Álvaro Álvarez, presidente de los merineros: «La naturaleza nos reta a volver a la trashumancia»
Puertos de montaña y rastrojeras de León son el alimento «sostenible y sano» para casi 50.000 ovejas, 30.294 vacas, 3.801 caballos y 1.104 cabras en verano

El rebaño de merinas negras de Vegalvarez atraviesa Villafeliz de la Sobarriba.
Los rebaños trashumantes y trasterminantes de la provincia de León han iniciado el retorno de los puertos y pastos de verano a las majadas de invierno. Más de 80.000 animales se han movido este año desde comunidades autónomas como Andalucía, Asturias, Cantabria, Extremadura y Galicia y entre las riberas y páramos leoneses a los puertos de montaña y rastrojeras.
Entre 46.080 y 52.014 ovejas —las cifras varían entre los datos de Agricultura y Medio Ambiente—, 30.294 vacas, 2.801 caballos y 1.104 cabras se han desplazado, en muchos casos a pie, para alimentarse durante el verano en los ricos pastos de 129 puertos pirenaicos de alta montaña y 195 pastos sobrantes tanto en zonas de montaña como en tierras recién cosechadas.
Son los rescoldos de la histórica trashumancia que llegó a movilizar casi tres millones de ovejas entre León y Extremadura en los siglos de oro del Concejo de la Mesta, desde su creación en 1273 por Alfonso X El Sabio hasta su decadencia a finales del XVIII y principios del XIX con la Guerra de la Independencia.

«La trashumancia se inició desde León a Extremadura» a medida que se avanzaba en la conquista del territorio, resalta Álvaro Álvarez Redondo, ganadero y pastor leonés y presidente de la Asociación de Criadores de Raza Merino de España. Desde antiguo existía este movimiento ganadero que se basa en «buscar el mejor alimento en el sitio adecuado y en el momento adecuado», apostilla Ernestine Lüdeke, presidenta de la Fundación Monte Mediterráneo.
Los paisajes reconocidos con títulos ambientales como Reservas de la Biosfera, parques nacionales o regionales y Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (Sipam), entre otros, son tributarios del diente de las ovejas, cabras y vacas.
El pastoreo, del que tanto se habla estos días a raíz de la ola de incendios de agosto, ha sido el motor de este sistema de alimentación «sano y sostenible», en palabras de Álvarez Redondo, del que León es un foco de resistencia. «La trashumancia se abandonó por el bienestar humano, no por el bienestar animal, pero la naturaleza es sabia», subraya.
«En la zona sur de España, el ganado no va a poder estar en el verano y va a tener que venir al norte», añade. «La naturaleza nos está retando a que las ganaderías tengan que volver a la trashumancia a las zonas altas», entre otras cosas, «para proteger al merino de las enfermedades» que, como la lengua azul, tienen como vector de transmisión a mosquitos que se desarrollan en zonas extremadamente cálidas.
La trashumancia de largo recorrido y andando casi ha desaparecido, pero en los últimos cinco años dos rebaños han recorrido a pie más de 600 kilómetros desde Extremadura a León. Los ganaderos Paco Morgado, de Torremocha, y José Manuel Sánchez Miguel, de Huertas de Ánimas, ambos de la provincia extremeña de Cáceres, han hecho la trashumancia andando con apenas una semana de diferencia.
Un acontecimiento insólito si se tiene en cuenta que desde mediados del siglo XX los rebaños extremeños que subían a los agostaderos leoneses usaron primero el ferrocarril y en las últimas décadas el transporte por carretera mediante camiones.
Han logrado la hazaña con mejores medios que sus antepasados y el apoyo familiar, de amigos y de entidades como la Fundación Monte Mediterráneo para superar 36 jornadas de camino. Sus motivaciones no son meramente románticas, ni mucho menos.
El cambio climático, con las extremas temperaturas del verano y la sequía, fueron el acicate de José Manuel Sánchez Miguel para echarse a las cañadas y cordeles en 2023. Rememorar la experiencia trashumante de su padre y rendirle homenaje fue otro motivo añadido. En su tercer año en los puertos leoneses ha vivido la desolación de los incendios y tuvo que salir a toda prisa con el rebaño desde el puerto de Valverde de la Sierra hasta el pueblo, donde permanece, ayudado por unos vecinos.
La trashumancia es residual. Tan solo 3.439 cabezas de ganado lanar están registradas en el servicio de Agricultura y Ganadería de la Junta en León procedentes de Andalucía y Extremadura. Son los ganaderos leoneses que, desde mediados del siglo XX, se asentaron con sus familias en pueblos de páramos y riberas los que mantienen el movimiento hacia los puertos pirenaicos.
Es lo que se llama trasterminancia. Muchos suben aún andando y mantienen a duras penas los cordeles acosados por obras, productos tóxicos por las siegas químicas o por cerramientos ilegales.
«Si las ovejas hablaran dirían que quieren venir andando», asegura el presidente de la Asociación de Criadores de Ganado Merino. Álvaro Álvarez Redondo reclama más atención y cuidado para esta raza autóctona creada por los ganaderos a lo largo de siglos. «En Castilla y León está un poco abandonado y no se está teniendo en cuenta que el merino empezó en León con la trashumancia a Extremadura», apostilla.
«Hay que cuidarlo por la importancia que ha tenido y que sigue teniendo», añade. «El pastoreo extensivo y controlado es la gran baza: genera una biodiversidad enorme y es la prevención natural de los incendios. La trashumancia es el verdadero sentido de la ganadería extensiva», concluye.