El 'trasgu': el dueño del caos que une a León y a Asturias
Su rasgo más distintivo y legendario es el agujero que presenta en la palma de su mano izquierda, un detalle que marca tanto su personalidad como su destino

Trasgu de Amancio en la ruta de Geras a Paradilla, AMANCIO
El trasgu representa uno de los pilares más del folclore del noroeste peninsular, consolidándose como una figura central en la identidad cultural de León y Asturias. Este pequeño duende doméstico tiene sus raíces en los antiguos cultos a los genios del hogar de la época romana, evolucionando a lo largo de los siglos hasta convertirse en el habitante invisible más famoso de las casas de montaña. Su origen no entiende de fronteras modernas, uniendo las tradiciones de las brañas leonesas con los valles asturianos en una mitología compartida que sobrevive al paso del tiempo.
Físicamente, el trasgu es inconfundible gracias a su apariencia menuda, su indumentaria roja y su característica cojera en la pierna derecha. Sin embargo, su rasgo más distintivo y legendario es el agujero que presenta en la palma de su mano izquierda, un detalle que marca tanto su personalidad como su destino. Se trata de un personaje hiperactivo y sumamente orgulloso que no soporta que se le crea incapaz de realizar una tarea, aunque su verdadera pasión sea sembrar el caos nocturno moviendo muebles, escondiendo utensilios de cocina o asustando al ganado por pura diversión.
La tradición oral leonesa ha preservado métodos ingeniosos para lidiar con este invitado no deseado cuando sus travesuras se vuelven insoportables. El truco más extendido entre los paisanos consiste en retar su orgullo pidiéndole que recoja granos de mijo o linaza del suelo; ante la imposibilidad física de mantener las semillas debido al orificio de su mano, el trasgu terminando abandonando la casa sumido por la vergüenza. En comarcas como El Bierzo o la Maragatería, estas historias siguen siendo un recordatorio vivo de una época en la que la frontera entre lo cotidiano y lo mágico era casi inexistente.