El cine Trianón

C/ Ramón y Cajal, número 23 c/v a C/ La Torre.
En abril de 1946, Octavio Díez González pidió autorización para construir un cine en un solar de esquina de la calle Ramón y Cajal c/v a la de la Torre de acuerdo con los planos elaborados por Francisco Javier Sanz Martínez, que dirigió las obras con Rutilio Fernández Llamazares como aparejador. Javier Sanz levantó el inmueble con una estructura mixta de muros de carga perimetrales, pilares y jácenas de hormigón de gran canto para salvar las enormes luces de la sala, «llevada a cabo por una casa constructora especializada». Excavó un sótano parcial para aseos, almacenes e instalaciones de climatización. En un espacio aparentemente simétrico respecto a la bisectriz del solar, proyectó una gran Sala para 1250 espectadores —800 en el patio de butacas y 450 en el anfiteatro—, decorada con cornisas, antepechos, molduras de embocadura y rosetón central de escayola, pintada al temple (los filetes y elementos ornamentales, dorados). La iluminación: directa por lámparas de colgar tipo araña, e indirecta en la embocadura y el rosetón. Todo completado con magníficos frescos. Por la esquina, el acceso al lobby principal bajo la escalera imperial que asciende al vestíbulo del anfiteatro, con sus aseos, una oficina y la subida a la cabina de proyección. Trazó las fachadas con voluntad simétrica y ordenación tripartita. En la base, las preceptivas salidas de emergencia bajo luminarias y guardapolvos, junto a «carteleras» y taquillas que escoltan una portada en curva estructurada por fajas lisas y paños de piedra protegidos por finísima marquesina de hormigón continuando una imposta que da paso al cuerpo noble. En los laterales, revoco pétreo enriquecido por lienzos de ladrillo con óculos y bellas hornacinas bajo delicados frontones sobre ménsulas que flanquean una esquina en rotonda horadada por espléndidas vidrieras para iluminar escaleras y vestíbulos bajo un balcón curvo abalaustrado. Y en lo más alto, un friso de vanos cuadrados entre cornisas suplementado por el peto ciego y la balaustrada que oculta los faldones de la cubierta... Sin duda, Javier Sanz combinó con maestría, el ladrillo, el revoco y la piedra artificial en delicados elementos decorativos: impostas, cornisas, molduras y demás detalles ornamentales… Todo muy académico y monumental, perfectamente acorde al espíritu de la época… Hoy, aquel legendario y añorado cine, está ocupado por un gimnasio…

C/ Ramón y Cajal, número 23 c/v a C/ La Torre.