La espía que engañó a Franco con bulos y visitó León
La historiadora leonesa Beatriz García Prieto desvela una red de desinformación orquestada por mujeres entre1937 a 1965 que usó la obsesión del dictador por la masonería para influir en sus decisiones

Beatriz García Prieto durante su intervención en Cistierna.
Una red integrada exclusivamente por mujeres, adeptas al régimen de Franco y con determinación de influir en sus designios se esconde bajo la trama A.P.I.S. Eran carlistas y tejieron una tela de araña de desinformación y bulos entre 1937 a 1965. Su modus operandi fue usar la masonería —uno de los demonios de Franco— como cebo para apartar de los puestos de decisión a falangistas o juanistas (los partidarios de que Juan de Borbón reinara en España).
María Dolores de Naverán y Sáenz de Tejada fue su secretaria general, la cabeza más visible e influyente de la red. Vizcaína de origen perteneció a la Institución Teresiana, participó en 1927 en la creación de la Liga Católica de Mujeres Campesinas para la mejora de la vida de las mujeres del campo, etapa en la que recaló en León dentro de una gira de proselitismo por el país. Tras la Guerra Civil, subió en el escalafón hasta inspectora central de Enseñanza Primaria y miembro del Consejo de Menores.
La red «servía a Franco», pero su objetivo era que el dictador menguara el poder omnímodo que adquirió la Falange y descartara a Juan de Borbón como sucesor de una posible restauración monárquica. Sus armas: los bulos, o lo que hoy se llamarían fake news, con la masonería y el comunismo como ingrediente principal de un cóctel real y ficticio, como las mujeres que la integraban.

Dolores Naverá, a la derecha, en una foto con su hermana.
«A.P.I.S. Mujeres espías al servicio de Franco» es el título de la ponencia que la historiadora Beatriz García Prieto presentó este martes en Cistierna, dentro del curso de verano de la ULE Historia y Memoria. Segunda Guerra Mundial y dictadura franquista. Clandestinidad y resistencia. «La acusación de masonería – un delito gravísimo a ojos del dictador– se convirtió en un arma arrojadiza y la red A.P.I.S., ligada al carlismo y al catolicismo radical, se especializó en su uso», comenta la experta.
«En un primer momento, las «víctimas» de este plan fueron los falangistas, ya que, tras el Decreto de Unificación de abril de 1937, contaban con un inmenso poder. Avanzando en el tiempo, los sectores más afectados fueron los monárquicos juanistas, con el propósito de impedir que Don Juan sucediese a Franco», añade.
Apis, abeja en latín, contaba con un sello propio para identificarse en los más de 230 informes que colaron al régimen franquista. La leyenda A.P.I.S. España rodea dos círculos con el dibujo de una abeja en su interior. Las espías se presentaban así como abejas, abnegadas obreras al servicio del régimen aunque su objetivo era orientar los designios del dictador con bulos. «Constantemente estaban engañando a Franco», señala Beatriz García Prieto, profesora de la Universidad de León. «Para lograr esta hazaña, estas ingeniosas damas se aprovecharon de una de las debilidades de Franco: su obsesión contra los masones», señala.

El sello de A.P.I.S. con la abeja en el centro.
Especialmente llamativo y se desconoce si real o ficticio es el personaje de Anita, que firmaba como A. de S., una mujer que enviaba sus reportes desde Cascais, el lugar del exilio de la familia real española. Supuestamente, Anita estaba casada con un alto cargo de la AMI (Asociación de la Masonería Internacional) por lo que tenía acceso a documentos que sustraía de su entorno, los copiaba y enviaba a la secretaría general de Apis, María Dolores de Naverán.
Los investigadores no dan crédito a muchos de estos informes, entre otras cosas, porque siguen pasando supuesta información de la AMI en los años 60, cuando esta organización había desaparecido en 1950. «Apis manipuló al tirano franquista a lo largo de casi tres décadas (desde 1937 a 1965). Para lograr esta hazaña, estas ingeniosas damas se aprovecharon de una de las debilidades de Franco: su obsesión contra los masones», subrayó Beatriz García Prieto en su intervención en el curso de verano en Cistierna.
En la red destacan otras dos mujeres, Elisa y G. P. T. A. una antigua cedista. Naverán estaba en el vértice de la organización y tenía acceso a primeras espadas de Franco como el general Carrero Blanco, a quien le suministraba la información que inflaba la amenaza de la masonería para España, o Jesús Fontán, ayudante de campo del dictador. «Franco se lo creía a pies juntillas», apunta. O le venía bien confirmar su conocida aversión a los masones. «Los planteamientos antimasónicos pueden detectarse en España desde el siglo XVIII, pero, sin duda, fue Franco quien actuó desde el poder de forma más dura contra los masones», apunta la historiadora.
Los escritos de A.P.I.,S., en los que se mezclaban muchos datos falsos con algunos reales «tuvieron una gran influencia sobre el dictador que escribió artículos con su pseudónimo Jakim Boor e inició grandes campañas propagandísticas antimasónicas basados en estos informes, pero también los utilizó en sus relaciones diplomáticas con el Vaticano o el régimen nazi», subraya. Su éxito radicó en lograr apartar a miembros «molestos» del régimen para la causa carlista. En 1948 Franco y Juan de Borbón pactaron la educación de Juan Carlos y en 1969 Juan Carlos de Borbón juró como «sucesor a título de rey». La red dejó de funcionar en 1965.