"Vivir juntos en casa", deseo cumplido de los Pedroche
Tres personas dependientes conviven en su hogar gracias al servicio de asistencia personal y el programa Padres con hijos de Asprona León

La felicidad de la familia Pedroche pasa por vivir juntos en casa. César, el padre, de 94 años, convive con sus hijos Juan Carlos, de 65 y, Pili, de 62, ambos con discapacidad intelectual. Libe, la madre, se «fue» hace tres años tras una enfermedad fulminante.
Desde donde esté, bromea César, «no me manda cheques», pero el espíritu de familia unida permanece en este hogar que dispone de ayuda durante las 24 horas del día. El servicio de asistencia personal y la profesional que lo presta, Sonia, es una de las claves para que puedan cumplir su deseo.
«Somos un equipo», precisa Sonia, que, desde hace ocho años, es el alma de los cuidados en esta casa. «Susana, de noche, y las personas que vienen de mañana y tarde o de forma esporádica para cubrir los descansos», explica.
La familia tiene servicio de ayuda a domicilio y de asistencia personal, como prestación vinculada al servicio, en prestaciones por atención a la dependencia, otra parte de los apoyos los cubre el programa Padres con hijos, una iniciativa de Asprona-León para favorecer el envejecimiento de las personas con discapacidad intelectual dentro de sus hogares cuando los ascendientes pueden pasar también a ser dependientes.
Los Pedroche provienen de Barniedo de la Reina. En 1996 compraron un chalé adosado en el municipio de San Andrés y empezaron a venir a temporadas, a pasar el invierno. La casa rezuma hogar y previsión. Las fotos familiares y de vecindad son un signo del apego. El ascensor lo encargaron al constructor en una época en que aún no lo necesitaban.

Juan Carlos tiene una pasión: construir casas con piezas de colores.
Libe y César formaron familia y la ganadería y la agricultura fueron su sustento. La casa de piedra y pintada de blanco que luce en un cuadro en el salón la construyó César con sus propias manos.
Ahora el ‘arquitecto Pedroche’, como dice la prima Leonor, es Juan Carlos que todos los días construye casas de colores y con muchas ventanas con las piezas tipo lego que atesora en una bolsa. Es una de sus grandes pasiones, además de pasear y, de vez en cuando, acercarse hasta la sede de Asprona y tomar un mosto con su tapita de jamón en el bar de al lado.

Pili empezó a andar cuando llegó Sonia a la casa.
Pili no habla, pero se comunica perfectamente con su entorno. «Pili no andaba cuando llegué aquí y ahora sale», comenta Sonia.
Su proyecto de vida siempre ha estado claro. Proteger a sus dos hijos y darles la mayor confortabilidad ha sido su desvelo. Durante la infancia de los chavales contaron con la inestimable ayuda de los abuelos, el padre y la madre de Libe, que trabajaba tanto en casa como en el campo con su marido.
A Juan Carlos intentaron escolarizarle en un internado de frailes italianos en Asturias. Pero la cosa no funcionó y, tras una breve estancia en otro colegio de Madrid, la casa familiar se convirtió en su hogar y su escuela de vida.

El cuadro de Barniedo de la Reina que pintó Carmen, una cuidadora, para César.
La familia se hizo cargo, se hicieron socios de Asprona y en el pueblo fueron aceptados con naturalidad. «Aunque desde hace años ya viven en León están muy relacionados con el pueblo y son muy apreciados. Cuando van a Barniedo, salen todos a saludarles, como que llegan los reyes», cuenta Sonia.
El proyecto de vida de los Barniedo es la base de sus cuidados. «Vivir y estar juntos en casa es su prioridad» y lo hacen en «un ambiente alegre, superdivertido y feliz. Te encuentras muy a gusto con ellos», señala la asistente personal.
Todo se sustenta en una organización. Una vez que la persona o en este caso, familia, tiene claro sus objetivos vitales, el gestor de caso de Asprona, en este caso Jorge García, elabora recopila información y concreta qué quieren y qué necesitan las personas en el plan de apoyos, que recoge también la distribución de tareas por servicios y personal.
Una labor que se hace sin la distancia de la burocracia. Se nota en el trato de confianza. Jorge es Jorge para Juan Carlos, Pili y César. La profesión y la profesionalidad van por dentro.

El afecto forma parte de los cuidados en el hogar de los Pedroche.
El engranaje de todo el equipo consigue dar un servicio a la carta a la familia. «Una persona sola no podría con todo», puntualiza. Uno de los puntales de la permanencia en casa es la asistencia personal, figura que recoge y potencia la ley de promoción de la autonomía personal y atención a la dependencia y que, después de años poco rentabilizada, está empezando a tomar fuerza.
En Asprona ofrecen este servicio desde 2014 y actualmente cuentan con 96 trabajaroras y trabajadoras que desempeñan esta función con personas usuarias de la entidad. «Son el 19,55% de la plantilla de 491 personas con la que contamos», señala Pedro Barrio, director-gerente de Asprona-León.
La asistencia personal proporciona un apoyo personalizado en función de las necesidades y deseos de cada persona o núcleo de usuarios. En casa de los Pedroche es la pieza clave para que el engranaje dentro y fuera de la casa funcione. Atender las citas bancarias, con los servicios sanitarios, salir de paseo, ir a la compra, el contacto con el Ceas y, cualquier duda, a los referentes de Asprona-León.
No son tareas que se ventilen de forma mecánica o rutinaria. Las personas están en el centro y cada caso tiene sus particularidades. «El asistente personal me apoya, siempre contando con mis gustos y necesidades, para poder decidir por mí mismo lo que quiero hacer y así controlar parte de mi vida. ¡Me hace más libre!», afirma Alfonso José Marcos Muñoz, otro usuario de este servicio en Asprona León que vive en uno de los pisos tutelados de la entidad. «Me ofrecen diferentes alternativas en la comunidad pero a veces no son las que yo quiero o necesito», apunta. Dos días a la semana cuenta este servicio, dos veces por semana tiene el apoyo de un asistente personal para pasear, «que me hace sentir muy bien».

La organización de la casa facilita la labor del equipo.
Jorge Marcos González usa el servicio de asistente personal cuando lo necesita. «Me ayuda a organizar salidas que quiero hacer y siento que yo decido». Jorge valora que ha conseguido hacer cosas antes para él impensables. Ha ganado en independencia.
La familia Pedroche empezó a usar servicios de Asprona en 2010. Primero de manera informal que con el desarrollo de los servicios de vida independiente se han concretado en programas supervisados. Ni siquiera durante la pandemia dejaron de recibir atención. «Les traíamos la comida», para aminonar la entrada de personal en casa.
La adaptación entre las partes es clave. «Antes de la pandemia, iban al pueblo y tenían cuidadoras. Pero después, ya no, y un año les propuse ir una semana con ellos. Fue el último verano de Libe y estuvo muy bien», comenta Sonia. Un regalo mutuo.

César, con sus dos hijos abrazados.