Puente artesano para salvar la corriente del Eria
Los vecinos de San Esteban de Nogales lo construyen en hacendera

Los vecinos celebran la finalización del puente en hacendera con un abrazo colectivo.
Continuando una tradición secular, las gentes de San Esteban de Nogales construyeron en hacendera, el sábado 12, un puente artesano para salvar la corriente del río Eria y permitir el paso hasta la ermita de San Jorge (del siglo XV) el próximo día de su fiesta. Aunque es el 23, se ha trasladado para el próximo sábado 26 de abril, por mor de que puedan acudir a celebrarla el mayor número posible de personas.
La procesión, con la que se lleva a la Virgen del Rosario, portada por las mozas de la Virgen, y la reliquia del santo hasta la referida ermita, está acompañada por la cruz parroquial, el pendón del pueblo y los singularmente ataviados mozos y mozas que bailan la espectacular danza del paloteo. Junto a la representación callejera con pirotecnia de la leyenda de San Jorge y el dragón, le han permitido obtener la declaración De Interés Turístico Provincial.

Momento de la obra comunitaria en San Esteban de Nogales.
En la construcción de la estructura del puente se emplean armaduras trapezoidales, que llaman “carpontadas”, además de troncos de humero, palos, escobas, ramas de los árboles que rodean el cauce y césped con la tierra para arriba, a modo de solado. Mientras unos se encargan de transportarlos, otros se dedican a fijar todos esos elementos para que resista la corriente, que este año es copiosa debido a las abundantes lluvias. La mejor forma de construirlo va transmitiéndose de generación en generación. Es de señalar la ilusión de quienes participan, aun a sabiendas de que, como cada año, con llegada del deshielo del monte Teleno, se lo llevará el río.
Hace años solamente se contaba con bueyes carros, hachas y martillos, y es cierto que actualmente se utiliza algún tipo de maquinaria, pero la parte principal es totalmente artesana.
Según nos explican, la villa de Nogales nació por el asentamiento de los siervos y criados de los monjes del Monasterio de Santa María de Nogales (de 1164), emplazado, según los criterios de la orden del Cister, en un valle de tierras fecundas, abundancia de agua, soledad y contemplación de la naturaleza.
Durante más de siete siglos destacó por ser cuna de grandes varones, emporio de letras y ciencia. Esos primitivos habitantes querían su iglesia en el centro de la localidad y no tener que ir hasta el Monasterio de Santa María de Nogales (de 1164) para oír misa, a lo que se opuso el entonces abad, pero al final no le quedó más remedio que permitir que se construyera una ermita en honor a San Jorge al otro lado del Eria, para que, como señala la tradición: “el que quiera ir a misa, que se moje el culo”. Y no mojárselo es la razón principal de la construcción del puente.