Un ‘simulador de vuelo’ neuroquirúrgico en León
El Caule acoge la segunda edición del curso de cirugía de base craneal y vascular con cabezas congeladas

La práctica de la cirugía de base craneal se realiza con cabezas de humanos fallecidos.
Cabezas humanas congeladas han sido el «simulador de vuelo» para los neurocirujanos en la segunda edición del curso de cirugía de base craneal y vascular en 3D que organizó el servicio de Neurocirugía del Caule.
Se trata de un curso único en el mundo, por los materiales que utiliza para las prácticas y por impartirse en español, en el que un total de 16 especialistas de diferentes partes del mundo han recibido tres días de intenso entrenamiento con clases teóricas, fotografías en 3D y las cabezas reales congeladas para las prácticas, traídas desde Estados Unidos.
El jefe del servicio de Neurocirugía del Caule, Javier Robla Costales, es el promotor de esta formación de alto nivel gracias al contacto con los ponentes internacionales Álvaro Campero y Matías Baldoncini, que vienen desde Argentina para impartirla. «Es un método de educación muy valioso para el neurocirujano joven porque implica que de pasar al quirófano, al humano, hace prácticas con el mejor modelo que hay que son las cabezas humanas», precisa el doctor Robla.
«La cirugía del cerebro es muy manual, es difícil traspasar a la IA pues se toman decisiones todo el tiempo»
Los neurocirujanos practican en estas cabezas los abordajes quirúrgicos para llegar a cualquier zona del cerebro ante las diferentes patologías, ya sean tumorales o no. Un total de 16 personas de España y Latinoamérica han participado en la formación.
«Operar con el microscopio tiene la particularidad de que se visualiza el cerebro de modo tridimensional», explica Matías Baldoncini, profesor de la Universidad de Buenos Aires, en Argentina, y neurocirujano en un centro privado.

El doctor Javier Robla, la enfermera Ana Álvarez y los doctores Matías Baldoncini y Esteban Quevedo.
Desde hace años registran en fotografías en 3D y vídeos quirúrgicos, material que sirve de base para las clases teóricas. Los asistentes «tienen la posibilidad de observar de modo tridimensional un abordaje quirúrgico y una cirugía determinada y después poder ponerla en práctica en su estación de trabajo con sus cabezas», aclara Baldoncini.
«Explicamos el abordaje paso a paso de modo tridimensional, le mostramos la aplicación de ese abordaje concreto para tumores ya operados de otros pacientes grabados de modo tridimensional y después inmediatamente vienen al laboratorio y lo ponen en práctica», añade.
«Se practican todos los abordajes para poder llegar a cualquier lesión que haya en el cerebro, ya sea de algún tipo tumoral o no», explica el jefe de Neurocirugía. La parte vascular es más teórica. «Se explica cómo son las lesiones vasculares del cerebro, pero la parte práctica no se puede hacer», precisa. Los abordajes más comunes a la base de cráneo son el pterional, el retro-sigmoideo o los fronto-órbito-sigomáticos.

Participantes en el curso en el laboratorio habilitado en el hospital San Antonio Abad.
También practican el fresado o drilado de determinadas estructuras de la base de cráneo, un proceso necesario para operar ciertos tumores o patología vascular que «es realmente complejo».
El experto internacional señala que es un entrenamiento similar a las «horas de vuelo» que un piloto practicaría en un simulador para formarse. «Al igual que el piloto de avión, antes de hacer un determinado vuelo, además de ir acompañado con alguien de más experiencia, tiene que tener horas de vuelo en los simuladores de vuelo, nosotros tomamos al laboratorio y a este tipo de cursos como un «simulador de vuelo» neuroquirúrgico.
La pasión por la anatomía llevó a Álvaro Campero y Matías Baldoncini a desarrollar este método de enseñanza porque «conocer la anatomía del cerebro es, como para un mecánico, conocer cada parte del motor de un auto que tiene que reparar», apostillan.

Cada puesto es como un mini-quirófano que utilizan dos personas.
«La anatomía es algo básico para nosotros y a través de una gran pasión por el estudio de la neuroanatomía, lo aplicamos a la neurocirugía», añade Baldoncini.
En esta ocasión, han utilizado ocho cabezas humanas para las 16 personas participantes, ya que en cada puesto hay dos asistentes para hacer las prácticas. Las cabezas en las que practican los abordajes quirúrgicos llegan congeladas y formolizadas procedentes de empresas que comercializan partes anatómicas de cuerpos donados para la ciencia por personas que no pueden pagarse el sepelio.
«Cada puesto es como un mini-quirófano en el que dos personas practican con una cabeza los abordajes»
En cada puesto aprenden dos personas. «Es muy parecido a un mini quirófano, realmente es un simulador. Cada cursista tiene un microscopio quirúrgico, tiene una cabeza humana, elementos de microcirugía para poder realizar las mismas maniobras que hacemos en quirófano aquí y poder simularlas y entrenarlas en una cabeza humana real», apunta. Aunque la inteligencia artificial (IA) y la robotización se están aplicando mucho en medicina, «nuestra práctica neuroquirúrgica todavía es muy manual», comenta Baldoncini. «Cuando uno hace una determinada cirugía, va tomando decisiones permanentes durante el proceso, por lo que es muy difícil automatizarlo con inteligencia artificial», sostiene.
El doctor Robla conoció esta metodología hace una década en Argentina a través de estos especialistas. Por segundo año, ha logrado, junto con el equipo de Neurocirugía del Caule y el apoyo de la dirección médica, impartir este curso que tiene un alto coste —1.800 euros por tres jornadas de formación y almuerzos— debido al alto coste del material humano para las clases prácticas. «Estamos muy contentos porque fue un éxito rotundo», señaló Baldoncini.

El microscopio es una herramienta básica para operar la base craneal.