Un ingeniero leonés ‘Nobel Verde’ por parar un puerto
Carlos Mallo Molina, con raíces paternas en Senra y criado en León, ganó la batalla contra el proyecto de Fonsalía en Tenerife
Carlos Mallo Molina, frente a la costa que iba a ser afectada por la construcción de un puerto en Canarias.
Un ingeniero de caminos, canales y puertos es, paradójicamente, la persona que consiguió echar abajo una de las obras de ingeniería portuaria más grandes planeadas en las Islas Canarias.
Carlos Mallo Molina (San Cibrao Cervo. Lugo. 1988), de raíces y crianza leonesas, se ha convertido en el tercer español que es premiado con el Nobel Verde, el premio Ambiental Goldman 2025, en la modalidad de océanos y costas.
El jurado de este premio, creado en 1988, valoró su gestión de la campaña contra la obra del nuevo puerto de Fonsalía en Tenerife, que amenazaba a un área marina protegida de más de 600 kilómetros cuadrados donde viven especies como tortugas marinas y ballenas. La campaña tuvo éxito. Y doble premio. El puerto no sólo se descartó sino que actualmente se desarrolla un Centro de Interpretación Marina en la zona ahora protegida.
Carlos Mallo logró este premio, promovido desde 1989 por la familia de la marca Levi Strauss, junto a otras seis personas de diferentes partes del mundo «por sus contribuciones a la protección del medio ambiente y a la justicia ecológica en sus comunidades» en un acto que se celebró en San Francisco el 21 de abril.
«Hace ocho años dejé mi carrera de ingeniero de caminos para montar una oenegé de conservación marina», explica. Innoceana, el nombre de esta oenegé, lidera ahora el partenariado para crear el Centro de Interpretación Marina con un presupuesto de 2 millones de euros y tiene proyectos de conservación en Costa Rica, Estados Unidos, Azores, Madeira y algunos países africanos.
Un aula del mar enfocada especialmente a público infantil y un museo del mar para entender la riqueza del ecosistema de Fonsalía son los ejes de este proyecto financiado con fondos europeos y en el que también participa el Cabildo de Tenerife. El aula reflejará la diversidad marina en Canarias y la Macaronesia y reutilizarán infraestructuras abandonadas de la pesca tradicional, ya obsoletas, y embarcaciones.
Carlos Mallo trabajaba en la carretera que iba a parar al puerto de Fonsalía cuando decidió que aquel no era el camino correcto para su vida. «Me di cuenta que esa zona es un santuario de ballenas y que podía dedicar mi energía a otra vida que me satisficiera más», apostilla.
Su decisión personal, apunta Carlos Mallo, hay que entenderla dentro del «cambio de paradigma que estamos viviendo». Las soluciones basadas en la naturaleza son el camino para este ingeniero que ha renunciado a su carrera, pero no a la profesión. Al contrario, quiere que el nuevo enfoque de la ingeniería llegue a la universidad donde se forman las nuevas promociones de ingenieros e ingenieras de caminos, canales y puertos.
Inoceana desarrolla también proyectos de regeneración marina. Son los jardineros del mar que restauran pastos marinos. «Es como si plantáramos césped bajo el mar», apunta.
«El futuro no pasa por el hormigón, el cemento o el acero. Tenemos que evitar el cambio climático con soluciones basadas en la naturaleza», añade.
Carlos Mallo Molina es hijo de un ingeniero de caminos nacido en Senra, en el municipio de Murias de Paredes. «Yo nací en Lugo, luego vivimos en Santiago y en la época en que hice la Primaria estuvimos en León», explica. Cursó estudios en el Colegio Leonés en la época en que su padre fundó la empresa Construcciones Civiles Leonesas. Luego se trasladaron en Madrid, donde siguió los estudios y finalmente se graduó como ingeniero de caminos, canales y puertos.
«Es un orgullo tener raíces en una Reserva de la Biosfera», señala Carlos Mallo. De los veranos en Omaña recuerda las subidas al Fasgarón con su primo David a merendar. Mallo valora el trabajo cultural en la zona y anima a seguir trabajando para que «los pueblos no se caigan y buscar modelos para que la gente vuelva a los pueblos».
Las otras personas premiadas con el Goldman 2025 son Mari Luz Canaquiri Murayari (Perú), una líder indígena kukama, que logró que el río Marañón fuera reconocido como sujeto de derechos; Semia Gharbi (Túnez), por su denuncia del tráfico ilegal de residuos entre Italia y Túnez y el retorno de 6.000 toneladas de basura; Laurene Allen (Estados Unidos), activista de New Hampshire, por el cierre de una planta industrial que durante más de 20 años contaminó el agua potable con «químicos eternos»; Besjana Guri y Olsi Nika (Albania) por la campaña que ha convertido el río Vjosa en Parque Nacional de Ríos Salvajes, el primero en Europa y el último gran río sin represar del continente; y Batmunkh Luvsandash (Mongolia) por lograr, a sus 81 años, declarar un área protegida en el desierto de Gobi Oriental.