El orgullo arranca en Madrid con un grito por los derechos
La capital abre los actos con un pregón vibrante y reivindicativo en la plaza de Pedro Zerolo que sellaron los leoneses Luis Miguélez y Samanta Hudson

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, poco antes del pregón del Orgullo en la plaza Pedro Zerolo de Madrid.
El Orgullo LGTBI+ de Madrid ha comenzado este miércoles oficialmente con un pregón vibrante, reivindicativo y cargado de emoción en la plaza de Pedro Zerolo, a cargo del elenco de la serie «Mariliendre», con Blanca Martínez, Carlos González, Yenesi y Álvaro Jurado, quien se ha ausentado por enfermedad.
A pesar de los más de 30 grados que había al caer la noche en Madrid, cientos de personas se han dado cita con abanico multicolor y móvil en mano, para no perderse ni una de las palabras de los tres actores del momento.
Los pregoneros de esta edición han tomado el escenario para recordar que ser parte del colectivo LGTBI+ «no es una elección» y que «no hay vuelta atrás» en los derechos conquistados. «Levantemos la voz por quienes han sido asesinados a manos de manadas homófobas», ha reclamado Carlos González, quien también ha criticado los discursos de la extrema derecha.
Blanca Martínez, por su parte, ha querido apoyar «esta lucha colectiva», recordando el papel de las mariliendres como aliadas indispensables: «Con cada derecho que nos quieren arrebatar, nos encuentran más fuertes y más juntas».
Bajo el lema «20 años avanzando en derechos: ni un paso atrás», el Orgullo 2025 arranca con una clara advertencia: frente a los discursos de odio, más visibilidad, más unidad y más orgullo.
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha advertido este miércoles que el actual Gobierno actúa como un «dique de contención contra la ola reaccionaria y de extrema derecha» que, a su juicio, pretende «devolver a las personas LGTBI+ al armario».
Durante su intervención previa al pregón del Orgullo en la Plaza de Pedro Zerolo, Redondo ha advertido que «esa ola reaccionaria amenaza con devolvernos a la ley de vagos y maleantes y a una España en blanco y negro propia del NO-DO».