CINCO AÑOS DEL CORONAVIRUS

Lara, la primera cuarentenial: "Fue nuestro juguete en la pandemia"

La historia de la niña leonesa que nació en el primer día del confinamiento, el 15 de marzo de 2020, en el Hospital de León

Lara, en primer plano, con su familia detrás.FERNANDO OTERO

León, León

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La madrugada del domingo 15 de marzo, cuando entró en vigor el Estado de Alarma, fue movidita en el chalé de Villaquilambre donde vive la familia de Fernández-Mateos. La luz venía con la primera cuarentenial, Lara. 

El segundo embarazo de Ángela llegaba a término. A los primeros síntomas de que el alumbramiento estaba cerca, la pareja preparó la bolsa y despertaron a Martín, de cuatro años. 

En pocos minutos, el niño quedaba a cargo de los abuelos. No les quedó otro remedio que romper la norma del confinamiento que el presidente del Gobierno anunció el día anterior, sábado 14 de marzo, como una medida in extremis para parar la propagación del virus.

Miguel Ángel y Ángela se encaminaron al Hospital de León. Eran las ocho de la mañana y hacía sol. 

Entre el miedo y la incertidumbre de lo que podía pasar se vieron en una habitación, sin mascarilla, con unos guantes y compartiendo el aire con otra mujer a punto a dar de luz que estaba hiperventilando por los dolores de las contracciones.

Doce horas después, Ángela salía del paritorio con su bebé. 

Lara nació entre las 19.30 y las 19.45 horas. No lo recuerdan bien. El mundo era otro. "Había nevado, el ejército estaba en las calles y había no sé cuántas muertes", recuerda la pareja cinco años después.

Cuando salieron no sabían qué hacer, cruzaban las puertas del hospital intentando no tocar las puertas. Luego recogieron a Martín y empezó su cuarentena. "Lara fue nuestro juguete del confinamiento", señalan con un poco de pudor al recordar la felicidad de la llegada a la casa de la recién nacida en aquel momento tan tremendo.

La familia disfrutó de tres meses insólitos. "Los cuatro juntitos en casa", porque el padre fue uno de los afectados por el parón de la actividad laboral durante la pandemia. Todavía el permiso de paternidad no estaba equiparado. 

En aquella primavera excepcional, el sol brilló con tanta fuerza que hasta se animaron a comprar una piscina por Amazon. "Tenemos la suerte de vivir en una casa con jardín y hacíamos hasta paellas", rememoran.

En la otra cara, recuerdan que la familia no pudo a conocer a la niña hasta meses después, que cuando empezaron los paseos se encontraban en la raya entre Nava y Villaquilambre y se saludaban desde la distancia y que incluso llegaron a envolver a las criaturas en bolsas de basura desinfectadas para que los pudieran ver más de cerca.

Tenían dos abuelas en casa y el miedo a contagiarlas estaba presente. Miguel Ángel reconoce que se saltó todos los controles para llevar un álbum de fotos a una de las bisabuelas de la niña, que no tenía móvil. "Se lo dejé en la escalera y lo limpié tanto que creo que se desgastaron las fotos". 

Nacer y crecer en pandemia también ha tenido un peaje para una generación. Ángela Mateos comenta a menudo con otras madres algunos rasgos que considera relacionados con el covid. El uso de las mascarillas en las aulas durante un tiempo tan prolongado «creo que les ha afectado al lenguaje», en particular a Martín. 

No ver los labios cree que ha podido influir en sus dificultades para pronunciar.

 A Lara le ha afectado más a la forma de relacionarse. «Le ha costado un montón porque en sus primeros años nadie la tocaba», comenta. 

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Aunque admiten que cada persona tiene su carácter, han visto en sus dos criaturas una gran diferencia: «Martín es más de abrazar y Lara es más distante».