ENTREVISTA
Javier Giráldez: «Los alimentos se usan como activos financieros y políticos»
Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Ganadería de Montaña, Javier Giráldez aborda los aspectos más controvertidos de la producción y el consumo de carne, la huella ecológica, la competencia por las tierras y el hambre en el mundo. El profesor de investigación del CSIC participó este miércoles en las jornadas organizadas por la Fundación Carolina en la Universidad de León
Javier Giráldez, ayer antes de la conferencia.
Javier Giráldez abordó este miércoles la ‘Producción y consumo de carne y huella ecológica: enseñando a dudar de lo enseñado’ dentro de las jornadas organizadas en la Facultad de Biología de la ULE por la Fundación Carolina.
-¿Estamos bien informados sobre lo que comemos?
-Tenemos un acceso fácil a la información, pero hay varios problemas. La gestión de la información desde la ciencia a la sociedad no siempre es la adecuada. Los avances científicos deben interpretarse con mucha precaución y eso no siempre se hace. Se leen las conclusiones y nunca se lee la metodología que se ha utilizado para obtener esos resultados y los resultados científicos están muy limitados por la metodología y, por tanto, a veces se transmite de forma incorrecta. También hay intereses claros. Cuando la OMS publicó la información de la carne roja y la carne procesada, en ningún momento dijo que era carcinógena, sino que probablemente lo era, pero que no había elementos suficientes para calificarla como carcinógenas. Se vio que había riesgos relativos. Sin embargo, Pacma publicó un tuiter en el que aseguraba que, según la OMS, era tan cancerígena como el amianto y el tabaco. Es una barbaridad. A raíz de eso hubo muchas noticias en toda la prensa diciendo que la carne de cerdo es carne blanca, y no es cierto, la OMS considera la carne de cerdo como carne roja.
-¿Cómo podemos los consumidores saber a qué atenernos?
-Carecemos de pensamiento crítico. Creo que padecemos lo que se llama la búsqueda y la percepción selectiva, buscamos aquella información que nos reafirma en nuestras creencias y memorizamos más aquellos datos que son coherentes con nuestras creencias. Si no tenemos pensamiento crítico seremos como marionetas, nos pueden manipular, y lo que es peor, seremos marionetas de nuestras propias creencias. Si no estamos dispuestos a escuchar los argumentos ajenos y cambiar de criterio si es necesario, como sociedad estamos perdidos. En el ámbito social parece que nos atrincheramos en fronteras ideológicas y no debatimos. La ciencia no es dogmática, pero nosotros a veces si somos dogmáticos y la sociedad también lo es. Esto hay que romperlo. En ciencia, los argumentos se debaten con mejores argumentos científicos, pero nunca con calificativos.
-En estas mismas jornadas, el catedrático de Biotecnología de la Universidad Pública de Valencia, José Manuel Mulet, dijo que la agricultura extensiva tiene más impacto ecológico. ¿Está de acuerdo?
-Es una simplificación. Es cierto cuando no se tiene en cuenta la capacidad de secuestro del CO2 por las raíces y el suelo de los pastos, pero falso cuando se contabiliza este efecto. Depende de la metodología que utilices puedes llegar a la conclusión de que los sistemas extensivos eliminan más gases de efecto invernadero por kilo, o menos, depende de la metodología. Las dos verdades son ciertas.
-¿Cómo conseguir que los resultados que llegan al consumidor sean los fiables?
-No sé si la culpa es de la comunicación de la ciencia o la velocidad con la que se transmite la información. En el caso de los gases de efecto invernadero, según se interpreten los resultados las conclusiones son diferentes. Depende de la metodología los resultados son diferentes. La ganadería extensiva contamina, como la intensiva, y depende de muchos factores a la hora de evaluarlos. Con respecto a los gases de efecto invernadero, que es lo que más está en boga, puede emitir más o menos según la metodología y de los sistemas extensivos, porque si están bien gestionados emiten menos. No obstante, la contribución de la ganadería al incremento del forzamiento radiativo, que es la causa del incremento de la temperatura atmosférica, es mínimo.
-¿Cuál es la actitud que debemos tomar para elegir qué carne comer?
-Desde mi perspectiva, consumir todo tipo de carne. Las hay que tienen más huella de carbono y otras menos, pero hay más factores, como la competencia por el suelo, la competencia por los alimentos, la huella híbrida... tenemos que consumir de todo.
-¿Hay suficientes alimentos para toda la población de planeta?
- Cuando se habla del hambre en el mundo se pone como referencia a que se utilizan muchos alimentos para alimentar el ganado y eso es mentira. El hambre en el mundo tiene varias causas, pero la competencia con el ganado, en la actualidad, no es una de ellas. La gente confunde tierras agrícolas con tierras cultivables. Hay tierras agrícolas que no pueden ser utilizadas para el cultivo, por orografía o por condiciones del suelo. Si tienen recursos pastables son aprovechables por el ganado y si no es así se perderían. No es cierto que haya competencia por las tierras entre el hombre y el ganado. Tampoco hay competencia por los alimentos. El hambre en el mundo tiene que ver con que parte de los alimentos que se producen no se utilizan para la alimentación humana, sino para producir bioetanol y biodiesel. Desperdiciamos mucha comida.
-¿Cuánta comida se desperdicia?
-Alrededor de un 40% de comida, no de productos agroindustriales, se pierde en el mundo, casi mil millones de toneladas de alimentos que se tiran anualmente. En España se desperdicia entre la producción, la distribución y el consumo más de 5.000 millones de kilos. Se estima que hay una población de seis millones de personas en España en situación de vulnerabilidad. Por cada persona vulnerable habría 890 kilos de alimentos disponibles al año.
-¿Se gestiona mal?
-Claro. Las causas del hambre es que se destinan alimentos para otros fines que no son la alimentación, y no hablo del ganado, existe un desequilibrio de distribución. A nivel mundial hay 700 millones de personas desnutridas, pero hay 2.000 millones con sobrepeso u obesidad, que subirá a 4.000 millones en el año 2040. Un tercer factor es que los alimentos se utilizan como activos financieros y políticos. Las sociedades cotizan en bolsa a corto y largo plazo y como activo político basta ver lo que pasa en Gaza, con el hambre como arma de guerra. El problema de hambre es la pobreza. Hay alimentos de sobra, pero la gente no tiene dinero para comprarlos. Echar la culpa al ganado es desviar por completo el tiro y utilizados por sectores contrarios a la producción ganadera por una cuestión ética o para potenciar otro tipo de consumos. La ganadería es muy importante para mitigar los efectos del cambio climático y lo demuestro con datos.
-¿Cómo ve el futuro?
-Soy pesimista. La sociedad se está polarizando. Podemos llegar a una producción sostenible, pero lo primero es no desperdiciar la comida.