ENTREVISTA

José Manuel Lucía, experto cervantista: «Es el momento de hablar de la sexualidad de Cervantes»

Experto cervantista y asesor de Amenábar para 'El Cautivo'El experto cervantista vuelve a León hoy para impartir una conferencia las 12.00 sobre ‘Sepulcro en Tarquinia’ en La Bañeza en el curso de la ULE y la Casa de Poesía-Fondo Cultural Antonio Colinas

José Manuel Lucía estará hoy en La Bañeza.DL

León

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El catedrático de Filología Románica, José Manuel Lucía, estará hoy en La Bañeza para impartir una conferencia sobre Sepulcro en Tarquinia, en el curso que organizan la ULE y la Casa de Poesía-Fondo Cultural Antonio Colinas. Tras el poemario El hombre que yo amo (Huerga & Fierro) Lucía publica en septiembre Cervantes íntimo. Amor y sexo en los Siglos de Oro (Plaza y Janés). Alejandro Amenábar ha contado con él como asesor en la película El cautivo, centrada en los cinco años de Cervantes cautivo en Argel.

—El Quijote es una obra universal, pero ¿qué es lo que no se sabe de Miguel de Cervantes?

—Desde 1738, cuando se publicó la primera biografía de Cervantes, cien años después de su muerte, hasta hoy, intentamos descubrir quién se esconde detrás de ese gran escritor capaz de escribir El Quijote, pero también las Novelas Ejemplares, Persiles y Segismunda y miles y miles de versos a lo largo de toda su vida. El gran reto es descubrir al hombre, empeño en el que estoy desde hace más de diez años.

—De todo lo que ha descubierto hasta ahora ¿qué es lo que más le ha interesado?

—Cómo una persona inserta en las costumbres y las normas de su época, no deja de trabajar y esforzarse por superarse. Le suceden cosas que a nosotros, desde la distancia, nos pueden parecer únicas, como participar en los Tercios italianos, en la batalla de Lepanto, ser cautivo e intentar medrar en la Corte. Como él había miles de personas. Convirtió esas circunstancias en una maravillosa literatura, no como medio para evadirse de la vida, sino como una forma de estar en la vida, que es uno de los grandes retos que nos plantea Cervantes.

—En septiembre publicará «Cervantes íntimo. Amor y sexo en los Siglos de oro» donde aborda la sexualidad.

—Este libro es continuación de mis tres volúmenes de la biografía de Cervantes que publiqué en 2016 y 2019. Trato un tema que había dejado, consciente o inconscientemente, como la sexualidad, tan importante. Se han construido mitos sobre la identidad sexual de Cervantes, como el de un soldado ejemplar, con una heterosexualidad llevada al máximo, o el mito de la homosexualidad que se construye en los años 80 del siglo pasado. Hay que conocer cómo se construyen esos mitos y de dónde vienen, cómo se van tejiendo esas ideas y, sobre todo, situar a Cervantes en su época, una época sexual mucho más abierta y diversa de lo que podemos imaginar hoy en día, y, sobre todo, lo que el poder, tanto religioso como laico, nos ha querido mostrar a lo largo de los siglos, como si solo hubiera una sexualidad normativa y procreadora y todo lo demás fuera pecado. En los siglos de Oro es mucho más complejo, interesante y más rico y Cervantes estaba en todo ese ambiente.

—¿Por qué ha decidido abordar esta temática que ha sido tabú durante años?

—La sexualidad es una parte esencial del hombre y la mujer. Es como tratar la sexualidad de los padres. Sabemos que nuestros padres han tenido sexo, pero hablar sobre ello echa para atrás. Creo que ha llegado el momento de hacerlo. La película El Cautivo de Alejandro Amenábar va a tratar el tema del cautiverio, la sexualidad y las relaciones personales. Mucha gente se hará preguntas y los académicos y los cervantistas tenemos que estar ahí para dar las respuestas. Para mí será interesante testar sociológicamente hasta qué punto estamos preparados para hablar de este tema y los tabúes que puedan existir todavía, heredados de la educación franquista.

—Usted ha asesorado a Amenábar en esta película. ¿Cual ha sido su aportación?

—He trabajado con él en un estado avanzado del guion con las dudas sobre la vida en Argel y la relación de los personajes. Es una superproducción sorprendente. Por fin tenemos la película que Cervantes se merecía.

—¿No descarta que Cervantes pudiera haber tenido relaciones homosexuales durante su cautiverio en Argel?

—No, y tampoco descarto que hubiera tenido relaciones heteroxesuales con mujeres en su vida. En esa complejidad de la sexualidad no hay nada que podamos descartar, pero nada que podamos afirmar. Sabemos que tuvo relaciones heterosexuales porque tuvo una hija, Isabel.

—¿Pudo tener relaciones con el rey de Argel?

—Las circunstancias eran para que pudiera tenerlas, pero los argumentos que algunos plantean son interpretaciones erróneas de la documentación. Los que quieren defender eso como un hecho indiscutible es porque Cervantes intentó huir cuatro veces de Argel y no lo consiguió y el rey Azán Bajá nunca le mató, como hacía con otros. El argumento que utilizan es que el rey se había enamorado de él y Cervantes aceptó esa relación. Eso se desmonta cuando sabemos que Cervantes costaba 500 ducados, un verdadero tesoro que ningún secuestrador, como el rey de Argel, iba a perder por hacer un castigo ejemplar. La sodomía era algo social en aquel momento y, por tanto, pudo haber tenido relaciones o pudo enamorarse. Parece que hablamos de las relaciones como algo negativo o un castigo y a lo mejor pudieron enamorarse por tener pasiones compartidas, como la literatura.

—¿Quién era Catalina, su mujer?

—Una mujer que vivía en Esquivia, a 80 km de Madrid, una localidad famosa por sus vinos en aquella época. Catalina es una joven de 19 años que cuando conoce a Cervantes, que tenía 43 años, tiene deudas familiares y consigue en Cervantes ese mecanismo para entrar en la Corte. Conocemos muy poco de esa relación, pero van a estar juntos hasta el final de sus tiempos. A Catalina no me la imagino como una mujer sometida y triste a la sombra de la grandeza de su marido, sino como una mujer que le coge del brazo, se ríe con él y seguramente disfrutaron mucho del vino y los placeres del cuerpo y la vida.

—¿Cuánto de Cervantes o cuánto de Catalina hay en el discurso de la pastora Marcela en el Quijote?

—En ese discurso hay más de tradición literaria. Marcela se plantea como una pastora que grita que es libre, pero porque puede, es rica. Más interesante es el personaje de Preciosa en La gitanilla, que la quieren casan y ella dice que han entregado su cuerpo social, pero no su alma. Ahí sí hay una defensa de la libertad, la voluntad y el deseo de transformar el mundo.

—El Quijote es una obra de humor. ¿Por qué se ve entre los adolescentes como una obra aburrida y un tostón?

—El problema tiene que ver con la mitificación de Cervantes. Si lo subimos a una peana de bronce, ajeno y frío, no le interesa a nadie. Si enseñamos el Quijote como una obra clásica que hay que leer con voz engolada, le hacemos un flaco favor porque los lectores no se acercan a él como una novela de aventuras y de risa que nos enseña una forma de ver el mundo.

—¿Qué discurso del Quijote está de máxima actualidad?

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—El poder del diálogo, que nos lleva a territorios nuevos que enriquecen. No se trata tanto de hablar, sino saber escuchar. Don Quijote y Sancho se van conociendo y enriqueciendo por dialogar y escucharse. Dialogar con el diferente no es una pérdida de tiempo, es un acto de enriquecimiento.