HISTORIAS DE SUPERACIÓN
Ángel Álvarez Mallo: «En la UCI creí que no volvería a jugar al fútbol»
Ángel Álvarez Mallo juega de portero en el Club de Benavides.
Síndrome de Guillain-Barré. Esa es la enfermedad inmunológica que le detectaron a Ángel Álvarez Mallo. A sus 13 años tiene muy claro que quiere ser agricultor, como su padre, y dedicarse al campo. Dos campos que son su pasión, el del fútbol y en el que trabaja su padres como agricultor. Desde los cinco años su gran pasión es el fútbol. Juega en el equipo Club Benavides, que ascendió a tercera provincial infantil. «Este año han ganado la liga», recuerda.
Sus padres tienen bien marcado en la memoria el día que tuvieron que llevarle al hospital sin poder sujetarse de pie. Empezó con una gastroenteritis, pero con el paso de los días la debilidad aumentaba. El 23 de abril entraba por urgencias directo a la UCI del Hospital. «No lo recuerdo muy bien, llegué a pensar que no podría jugar al fútbol». Todos los compañeros de clase y del equipo se volcaron con él, como la familia, que no lo dejó solo ni un momento. «En los partidos los compañeros desplegaron pancartas para apoyarme».
«En el Hospital me preguntaron si había comido conservas o miel, o si me había mordido algún animal». Sin fuerzas y sin reflejos, antes incluso de que le hicieran más pruebas, los médicos ya sospecharon que lo que Ángel tenía era una enfermedad neurológica autoinmune que le paralizaba la parte inferior del cuerpo. No podía mover las piernas y le afectaba a las cuerdas vocales. No podía ni hablar ni comer. «Cuando estaba en la UCI pensé que no iba a volver a jugar al fútbol». Pero pudo. Salió en silla de ruedas y volvió a su equipo a jugar como portero con un gran recibimiento por sus compañeros.
Una patología rara
En el síndrome de Guillain-Barré el sistema inmunitario del organismo ataca parte del sistema nervioso periférico que controla los movimientos musculares así como a los que transmiten sensaciones dolorosas, térmicas y táctiles, lo que provoca debilidad muscular, pérdida de sensibilidad en las pierna y los brazos y problemas para comer o respirar. Es una enfermedad rara que afecta principalmente a adultos y hombres. Pero Ángel es un niño que sólo quiere jugar al fútbol y no se plantea otra vida que no sea vivir y trabajar en su pueblo, Benavides de Órbigo. Su madre, Eloína Mallo, se pone en el lugar de otras familias que pasan por el miedo y la incertidumbre ante la enfermedad y cree que el caso de su hijo puede servir de experiencia a las que estén pasando por una situación similar. «Vi tantas cosas en el hospital que pensé que no tenía motivos para quejarme. En Urgencias me dijeron que era el primer caso que diagnosticaban. Los servicios de Pediatría y Neurología son fabulosos».
Ángel ha vuelto al campo. Al del fútbol y como agricultor cuando sea mayor, como su padre, al que ayuda de vez en cuando. «Me gusta ir al campo a recoger patatas, garbanzos, alubias y cereales, pero quiero estudiar agrónomos».
La historia de Ángel es un ejemplo de cómo las enfermedades llegan y parece que se acaba el mundo. Ahora Ángel y su familia vuelven a la normalidad, sin tratamiento. «Dicen que no tiene por qué volver a pasar».