ENCUESTA
Tres de cada diez menores sufren ataques sexuales
Las principales víctimas son las chicas, los adolescentes LGTBI, los menores con discapacidad y migrantes

Datos de la macroencuesta.
El primer gran estudio oficial para destapar la dimensión real de la violencia contra la infancia y la adolescencia en España confirma las sospechas. Es una lacra de enormes proporciones, que en la mayoría de ocasiones permanece oculta por la insuficiente detección precoz y sobre todo por una ley del silencio a la que contribuye tanto la edad de las víctimas como la pasividad de los entornos familiares y personales, que muchas veces albergan al agresor. Las denuncias no alcanzan el 15% de los ataques y en el caso de las mujeres no pasan del 6%. El trabajo desvela datos tan impactantes como que tres de cada diez menores aseguran haber sufrido ataques sexuales o que uno de cada cuatro relata haber padecido en persona la violencia de pareja.
La investigación del Ministerio de Juventud e Infancia se basa en una macroencuesta a 9.000 españoles de entre 18 y 30 años, a quienes se les preguntó si durante su infancia o adolescencia sufrieron algún tipo de violencia, por parte de quién y si continuó con la mayoría de edad.
Los resultados permiten concretar, además del alto volumen de violencia infantil, que las habituales víctimas de estos ataques son las chicas, los adolescentes del colectivo LGTBI y los menores de familias migrantes o que padecen algún tipo de discapacidad. También sufren esta violencia con una especial intensidad quienes dejaron de estudiar en la etapa obligatoria o en la secundaria superior.
Las violencias mayoritarias son la psicológica y la física, ambas fundamentalmente en la adolescencia. Los actos de control, intimidación o desprecio las padecen prácticamente la mitad de los menores (48%) y los principales autores son los padres. También tiene a los padres como autores mayoritarios la violencia física, que han sufrido cuatro de cada diez niños o adolescentes, especialmente los varones, y que tiene como otros agresores frecuentes a compañeros de estudios y a miembros del entorno familiar o escolar.
Lo más duro
Uno de los datos más duros es que el 29% de los menores ha sufrido alguna clase de violencia sexual, desde el acoso, las vejaciones o los tocamientos a una violación. La adolescencia es el momento crítico y las mujeres las víctimas principales (nueve puntos más). Una de las revelaciones clave del estudio es que, en el caso de las chicas, este tipo de ataques procede cuatro de cada diez veces de su propia pareja y, en el caso de ellos, son los padres (28%) los mayores agresores. Sin distinguir sexo, los otros agresores frecuentes son adultos desconocidos (el 26% de las ocasiones) y amigos de la víctimas, en el 21%. Una de cada diez víctimas ha seguido padeciendo esta violencia pasada la mayoría de edad. Solo denunciaron el 14% de los chicos y el 6% de chicas.
El novio o novia vuelven a ser protagonistas de otra de las violencias más abundantes en la adolescencia, la de pareja. La han sufrido el 25% de todos los jóvenes y casi la mitad de los que han tenido pareja, sobre todo ellas. El maltratador en dos de cada tres casos es un varón. Estos controles, vejaciones o agresiones continuaron en el 13% de los casos más allá de los 18 años. Solo hubo denuncias en el 6% de las casos. La quinta gran violencia es la digital, muy vinculada al ciberacoso y a las intromisiones ilícitas en la intimidad y la libertad sexual. La ha padecido uno de cada cuatro menores y los investigadores destacan que es especialmente preocupante porque su aumento es constante. Las parejas vuelven a ser los principales autores, el 28% de las veces, seguidos por desconocidos, tanto adultos (26%) como por menores (24%). Una de cada diez víctimas sufre esta violencia pasada la mayoría de edad.
El estudio termina con la violencia por negligencia, por la falta de cuidados, que la han padecido uno de cada cuatro chicos.
Romper el silencio
La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, llamó a todos, sociedad, familias y poderes públicos, a «romper el silencio» y actuar contra la gran cantidad de episodios de violencia que desenmascara el estudio. «La violencia contra niñas, niños y adolescentes no es un asunto privado, sino un problema estructural que interpela a toda la sociedad", aseguró, antes de subrayar que los datos del estudio «nos obligan a mirar de frente una realidad silenciada durante demasiado tiempo", porque «garantizar una vida libre de violencia a los menores no es solo un deber legal, es una responsabilidad política y social que debe traducirse en acción real». Llamó a todas las administraciones «a actuar con coherencia y determinación".