El Cristo rojo de Bembibre, un cura republicano y un palacio
Juan García Morales convirtió el episodio más mediático de la revolución del 34 en León en un best-seller de la época y un diplomático británico halló la foto de Estampa con la cartela del indulto de los mineros en el palacio de Ambel

El palacio de Ambel, donde apareció la foto del Cristo rojo
El Cristo Rojo de Bembibre fue un icono de la revolución de 1934 en León y un cura republicano lo convirtió en best-seller de la época que se vendía a 3 pesetas. El mito se propagó por todo el país, hasta el punto de que hace unos años, la fotografía publicada por la revista Estampa del Sagrado Corazón con la cartela «Cristo rojo, a ti te respetamos por ser de los nuestros», sorprendió a un diplomático británico en el palacio de Ambel, en la comarca Campo de Borja de Aragón.
Los mineros y obreros de diversos sectores, capitaneados por la CNT, se habían anticipado casi un año a la revuelta de 1934 en demanda de mejores salarios y condiciones laborales. En diciembre de 1933, protagonizaron una insólita, que partió el día 11 de Fabero, y se extendió por las cuencas y otras zonas de la provincia con industria, como Veguellina y Valderas. En pocos días fue sofocada por el Ejército, con la intervención del Regimiento de Burgos. Hubo más de 600 detenidos que atestaron las cárceles de la provincia.
La revolución de 1934 fue promovida por la UGT y el PSOE y contó con el apoyo de la CNT en Asturias, por lo que tuvo más éxito allí y ha quedado ligada a esta región. En León, el domingo 7 de octubre de 1934, a partir de las dos de la tarde, «dos mil» mineros llegados de la cuenca del Sil, de Toreno, de Matarrosa, de Páramo y Villablino «bajaron como un alud de sus altas montañas y se apoderaron de Bembibre». Esta jornada revolucionaria ha pasado a la historia local como el día que los mineros indultaron al Cristo rojo. Los mineros entraron en domicilios particulares, volaron las vías del ferrocarril y se dirigieron a la iglesia parroquial, de la que sacaron imágenes, ornamentos y archivos, quemándolos en la plaza.
Después incendiaron el templo que quedó parcialmente destruido. «Proclamaron la República socialista en el Ayuntamiento, rociaron la iglesia (s.XII) con gasolina y le prendieron fuego», relata el cronista de la revista Estampa el 20 de octubre de 1934. Antes habían sacado la imagen de un Sagrado Corazón que dejaron en medio de la plaza con un letrero que decía: «Cristo rojo, a ti te respetamos por ser de los nuestros».
La imagen del Cristo rojo se fijó en la retina del país. Y la famosa cartela ha pasado a la historia como obra de los mineros, aunque la perfecta caligrafía hace sospechar de esta autoría «idealizada». El cartel fue reproducido en otros periódicos con diferentes versiones.
En La Democracia, periódico que editaba Miguel Castaño, el primer alcalde socialista de León, se publicó una curiosa reseña. Bajo el título «El Cristo Rojo» y en la sección Glosas empezaba la crónica con un texto en negrita: «En Bembibre (León) sacaron de la iglesia para que no se quemase, la imagen de un Cristo y le pusieron este letrero: «Cristo rojo, a ti no te hacemos daño porque eres de los nuestros».
Sorprendido quedó Mr. Nicholas Watson cuando, tras comprar el castillo-palacio de Ambel hace unos años, en esta localidad aragonesa, se encontró con una reproducción de la foto del famoso Sagrado Corazón con la cartela del Cristo rojo que publicó la revista Estampa en su número 353.
Al diplomático y ejecutivo británico le llamó la atención «el cuidado con el que los antiguos propietarios la habían conservado», pidió al Centro de Estudios Borjanos. Institución Fernando El Católico depositarla en su archivo y también quiso conocer su significado.
La versión que se aceptó y sigue vigente es que los revolucionarios habían decidido «indultarlo», llevándolo a las barricadas «por ser de los nuestros», basándose en el manto rojo de la imagen, es cuestionada. «Hay aspectos que llaman la atención como la esmerada caligrafía del cartel que no parece corresponder a la precipitación con la que tuvo que ser escrito por los revolucionarios (alguno de los cuales tendría que haber sido lo suficientemente ilustrado para trazar unas letras tan perfectas)», señala el Centro de Estudios Borjanos, que preside Manuel García Rivas.
Juan García Morales, seudónimo de un presbítero que escribe desde Madrid, fue uno de los que contribuyó a forjar el mito del Cristo rojo de Bembibre. El 24 de octubre de 1934, cuatro días después del reportaje de Estampa, este colaborador habitual del Heraldo de Madrid, conocido como el cura rojo del Heraldo, escribe en La Democracia: «¿Será acaso Cristo partidario de los revolucionarios? No hay que pensarlo siquiera». El cronista juega al despiste.
A continuación, describe el escenario como si hubiera sido testigo directo de los acontecimientos: «Caminábamos en la noche espantosa sobre escombros y ruinas. Las balas habían producido en los edificios igual destrozo que el que los alemanes causaron en Bélgica. Ibamos en busca de los moribundos para ayudarles a bien morir y administrarles los últimos sacamentos... La iglesia de Bembibre ardía por los cuatro costados. En un altozano se hallaba la imagen del Sagrado Corazón iluminado por las llamas del voraz incendio».
A continuación reproduce un supuesto diálogo con el Cristo en el que este se pone de parte de los mineros. «Tú eres de los míos, hijo mio. Atiéndeles a todos, socórrelos a todos sean de las ideas que fueren. ¿Qué saben ellos lo que hacen? Los otros, los que se llaman amigos mios, son los culpables de todo. Les mandé evangelizar y no evangelizaron: les mandé estar al lado del humilde y se fueron junto al rico...Tuvieron tiempo durante veinte siglos de haber adoctrinado al pueblo, de haber inculcado en su corazón mis enseñanzas y no lo hicieron. No es el pueblo el culpable...Son ellos los que a cada instante y en cada momento se llaman mis amigos», prosigue.
El interlocutor trata de disuadir al Cristo: «Yo creo, Señor, que estos hombres que incendian los templos consagrados a Vos y a vuestra santísima Madre son unos salvajes, unos bárbaros... Gentes sin corazón ni sentimientos cristianos. No te quieren a ti Señor, ni a la Virgen María».
Pero Él insiste: «A mí, sí; a mi Madre también. A quien no quieren es a ellos por intransigentes, egoístas, amigos de su propio parecer, que en vez de atraerse a los hombres con caridad y dulzura, como les tengo dicho, quieren hacerlo a la fuerza con el estrépito de las armas, cuando yo no he venido al Mundo a predícar la guerra, sino la paz universal entre todos los hombres».
El artículo concluye: «Las llamas del incendio son como cirios que van poco a poco apagándose. A esta luz mortecina escuchamos el habla secreta del Cristo Rojo de Bembibre».
¿Estuvo realmente Juan G. Morales en Bembibre? Más bien parece que se trata de una recreación de los acontecimientos que conoció a través de la prensa. El cura republicano, que fue un fiel colaborador de la República y se exilió a Francia como maestro de los niños y niñas de la guerra, era el almeriense Hugo Moreno López (1883-1946), un cura influenciado por la encíclica Rerum Novarum de León XII, que se situó en las filas del catolicismo social y combatió las injusticias hasta su muerte en Francia, tras sobrevivir al campo de concentración nazi de Gurs.
Morales escribió, entre otras obras, una titulada El Cristo Rojo, que se publicitaba como «libro interesantísimo» al precio de 3 pesetas (3,60 contra reembolso) y se vendía en librerías y en la editorial Castro S. A. de Carabanchel.
«García Morales fue uno de esos sacerdotes que entendieron la religión católica como la expresión pura de una democracia, y se arrojaron a defender los principios de la libertad y la democracia…», apunta Antonio César Moreno Cantano en su biografía. «Es el triunfo del puñado de sacerdotes que, con García Morales, se adelantaron, por creerlo un deber, a ser apóstoles de una buena nueva… Descanse en paz el viejo luchador de la democracia cristiana», remata su recuerdo. Sus obras, entre ellas El Cristo Rojo, llegaron a vender más de 400.000 ejemplares.