La leonesa que advierte del doble filo del teletrabajo en el reto de la igualdad
Rosa González señala que el trabajo en remoto puede ahondar o limar los roles tradicionales de género

Presentación del séptimo ciclo de 'Género, diversidad y derecho'.
El 40% de la fuerza laboral mundial está relacionada con el trabajo remoto. En Europa el 22% de la población activa teletrabaja. En España, en 2024, el teletrabajo aumentó hasta suponer el 14,8% de las mujeres y el 14% de los hombres.
Cifras similares pero con un doble filo vistas con la lupa de género. «El teletrabajo tiene el potencial de afectar la división sexual del trabajo de forma tanto positiva como negativa», afirma Rosa González Fernández. «Necesitamos datos desagregados por sexo sobre el acceso, las condiciones laborales, el uso del tiempo, la productividad, el desarrollo profesional…».
La responsable de Recursos Humanos de Proconsi expuso la cara y la cruz del teletrabajo en la primera sesión de la VII Jornada Género, Diversidad Sexual y Derecho organizada por la Defensoría de la Comunidad Universitaria y la Unidad de Igualdad de la Universidad de León, con la colaboración del Decanato de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.
Bajo el título «Teletrabajo e Igualdad: Retos y Oportunidades», González señaló que esta modalidad laboral tiene «ventajas» tanto para las empresas como para los trabajadores, pero «no hay que idealizarlo».
El teletrabajo, subrayó, «puede reproducir (o incluso agravar) las desigualdades existentes. Pero también podría ser una herramienta para promover la igualdad, mejorar la conciliación, redistribuir el trabajo de cuidados y crear entornos laborales más inclusivos y diversos».
González advirtió de que la «segregación por género» en las actividades laborales tiene un «impacto diferencial» en el teletrabajo, que se refleja en datos como que «las mujeres tienen más empleos teletrabajables en la administración» y los hombres «en la industria tecnológica».
En cuanto a la productividad, la directiva de Proconsi incidió en que el trabajo ofrece flexibilidad y exige autodisciplina y organización. Si lo primero es bueno para reducir el absentismo, lo segundo tiene cara b: puede caerse en el sobresfuerzo y la desregulación horaria. «Hay mayores dificultades para la desconexión digital y aumenta el riesgo de estrés y agotamiento».
Muchos de los trastornos que puede provocar «una deficiente configuración en el puesto de trabajo en la modalidad de teletrabajo» «tienen sesgo de género y afectan de manera específica a las mujeres», incidió González. «Las mujeres tienden a teletrabajar a horas más intempestivas y en espacios que no son propios», matizó. No es raro que las mujeres teletrabajen en la cocina, tratando de compatibilizar varias tareas a la vez.
Además, «es menos frecuente que la mujer, a diferencia del hombre, disponga de un espacio exclusivo para teletrabajar».
El impacto del teletrabajo sobre la conciliación también tiene un doble filo, ya que no sólo reproduce «las mismas desigualdades que otro tipo de trabajo», sobre todo, si no se incorporan «medidas de corresponsabilidad». «En el caso del teletrabajo desde el domicilio, la mayor presencia de la mujer en el hogar refuerza los roles tradicionales», alerta la directiva de Proconsi.
Las mujeres dedican más horas a las tareas domésticas, aunque como ventaja se sabe que los hombres que teletrabajan participan más en las mismas. «Al hacer el trabajo doméstico más visible a los miembros del hogar, el teletrabajo puede ayudar a su redistribución más equitativa», precisó Rosa González.
La pandemia fue el ejemplo paradigmático. Las mujeres encontraron en el teletrabajo una forma de compatibilizar su actividad laboral con el aumento de la necesidad de cuidados. «Al difuminarse los límites entre la vida personal y familiar se produce una mayor intrusión, afectando desproporcionadamente a quienes asumen en mayor medida las responsabilidades domésticas», explicó.
El teletrabajo rebaja la conflictividad y el estrés laboral, pero otro punto crítico de esta modalidad laboral es la violencia de género. «El teletrabajo refuerza el aislamiento de las mujeres que sufren violencia de género, separándolas de personas y recursos en los que apoyarse», precisó González. El ciberacoso es otro riesgo que aumenta en estas circunstancias.
Sin olvidar que, en la parte positiva, el teletrabajo «aumenta la productividad» y «mejora la calidad de vida» por el ahorro en tiempo y reducción de accidentes y emisiones «al eliminar y reducir los desplazamientos», la brecha tecnológica y de conectividad impide que muchas mujeres tenga la opción. Esto crea una «desafección» que «conlleva menores habilidades digitales o menores habilidades digitales avanzadas», comentó.
«Si el teletrabajo es el futuro laboral de tantas personas habrá que abordarlo desde la diversidad de las personas que se verán afectadas por él», señaló la responsable de Recursos Humanos de Proconsi, que también mencionó la interseccionalidad como parte de este reto de la igualdad. Los retos y oportunidades que supone el teletrabajo requieren «aplicar la perspectiva de género», incidió.
La primera sesión de la VII Jornada de Género, Diversidad Sexual y Derecho estuvo coordinada por Rosa González Fernández y Paulino Pardo Prieto, profesor de la Facultad de Derecho e iniciador de estas jornadas durante su etapa al frente de la Defensoría de la Comunidad Universitaria.
En la presentación participaron además el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, José Ángel Miguel Dávila y Marta Zubiaur, Defensora de la Comunidad Universitaria.
La primera ponencia corrió a cargo de Sara Corral Fernández, profesora e investigadora en género y finanzas de la Universidad de León, y estuvo centrada en el «Liderazgo en Igualdad: Avances y Desafíos en los puestos de responsabilidad».
Antía Fernández López, directora de Innovación para Mercados Estratégicos de Gradiant intervino vía telemática con el título «Tecnólogas del siglo XXI: Economías transformadoras». La tercera ponencia, también online, fue de la directora del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) Aitana Garí Pérez, con la «Integración de la perspectiva de género en la seguridad y salud en el trabajo». María Jesús Sánchez Muñoz, profesora titular de Análisis Geográfico Regional (Universidad de León) abordó «La mujer en el mundo rural leonés».