Diario de León

León excarcela cada año a un preso por enfermedad grave

Instituciones Penintenciarias carece de un plan para la atención al final de la vida en sus centros

Ana Gaitero
León

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Sufrir una enfermedad terminal es una de las causas de excarcelación de personas que cumplen condena en las prisiones españolas. En León este hecho se produce de manera aislada y se estima que no sobrepasa un caso al año.

El artículo 104.4 del Reglamento Penitenciario, junto con el 196, establece esta posibilidad para personas que padecen una enfermedad grave con un previsible riesgo de fallecimiento de un año o menos y no tienen riesgo de reincidencia, por razones humanitarias.

El pasado mes de septiembre se produjo uno de estos casos en el centro penitenciario de Mansilla de las Mulas. El interno se había negado reiteradamente a salir de prisión y tampoco quería estar hospitalizado. El centro penitenciario se veía en la tesitura de no poder atender sus necesidades porque no existe una estructura sanitaria adecuada para atender a pacientes terminales.

La sanidad penitenciaria tiene recursos de Atención Primaria, pero, salvo los centros carcelarios psiquiátricos, la Atención Especializada se presta en los hospitales de referencia de los centros. En León se realizan una media de 6 consultas diarias en el Caule de internos. Además, el hospital leonés cuenta con 5 camas en tres habitaciones como unidades custodia hospitalaria.

Cuando el interno accedió ser trasladado a un centro de acogida en Madrid ya era tarde, aunque nadie lo sabía. Falleció a las pocas horas de su llegada a este dispositivo de apoyo que las prisiones deben proporcionar cuando no existe una red familiar que asuma estos cuidados.

«No hay un programa específico de intervención porque a una persona con una enfermedad incurable se le aplica el artículo 104.4 y el 196 del reglamento penitenciario» con los informes médicos pertinentes, explican desde la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.

La realidad, a veces, se escapa a la letra de las normas. El procedimiento de excarcelación por enfermedad terminal grave «es muy ágil», una vez que se cuenta con un informe médico previo del hospital de referencia, apunta el equipo directivo del Centro Penitenciario de León. «Ante una enfermedad grave, priman los criterios médicos, pero lo fundamental es buscar una acogida digna que proporcione los cuidados paliativos», añaden. Desde el punto de vista penitenciario se valora que no haya riesgo de reincidencia elevado en estos supuestos y lo comunica a la Secretaría General. Finalmente, un médico forense realiza la valoración para el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria.

Una vez cumplidos los requisitos médicos, la Junta de Tratamiento tiene que valorar las condiciones sociales; si existe o no posibilidad de acogimiento familiar. En caso afirmativo, se pone en marcha la libertad condicional, que será supervisada por especialistas del centro penitenciario que realizan esta labor.

Cuando no existe posibilidad de acogimiento familiar hay que buscar un recurso externo que «se procura que sea en el lugar de origen de la persona». Cuando esto no es posible, se busca otro recurso a través de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias.

Los factores de exclusión de esta normativa penitenciaria son básicamente tres: riesgo de reincidencia, condenados por delitos sexuales reincidentes o personas que se niegan a que se busquen otros recursos. Las residencias de mayores suelen ser uno de los recursos habituales para estos casos, pero a veces no existen plazas disponibles.

Fue lo que sucedió con el penado excarcelado en septiembre. El hombre rechazó durante tiempo ser excarcelado a un recurso externo y cuando dio su autorización solo se encontró plaza en un centro de Madrid. «Hay personas a las que les cuesta salir de aquí porque, al final, somos su familia y el mundo es muy hostil para ellos», explican las responsables del centro en León. Sin embargo, carecen de recursos para atender a pacientes terminales. En Mansilla de las Mulas hay ocho camas en enfermería y carece de servicio de farmacia propio. Según el informe general de 2024, hay en trámite, desde 2019, la creación de un depósito de medicamentos.

La edad no es un factor de excarcelación. La media de edad de la población de las prisiones ha aumentado en los últimos años de forma paralela a cómo sucede en la sociedad. «Hay personas de hasta 95 años», señalan en el centro penitenciario de León. Las condenas por delitos de violencia de género inciden en este aumento de la media de edad en las cárceles.

Al margen de los internos cuya esperanza de vida es menor a un año por causas médicas, la mortalidad en las prisiones es una realidad muy peculiar. En 2024 se registraron 148 muertes (141 hombres y 7 mujeres) en las prisiones frente a 169 en 203 en España. La edad media de las personas fallecidas fue de 50,87 años. Otras 34 personas murieron en situación de permiso o asimilables, según la estadística de la Subdirección General de Sanidad Penitenciaria.

En 2023 —últimos datos publicados— un total de 97 fallecimientos fueron por causas naturales, mientras que 62 fueron violentas. El suicidio es la causa principal de muerte violenta (32), seguida de las drogas (24), accidentes (4) y agresiones (2). Otras diez muertes fueron por causa indeterminada.

El tercer grado con libertad condicional se ofrece a internos con expectativa vital menor a un año y sin riesgo de reincidenciaLas prisiones carecen de cuidados al final de la vida para pacientes terminales y se facilita la salida con la familia o a recursos externos

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