Diario de León

Los chicos del Seminario de León que leían a poetas prohibidos

Medio centenar de exseminaristas de la promoción de 1966 celebraron los 59 años de su entrada en la institución para ser sacerdotes

Un puñado de los casi 50 seminaristas que se reunieron en el 59 aniversario de su promoción en León frente a la Catedral.

Un puñado de los casi 50 seminaristas que se reunieron en el 59 aniversario de su promoción en León frente a la Catedral.virginia morán

Ana Gaitero
León

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Miles de chicos pasaron por el seminario menor San Isidoro de León entre 1950 y 2009. Cincuenta y nueve años en los que chavales de toda la geografía leonesa y de otras provincias aledañas vivieron sus años de adolescencia entre los pasillos del gran edificio ahora casi vacío, las aulas y las habitaciones corridas.

Y 59 años son los que ha cumplido la promoción de 1966, unos 120 chavales que, entre los diez y los catorce años, eran enviados por sus familias con más intención de que estudiaran que de que se hicieran curas. De hecho, de aquella promoción «solo salió uno», pero llegó lejos y ha dejado el listón muy alto. «Es nuestro obispo de Córdoba, Jesús Fernández», apunta Ignacio Alonso, de Matanza.

«Yo estoy muy agradecido al seminario porque era el único sitio donde podían estudiar los hijos de los pobres», afirma Valerio Arias, de Alcoba de la Ribera. «Entré con casi 15 años y salí a los 21 porque me interesaba terminar el bachillerato, pero mientras estuve allí también viví la parte religiosa». 

Los chicos llevaban el colchón de lana, las sábanas y un baúl para guardar la ropa, que algunos aún conservan. El seminario funcionaba como un reloj, en régimen casi militar. Desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche todo estaba pautado y el estudio siempre vigilado. «No te podías dormir encima de la mesa», apostilla.

Un puñado de aquellos niños seminaristas, junto a su profesor Benjamín, se dan cita desde hace veinticinco años en León. Valerio Arias es el muñidor de este encuentro anual. Este año, además de las bodas de plata de la confraternidad de exseminaristas, rindieron un homenaje a otro de sus profesores más queridos.

Seminaristas de la promoción de 1966.

Seminaristas de la promoción de 1966.Cedida por Valerio Arias

Miguel Díez, el 'viejo profesor' de los seminaristas de León.

Miguel Díez, el 'viejo profesor' de los seminaristas de León.DL

Micha, como le llamaban los chicos, está en la cuesta de la ochentena y su recuerdo se avivó este año al verle uno de los exseminaristas en la entrega del premio Cervantes a Luis Mateo Díez. No estaba allí por casualidad. Miguel Díez, uno de sus hermanos, acompañaba a escritor leonés en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares el pasado 23 de abril.

A Ignacio Alonso le vino enseguida a la memoria de aquel profesor que llegaba a clase con su jersey negro y una carpeta de cuero, pasaba lista y luego leía un poema o invitaba a leerlo a alguno de sus alumnos. «Pero lo asombroso, lo inaudito, lo extraordinario es que era poesía de Miguel Hernádez, de García Lorca, de Antonio Machado. Poetas que, como bien se sabe, estaban prohibidos por el Régimen», subraya Alonso.

El equipo de fútbol de la promoción del.66.

El equipo de fútbol de la promoción del.66.Cedida por Valerio Arias

Miguel Díez fue el «culpable» de que en el Seminario Menor de León aquellos aprendices de cura conocieran a Miguel Hernández, Federico García Lorca o Antonio Machado «cuando estaban prohibidos en los institutos». Cómo fue capaz de saltarse aquella prohibición es una pregunta sobrevuela aún en su cabeza.

En la reunión de 2025, los exalumnos del Seminario Menor le dieron una sorpresa a su profesor de Literatura a D. Miguel Díez, mediante una videollamada, para mostrarle su gratitud. El viejo profesor, como le gusta que le reconozcan a don Miguel, se emocionó. Ahora les lee poemas en el grupo que han creado en una red social y los emocionados son los antiguos alumnos que aún recitan de memoria versos del Romance de la luna, luna...

Los exseminaristas y su profesor tienen la vista puesta en el 60 aniversario de la promoción. Y la memoria se refresca con la ilusión del encuentro. Las experiencias vividas en el Seminario en la década de los sesenta y setenta son múltiples. «Desde jugar cinco partidos de fútbol al mismo tiempo y en el mismo campo de fútbol, hasta tener que llegar hasta la Copona, de paseo, para quemar energía», señala Ignacio Alonso, que acabó convertido en maestro tras siete años en el seminario.

El hilo invisible que les une 59 años después está en la camaradería de entonces.

El hilo invisible que les une 59 años después está en la camaradería de entonces.Cedida por Valerio Arias

Famosa era «la Canoa de Genaro» que hacía de taxi y autobús para hacer el viaje de Leon al Seminario y viceversa. También se comenta en estas reuniones el sistema de comunicación con las familias a través de las bolsas de ropa. «Cada quince días llegaba y salía a cada uno de los pueblos, a través los autobuses. Ropa sucia para casa y ropa limpia para el Seminario. Y en el medio un escrito de la familia. Y un poco de «cebe». Algún choricillo o salchichón, o chocolate o jamón". Cualquier vianda era bienvenida, sentencia Alonso.

El fútbol era entretenimiento,deporte y compañerismo.

El fútbol era entretenimiento,deporte y compañerismo.Cedida por Valerio Arias

Otra foto del equipo de fútbol en otro curso

Otra foto del equipo de fútbol en otro cursoCedida por Valerio Arias

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