Diario de León

Celia Cabezas, psicóloga leonesa: "No comer es la punta del iceberg de la anorexia"

Formada en Trastornos de la Conducta Alimentaria, esta psicóloga sanitaria imparte terapia a un grupo de personas diagnosticadas y en riesgo de recaer con Apatca

Celia Cabezas, en el Teléfono de la Esperanza donde se imparte la terapia de grupo de Apatca.

Celia Cabezas, en el Teléfono de la Esperanza donde se imparte la terapia de grupo de Apatca.ramiro

Ana Gaitero
León

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Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) «son la punta del iceberg» de otros problemas que subyacen en las personas que sufren problemas de anorexia o bulimia. Así lo señala la psicóloga sanitaria leonesa Celia Cabezas, que acaba de iniciar un grupo de ayuda con leonesas con diagnóstico de TDA desde hace bastantes años con el objetivo de que compartan sus experiencias como un factor de protección frente a la predisposición a recaídas.

«Este taller es continuación de otro que se desarrolló el año pasado con familias. El objetivo era distinto, era más de desahogo», explica la psicóloga. En aquel taller con familias se trató mucho de «cuidar al cuidador, porque son personas que están muy pendientes de sus hijos e hijas, con la particularidad de que la mayoría eran menores o habían empezado el trastorno siendo menores», añade.

El grupo de ayuda ha sido creado ante la demanda de pacientes y con el objetivo de repetir otro grupo con familias y confluir en un encuentro final en junio. «Dentro de los tratamientos a personas con TCA, forma parte de la recuperación que entiendan que pueden tener una recaída y eso no implica que haya un retroceso», apunta esta psicóloga con formación específica en TCA. Las terapias actuales se centran más en el aspecto emocional y los factores desencadenantes que en la alimentación, a no ser que la persona padezca «un problema grave de desnutrición con una recaída que indique el ingreso», añade.

Los factores predisponentes ayudan a comprender cómo funciona el TDA y evitar culpabilizar a las personas que lo sufren, porque «es muy difícil de entender que de repente tu hijo o tu hija no quiera comer, que su salud está en riesgo y que tenga que llegar a un ingreso por no querer comer. Entender que a lo mejor esa persona quiere comer, pero no es capaz es la base para poder apoyarle».

Estos factores predisponentes son, a nivel de sociedad, «que haya un canon de belleza basado en la delgadez, en un estereotipo, en el que no hay diversidad a nivel corporal». A nivel familiar , influye que haya habido un TCA en la familia, por la transmisión de una educación alimentaria que prohibe o demoniza ciertos alimentos. También hay factores biológicos. «Algunos estudios están relacionando el riesgo de TCA y que el padre o la madre hayan tenido alcoholismo».

Los factores psicólogicos también son muy importantes. «Hay una alta comorbilidad de TCA con el perfeccionismo o la necesidad de aprobación externa, sobre todo en las mujeres».

Los factores precipitantes son algo más puntual. «El más común es una chica con obesidad que se pone a dieta, adelgaza muchísimo y todo el mundo empieza a decirle lo guapísima que está por haber perdido peso», afirma la psicóloga. Hay que tener mucho cuidado con las dietas, advierte. «No se sabe la importancia que tienen cosas que están normalizadas con una persona que a lo mejor ya de base tiene un problema o es la última gotita que llena el vaso para desarrollarlo».

Aunque la anorexia es la más conocida, hay otros trastornor de la conducta alimentaria. El trastorno por atracón es uno de los más comunes en la actualidad. No hay que encasillarse en los diagnósticos porque «de una anorexia se puede pasar a una bulimia». Después de más de diez años de andadura de la asociación, ha detectado que «cada vez hay un diagnóstico más temprano, hay muchas niñas, que son mayoría, pero también niños».

"Se realiza un diagnóstico más temprano de los TCA y a la vez cada vez empiezan antes, con 12 y 13 años e incluso con menos edad"

El problema es que «cada vez empiezan antes», con 12 y 13 años o incluso antes. En estas situaciones, las familias se sienten muy solas y no lo entienden. «No hablan con otros padres y no se sienten apoyados. En la asociación sieten que son entendidos». A raíz de la experiencia satisfactoria del año pasado con familias han decidido poner en marcha este grupo de ayuda con pacientes, que está abierto, y en junio otro con familiares para finalmente confluir todos en una sesión conjunta.

«La sesión conjunta puede ayudar a resolver algún malentendido o juicio entre padres, madres e hijos, hijas. Yo creo que es muy potente que los hijos puedan explicar a los padres lo que están sintiendo y viceversa, pero no desde el lado culpabilizador, sino desde la aceptación y el entendimiento, y eso si no se hace en un grupo de terapia es muy difícil».

Otra de las claves a la hora de tratar los TCA es que haya «coordinación multidisciplinar: que el nutricionista hable con el psicólogo, el psicólogo hable a lo mejor si necesita medicación con el psiquiatra, lo ideal es que todos hablen para encontrar el mejor tratamiento para el paciente o la paciente».

«Las terapias actuales no inciden tanto en la parte alimenticia, salvo en casos extremos, como en los desencadenantes de base»

Celia Cabezas destaca que las terapias actuales parten de la base de que el problema con la comida «es un síntoma» para buscar y tratar «lo que hay debajo de ese síntoma, a nivel emocional, a nivel de personalidad». También se trabaja sobre la comida, porque hay alimentos prohibidos y falsas creencias, pero más «en un segundo plano».

«Antes, en los ingresos, y, bueno en algunos sitios lo siguen haciendo, se centraban simplemente en proveer más alimentos, pero no se centraban en cómo dejar de demonizarlos o dejar de comer alimentos prohibidos».

Celia Cabezas se interesó por los TCA durante la carrera en la Universidad Pontificia a través de una asignatura optativa y luego un experto. «Tuve una profesora que nos lo explicó de una manera tan humana que me ayudó a entenderlos», subraya.

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