Diario de León

40 AÑOS DE UNA CRUZADA CONTRA LAS ADICCIONES

«La heroína arrasaba cuando creamos Proyecto Hombre"

Isaac Núñez, Yolanda Busto y Lucía Lordén relatan los comienzos y su experiencia rescatando vidas de la droga en El Bierzo y León

Isaac Núñez y Lucía Lordén, en Las Ventas de Albares, el barrio de Bembibre donde residen.

Isaac Núñez y Lucía Lordén, en Las Ventas de Albares, el barrio de Bembibre donde residen.ana f. barredo

Ana Gaitero
León

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Un cura, una monja y tres mujeres más que coincidían en grupos cristianos de bases fueron los pilares de la cruzada contra la droga que emprendió Proyecto Hombre el 9 de septiembre de 1985. Aquel día, cuando abrieron el local en la casa parroquial de Cubillos del Sil, una mujer esperaba a la puerta. Fue la primera usuaria y se convertiría en terapeuta.

Isaac Núñez era maestro y párroco en Las Ventas, un barrio de Bembibre. Yolanda Busto era religiosa de la comunidad de las Hijas del Niño de Jesús de la villa minera y maestra en el colegio público. Lucía Lordén, de Corporales, vivía en Las Ventas desde los 11 años, había sido alumna del colegio Virgen de la Peña y estudió magisterio. El equipo se completaba con Conchy Prieto y Asira.

Antes de que las siglas de Proyecto Hombre abrieran en El Bierzo su tercer centro en España, después de Madrid y San Sebastián, ya habían intentado hacer algo para luchar contra el preocupante problema de la drogadicción.

«En 1982-83 era el boom de la heróina, la había en Bembibre y en Ponferrada; la heroína arrasaba y destrozaba la vida personal y familiar», señala Isacc Núñez. «Quisimos hacer algo. Yolanda y yo nos informamos y fuimos a Valladolid a ver un proyecto que recogía a drogadictos y llegamos a abrir un centro en El Valle, pero fue un fracaso porque no había un plan», añade.

Se dieron cuenta de que no valía solo con acoger. A través de las religiosas del Niño Jesús de San Sebastián, la congregación de hermanas que llevaba en la cuenca minera desde 1953 con un colegio, conocieron un programa terapéutico que había nacido en Italia y se iba a abrir en Madrid y la ciudad vasca.

Isaac y Yolanda fueron en avanzadilla a Italia para conocer Progetto Uomo. «Los problemas me han llegado. Estábamos en grupos cristianos y nos llegaban jóvenes con el problema de la droga, la heroína. Quisimos echar una mano pero con una respuesta cualificada», señala Yolanda Busto.

En Italia experimentaron las tres fases del proyecto, que se desarrollaba en dos años, en un mes. Al regresar al Bierzo propusieron a Lucía, Conchi y hasta cinco personas formarse. «Estuvimos un mes en San Sebastián como que éramos personas con drogodependencia y luego fuimos a Italia entre noviembre de 1984 y febrero de 1985», recuerda Lucía Lordén, la única que sigue en activo —con jornada reducida por jubilación parcial— en Proyecto Hombre.

En Cubillos se abrió la fase de acogida, donde se pasaba la fase de abstinencia y se empezaba el trabajo por el cambio, el autoconocimiento, identificando sentimientos... «Nos centramos en el presente pero hay que trabajar el pasado porque la mayoría de las veces hay mucho sufrimiento detrás», apunta la terapeuta.

A día de hoy siguen el mismo método, «mientras la persona deja de consumir o jugar se trabajan puntos que hay que sanar para seguir». Han cambiado las drogas —la heroína dio paso a la cocaína y las drogas de síntesis a principios del siglo XXI— y las adicciones sin sustancia —ludopatía, redes sociales, pornografía, videojuegos— son protagonistas de una epidemia más silenciosa y, aparentemente, menos trágica que la heroína.

Las situaciones en las que llegaban eran dramáticas, pero «una vez que estuvimos en Italia y vimos la realidad allí y en Madrid, abrir en Cubillos sólo era cuestión de logística». Isaac Núñez se ocupaba de conseguir los recursos y logró que la Diócesis de Astorga asumiera la financiación para abrir Proyecto Hombre.

La segunda fase del programa, la comunidad terapéutica, se abrió en febrero de 1986 en una casa parroquial y otros dos locales del pueblo berciano de Santibáñez de Toral. Llegó a haber hasta 90 personas. Ahora no pasan de 20 y se desarrolla en Fuentesnuevas, en el local que desde 1993 agrupa todos los servicios de Proyecto Hombre en El Bierzo, aunque se mantiene la casa de Santibáñez para fines de semana y convivencias. En León abrió sede en 1988 y actualmente se encuentra en la calle Padre Isla.

La Fundación Cals (Centro Astorgano Leonés de Solidaridad) Proyecto Hombre es el paraguas de los programas en la provincia y una de las dos organizaciones, junto con el Plan Municipal sobre Adicciones de León, que canaliza las acciones de prevención del Comisionado Regional para las Drogodependencias.

La tercera fase era la reinserción social y el primer punto se abrió en Cuatrovientos en la casa de unas religiosas. En los comienzos todo el programa, salvo excepciones, se desarrollaba en régimen de internado. Ahora la mayoría de los programas se desarrollan de forma ambulatoria. Las drogas o adicciones del momento se diferencian de la heroína en que, en la mayoría de casos, no anulan todas las áreas de la vida de la persona y muchas pueden seguir trabajando o haciendo su vida mientras se rehabilitan.

Uno de los hitos de la reinserción social fue la conmutación de penas de cárcel por la rehabilitación. El primer caso fue el de Josefa, la primera usuaria de Proyecto Hombre que, en 1988, tuvo que salir del programa para cumplir condenas pendientes. Tras un peregrinaje por las cárceles de León, Madrid y Barcelona, el juez Vicente Conca, de la capital catalana, dio un paso que marcó el camino. Conmutó la condena de la leonesa por un año de trabajos en Proyecto Hombre.

«Tuvimos algún caso más de personas que se estaban rehabilitando en Proyecto Hombre y tenían que ingresar en la cárcel a cumplir sentencia. Aquello me alarmó y escribí a la reina», relata Isaac Núñez. La Casa Real respondió con la clásica carta de cortesía: «Hemos trasladado su petición al Gobierno». Para entonces, el sacerdote ya formaba parte del patronato de Proyecto Hombre a nivel estatal, donde estaban también Doña Sofía, Baltasar Garzón y Luis del Olmo.

Con ocasión de un partido benéfico de una selección de fútbol de varios equipos contra el Real Madrid, «la reina me preguntó y después me llamó la ministra, para decirme que lo estaban estudiando».

«Proyecto Hombre ha sido la salvación de un número importante de personas afectadas por las drogodependencias y también de las familias», aunque en la parte amarga de aquellos primeros años, añade Núñez, «muchos murieron por sobredosis o por el sida». Isaac Núñez recuerda aquella primera década en la que estuvo al frente del proyecto: «Trabajábamos muchísimo, había mucha implicación y muchos viajes, de Ponferrada a León y, en una época, también a Zamora». El objetivo era (y es) «reconstruir a la persona, a nivel personal, familiar y social y luego laboral o académicamente».

Yolanda Busto guarda recuerdos «muy positivos y también muy dolorosos», pero lo esencial es que «fue un momento importante de aprendizaje en mi vida, donde te pones al lado del otro con empatía». La ayuda no es posible, añade, «desde el paternalismo o solucionando los problemas al otro. Hay que ponerse al lado de él y aprender con él».

El trabajo en equipo es otra de las piedras de toque del programa. «Todo lo que se hace es revisado y hay que ser muy exacto en la información. Nada quedaba en el vacío ni a nivel personalista. Éramos reforzados por el equipo», añade la religiosa desde la residencia de Madrid donde vive. En septiembre de 2024 cerró la comunidad de Hermanas del Niño Jesús en Bembibre después de 61 años, aunque el colegio continúa bajo la gestión de una fundación. Su lema es «ser camino que se utilice y se olvide y otros vendrán que lo harán».

«Proyecto Hombre ha sido la salvación de muchas personas afectadas por las drogodependencias y también de las familias»Isaac Núñez, cofundador

«Estuve toda una vida en Bembibre, desde los 22 años», comenta al recordar cuando pasaba músicas prohibidas a los jóvenes (Víctor Jara, Kilipayún) o se manifestó a favor del sandinismo nicaragüense hoy convertido en dictadura de Rafael Ortega y esposa. Para dedicarse a Proyecto Hombre pidió excedencia y a los diez años, cuando caducó el permiso, volvió a la escuela, aunque tuvo que desplazarse a Vega de Espinareda porque perdió su plaza. Cuando la recuperó trabajó en compensatoria con la comunidad paquistaní, sobre todo mujeres, y mantuvo su implicación social con el teatro.

Isaac Núñez lideró la creación del Programa Intermunicipal de Drogodependencias en El Bierzo Alto y en 2012 se fue a Bolivia de misionero a trabajar en La Paz con una veintena de comunidades indígenas en las laderas del Ilimani. En 2020 regresó y ahora atiende 15 parroquias en El Bierzo Alto. Con su gorro boliviano parece no renunciar a aquella experiencia misionera. Acude a Fuentesnuevas siempre que le llaman. Es un referente.

Lucía Lordén hace balance con el «enriquecimiento que a nivel personal y humano» ha supuesto el contacto con «familias, usuarios, voluntariado» y recuerda con especial emoción «el alivio de las familias que afrontaban situaciones tan duras». Sigue al pie del cañón con la misma disposición, «a veces cansada por la edad. Hemos vivido momentos duros y jorobados, pero tengo la suerte de que me gusta mi trabajo, con las mismas ganas y sin poner etiquetas».

"Todos te dejan huella", señala la terapeuta. A ella le marcó de manera especial el periodo en que estuvo activa la comunidad de mujeres con hijos a cargo. "Me impactó mucho, quizá porque acababa de tener a mi segundo hijo", explica. 

Recuerda que, en general, se trabajaba "bien" con las mujeres pero "cuando una mamá decidía irse y se llevaba a sus niños tenía una sensación de impotencia muy grande. No podíamos hacer nada. No nos podíamos quedar a los niños. Solo podíamos avisar a las autoridades competentes".

El recuerdo de los niños yéndose se mantiene en su memoria como los momentos más duros para esta trabajadora de Proyecto Hombre.

Los tres recuerdan a Josefa, la primera y ejemplar usuaria que falleció a los pocos años de ver la luz al final del túnel. «Fue bonito la gente que salió. Ver que su hija y ella salieron adelante, con la familia muy implicada». Isaac, Yolanda y Lucía son testigos de aquellos comienzos de Proyecto Hombre que, en 40 años que va a cumplir en septiembre, ha contribuido a que «miles de personas se hayan rehabilitado".


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