Edificio Mariano Andrés, 20

Avda. Mariano Andrés, número 20.
En octubre de 1975, Veremundo Núñez Arenal e Isidro Luna Seco firman este edificio de Viviendas de Protección Oficial para la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León en un solar de la Avda. Mariano Andrés c/v a las calles Pizarro y Reina Berenguela, cuyas obras dirigieron con José M. Pérez García y Dámaso Revelles Rodríguez como aparejadores. Concibieron el edificio en forma de U alrededor de un amplio patio, con dos bloques escalonados: uno accesible por Mariano Andrés con siete plantas y dos áticos y otro más bajo por Reina Berenguela con diferentes alturas en función de la anchura de las calles. Proyectaron una estructura porticada de hormigón armado y excavaron dos sótanos, el segundo para garajes, depósitos y calderas de calefacción y el primero para más aparcamientos y un local comercial. Dispusieron la planta baja para locales y dos portales –uno para cada bloque-, ambos con directriz quebrada, zona de espera, plantas ornamentales, escalera y dos ascensores para subir a 47 viviendas “amplias y cómodas”, de dos, tres y cuatro dormitorios, con las zonas “de vida común”, “de dormir” y “de servicio” claramente diferenciadas. Concibieron las fachadas en los típicos tres órdenes. En la base, sencillas portadas entre los escaparates de los locales. El orden principal en voladizo, revestido de ladrillo visto tono oscuro en los paños de fondo y macizos extremos, y chapados de piedra artificial perfectamente despiezada y aparejada en los cuerpos volados -miradores, jardineras y terrazas, hoy muchas acristaladas-, conformando un atractivo conjunto de volúmenes que según la Memoria del Proyecto, se interrelacionan entre sí para “crear un juego de luces y sombras que diera como resultado una cierta movilidad a todo el conjunto”. Y arriba, en lo más alto, una cubierta de pizarra envolviendo los distintos volúmenes, en otra combinación de planos inclinados para “rematar el edificio y hacerlo más estilizado”… Huyendo del rígido bloque de viviendas, Veremundo e Isidro, afrontan el proceso proyectivo de este espléndido ejercicio de arquitectura, siguiendo criterios funcionalistas en la solución del programa de necesidades, con innegable racionalidad constructiva y resultados de gran fuerza volumétrica, sin duda brutalista y muy expresionista, casi escultórica, fruto de cierto experimentalismo formal característico de esa época… ¡tan setentero!