y mujeres en condiciones igualitarias.
—¿Cómo valora la gestión por parte de la Iglesia católica española de los abusos sexuales de curas y religiosos?
—Se sigue minusvalorando la gravedad del problema. La pederastia en la iglesia católica es, primero, un grave problema social. No es un problema interno de la iglesia católica, sino, como dice el Defensor del Pueblo, de salud pública. Es el mayor escándalo producido en la iglesia católica durante los 80 últimos años y el que ha causado mayor sangría de creyentes. La pederastia es la mayor perversión de lo sagrado y la mayor traición al fundador del cristianismo, Jesús de Nazaret porque es un crimen vil contra personas indefensas con secuelas de por vida. Es un problema estructural y legitimado institucionalmente. Ninguno de los obispos que han salido en las investigaciones ha sido investigados por la justicia ni ha sido llamado a la atención dentro de la iglesia católica. Y sobre cómo se está gestionando, se persiste en el negacionismo, diciendo que son unos pocos casos nada más o diciendo que el mayor número de abusos sexuales se da en las familias, en el deporte y ¿de qué se quejan las víctimas? Comparándolo con otros pecados considerados graves en la iglesia católica como el aborto o, peor todavía, culpabilizando a las víctimas y generando en ellas más revictimización. En lo económico, el comportamiento de la jerarquía es de miseria. Una jerarquía que está instalada en el neoliberalismo económico, con decenas y decenas de miles de inmatriculaciones de bienes que no le pertenecen, que acumula cada vez más bienes y se muestra mezquina a la hora de indemnizar a las víctimas que han sufrido situaciones dramáticas que les han llevado, en algunos casos, al suicidio. Me parece mezquina la actitud de la jerarquía ante las indemnizaciones. Otras iglesias han sido, en eso, muchísimo más generosas.