Los 101 años de Antonina en Rabanal de Fenar

Antonina, coronada en su centenario.
Antonina Morán Valle, de Rabanal de Fenar (La Robla), cumple 101 años. La segunda de cuatro hermanos, e hija de Andrés e Isabel, su infancia transcurrió en una época en la que la escuela era un lujo, pero ella tuvo un maestro privilegiado: su abuelo Manuel, que le enseñó a leer, escribir y manejar las cuentas con la paciencia de quien sabe que esos conocimientos le servirían para toda la vida. A los ocho años dejó atrás la niñez para marchar a servir a La Robla, a casa del Tío Toriello. Después vendrían Olleros y Palazuelo de Torío, destinos distintos unidos por el mismo trabajo temprano que marcaba a tantas niñas de su generación.
A los 32 años se casó con Victorino Liberato. Juntos formaron una familia breve en número, pero intensa en afecto. Tuvieron dos hijos: una niña que murió al nacer y un niño, Juan Andrés, que sería el pilar de su vida adulta.
Con el paso de los años llegaron también dos nietos, Víctor y Nerea, y un bisnieto, Izan, pequeño heredero de una larga historia familiar. La vida de Antonina fue la vida del campo: una sucesión de labores tan cotidianas como imprescindibles. Lavó en el río, trilló bajo el sol, aró la tierra y coció pan en el horno casero, ese pan con un aroma de antes que ya pocos saben hacer.
Con 101 años de historia a la espalda, continúa viviendo en su casa de Rabanal, arropada por los cuidados de su hijo Juan Andrés. Entre recuerdos y fotografías, se mantiene como un testimonio vivo de otra época con el temple y la lucidez de quienes han atravesado el tiempo sin perder la raíz.