Diario de León

Pilar de Lara, jueza en Ponferrada: «España se ha convertido en un macroburdel»

La jueza Pilar de Lara estuvo en el ojo del huracán de la justicia durante casi una década, entre 2010 y 2019, por la Operación Carioca, sobre una red de trata y explotación sexual de mujeres en Lugo

Pilar de Lara, en la sala Región del Instituto Leonés de Cultura, antes de la charla.

Pilar de Lara, en la sala Región del Instituto Leonés de Cultura, antes de la charla.VIRGINIA MORÁN

Ana Gaitero
León

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La jueza Pilar de Lara estuvo en el ojo del huracán de la justicia durante casi una década, entre 2010 y 2019, por la Operación Carioca, sobre una red de trata y explotación sexual de mujeres en Lugo. Además de amenazas, insultos y coacciones a su persona y a su familia —su hija llegó a precisar escolta— sufrió una sanción de suspensión de empleo y sueldo de siete meses y día, perdió su plaza lucense y acabó en Ponferrada, donde es titular del Juzgado de Instrucción número 3. Este miércoles participó en el 50 aniversario de la AFL Flora Tristán con la conferencia Retrato de la trata. Justicia y el peso de los estereotipos.

—¿Qué relación hay entre trata, prostitución e inmigración irregular en España?

—La trata de seres humanos con fines de explotación sexual y la prostitución son las dos caras de la misma moneda: la violencia sexual. Es una flagrante violación de los derechos humanos y el ataque más brutal los derechos de las mujeres y de las niñas, porque son los hombres, los puteros, los que recurren estos «servicios sexuales. Como en España la demanda es mucho mayor que la «mano de obra», recurren a las mujeres en mayor situación de vulnerabilidad, de países con mayor pobreza, que salen de conflictos bélicos o donde su vida es inferior a la de un perro. La normativa de extranjería es permeable a las mafias y facilita ese flujo de inmigración irregular que termina en manos de los proxenetas y sufriendo la prostitución y un exceso de burocracia impide trabajar si no tienes tres años de estancia en España. Por último, están las dificultades para denunciar por miedo a la expulsión.

—¿Qué magnitud tiene este negocio de la trata con fines de explotación sexual en España?

—La trata es la esclavitud del siglo XXI y es un negocio muy lucrativo, el tercero más próspero después del tráfico de drogas y del tráfico de armas. Y puede que sea más porque el tráfico de drogas y tráfico de armas se puede cuantificar, pero los beneficios que proceden de la trata de seres humanos son muy difíciles de cuantificar. La mercancía, el objeto, es la propia persona a la que se explota una y otra vez a un coste muy pequeño para los tratantes. Las cifras oficiales son como para que, aparte de alarmarnos, nos saquen los colores, porque España ha terminado siendo un macroburdel. El perfil de las víctimas son mujeres jóvenes, que proceden de Latinoamérica. Me preocupa mucho la deslocalización. Las víctimas han salido de la calle y los puticlubs a los pisos, donde la policía y las oenegés no tienen acceso, porque están protegidos por el derecho a la intimidad y a la inviolabilidad del domicilio. Las redes sociales siempre se han utilizado como una forma de captación, de reclutamiento de las víctimas a explotar y ahora vemos que también por webcams de páginas de pornografía, o en plataformas como OnlyFans donde es muy complicado operar policial y judicialmente, porque podemos encontrarnos con que el servidor, por ejemplo, esté en Ucrania, y desde ahí se organicen encuentros sexuales con víctimas pagados por los puteros, por los explotadores, en cualquier parte del mundo.

—Instruyó uno de los casos más relevantes y largos sobre trata y prostitución entre 2009 y 2019. ¿Qué supuso para usted el proceso de escucha a las víctimas?

—Una labor muy importante para mí fue el de atender a las víctimas, recibir las declaraciones. Una de las cosas que reprochaban de la instrucción es que se tomaban declaraciones a muchas víctimas, no, perdón, se tomaba declaración a las víctimas. Es que es importantísimo conocer las condiciones de vulnerabilidad de las que proceden las víctimas. Al principio me costó asimilar todo el dolor que ellas narraban, y fue un proceso muy importante a nivel personal, doloroso, pero enriquecedor. Con el tiempo ellas fueron viniendo voluntariamente. Se sentían escuchadas. Creo que fue quizás por vez primera en España que alguien las tomó en consideración como personas y eso era una forma de recuperar su dignidad.

Pilar de Lara con la presidenta de Flora Tristán, Herminia Suárez.

Pilar de Lara con la presidenta de Flora Tristán, Herminia Suárez.VIRGINIA MORÁN

—¿Qué consecuencias tiene no aplicar la perspectiva de género en la justicia?

—No aplicar la perspectiva de género supone cometer una injusticia y más en materia de trata. Si no aplicas la perspectiva de género priman determinados estereotipos y prejuicios negativos que van a dar lugar a la discriminación porque no es la víctima ideal. El estereotipo puede llevar a no abrir una investigación, cerrar en falso investigaciones, no recabar de una manera adecuada la prueba que pueda servir para el procedimiento, dictar una resolución de manera injusta. En trata y violencia sexual el enfoque no puede ser otro que el de la perspectiva de género, porque los opresores, los tratantes, los explotadores, los puteros son hombres y las víctimas, las explotadas, las prostituidas son mujeres.

—¿Cuáles fueron las dificultades que tuvo para esa instrucción? ¿Contó con medios humanos y materiales suficientes?

—Los delitos que se investigaban eran de naturaleza muy compleja: explotación sexual, tráfico clandestino de personas, abortos no consentidos, violaciones, agresiones, tráfico de drogas, tráfico de armas, y, además, delitos de corrupción de algunos de quienes tenían obligación de proteger a las víctimas (miembros de la brigada de Extranjería, agentes del Emume de la Guardia Civil y de la Policía Municipal de Lugo). Fue una dificultad el número de víctimas, las investigaciones patrimoniales para romper el flujo económico y determinar las ganancias de los tratantes, las numerosas comisiones rogatorias. Tuvimos muchas dificultades. Se recabó la asistencia de Asuntos Internos de la Guardia Civil y de Policía Nacional. A medida que salían nombres se complicaba nuestra existencia y trabajar bajo presión es otra dificultad. Los guardias civiles sufrieron presiones, les rayaron el coche, les reventaron la puerta del despacho. Yo sufrí presiones machistas: en un foro de guardias civiles me llamaron zorra, loba depredadora y mi hija necesitó escolta por amenazas de uno de los proxenetas encarcelado. Pintadas por toda la ciudad con alusión a mi marido (Roberto paga las putas). Pedí al Tribunal Superior de Justicia y al Consejo General del Poder Judicial personal y más medios materiales. Solo me pusieron a un funcionario que además tampoco tenía ninguna clase de experiencia con lo cual sacar adelante la causa en estas condiciones resultaba difícil.

—¿Tuvo miedo cuando empezó a ver que había policías y guardias civiles implicados en la trama?

—Miedo nunca. Un juez tiene que venir llorado de casa y no puede tener miedo, no puede sucumbir a las presiones o debe colgar la toga. Miedo tenían estas mujeres, las víctimas. Cuando vi lo que esta mafia hizo conmigo, que soy juez y que teóricamente cuento con una protección institucional, comprendí muchísimo mejor el pánico de estas mujeres y las razones por las cuales no denuncian.

La sala Región del ILC se llenó para escuchar a la magistrada.

La sala Región del ILC se llenó para escuchar a la magistrada.VIRGINIA MORÁN

—¿Cómo impactó la larga duración del procedimiento en los imputados y en las víctimas?

—Soy consciente de que una justicia tardía no es justicia. Son necesarios mecanismos que agilicen esta clase de procesos.

—¿Cómo se podría mejorar el apoyo a las víctimas en procesos tan largos y complejos?

—El problema de la trata requiere un abordaje integral de ahí que sea tan necesaria la Ley integral de Trata. Es importante una ley que aborde la trata desde una perspectiva victimocéntrica y con todas las violencias que incluye, como la explotación por gestación subrogada. Ahora la abordamos como compartimentos estancos: ONGs a nivel asistencial, la policía interesada en la investigación y en el éxito policial; extranjería abriendo expedientes de expulsión a las víctimas, el juzgado de instrucción ve que la víctima es su fuente de prueba y la fiscalía que no hagamos depender las investigaciones tanto de la declaración de la víctima como de otras pruebas periféricas como puedan ser intervenciones telefónicas, las diligencias de entrada y registro. Pero necesitamos el testimonio de la víctima y parece que una vez que hemos obtenido su testimonio nos queremos desentender de ella. Eso es muy desalentador. Cuando instruí Carioca me pareció que la actuación tendría que ser coordinada con todas esas instituciones que debían prestar información jurídica sobre derechos de extranjería, información de salud física, salud psicológica... Si ese mecanismo estuviera perfectamente diseñado y engrasado no perderíamos tanto tiempo. Y luego a la víctima hay que darle opciones. Yo soy claramente abolicionista, pero siempre y cuando también tengamos los medios suficientes para poder recuperar y reinsertar esa víctima.

—¿Hay que abolir la prostitución para terminar con la trata sexual?

—Hay trata porque hay prostitución. Y la prostitución no es sexo a cambio de un precio. Es el poder del hombre sobre la mujer. Si se ataja la demanda se puede atajar la trata.

—Tras tantos sinsabores, el caso Carioca inspira la obra de teatro ‘Aquí nunca pasa nada’. ¿Le sirve como reparación?

—Lo que representa perfectamente es esa hipocresía social, esa hipocresía de algún sector de la sociedad, en este caso de la ciudad de Lugo, pero que es perfectamente trasladable a otras poblaciones, donde lo importante es no destapar la basura. Olga y Susana, bajo la dirección de Moisés, lo han hecho estupendamente a la hora de transmitir esa sensación de frustración al ver la injusticia que se está cometiendo con las mujeres.

—¿Ponferrada fue un destino de castigo?

—Me expulsaron de Lugo con una sanción de siete meses y un día. Vine a Ponferrada y lo que comenzó como un castigo es un premio. A nivel personal, es una ciudad con mucha música en directo. Y a nivel profesional me acogieron con los brazos abiertos. Los juzgados tienen instalaciones privilegiadas con salas adecuadas para niños, zonas de separación para las víctimas, un gabinete psicosocial estupendo y unos compañeros magníficos, con buenos abogados y procuradores. He llevado casos de corrupción y no he notado presión.

"Ponferrada ha pasado de ser un destino de castigo a un premio. Me acogieron con los brazos abiertos. Tiene unas instalaciones privilegiadas en los juzgados y en la ciudad hay mucha música en directo"

"Hay trata porque hay prostitución. Necesitamos una ley integral de Trata con base abolicionista, pero que dé opciones a las víctimas"

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