Diario de León

Antonio Turiel, científico del CSIC: «La biomasa es una amenaza para los bosques de León»

El leonés Antonio Turiel Martínez vuelve a casa por Navidad invitado por la Coordinadora de Defensa del Territorio y Arba. El viernes 2 de enero (19.00 h.), en el salón de actos del Ayuntamiento de León (Alfonso V), aborda 'La transición energética sus peligros: de la renovable eléctrica industrial al biogás y la biomasa'. El petróleo se acaba y la disyuntiva es «decrecimiento o ecofascismo».

Antonio Turiel Martínez durante su última conferencia en León, en la ULE.

Antonio Turiel Martínez durante su última conferencia en León, en la ULE.virginia morán

Ana Gaitero
León

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—¿Cuáles serán las claves de 2026 en la transición energética?

—Por una parte, vamos a ver la quiebra de un montón de promotores de proyectos renovables. Ha llegado hasta donde podía llegar y además se acaban los fondos Next Generation lo que unido a que hay un problema de saturación (a final del 2024 en España había 132 gigavatios de potencia instalada para un consumo medio de 26,5) hace imposible rentabilizar las plantas. Tendríamos suficiente con 80 GW. Este modelo codicioso dio lugar al apagón y ahora se está quemando más gas natural para garantizar la estabilidad de la red. Es poco, pero ese 10% ya no lo tienen las renovables.

—¿La red está colapsada?

—Que la red está colapsada es mentira y que hay que actualizar la red no es del todo cierto. Hay que poner sistemas de estabilización. Es lo que se tenía que haber hecho en el primer momento. Algunos esfuerzos de la parte eléctrica van a ir por ahí. Se harán unos pequeños cambios, como repotenciaciones en parques eólicos. Quitarán molinos viejos y pondrán menos nuevos, pero más grandes porque son más eficientes. Habrá hibridación, parques con baterías, pero con poco recorrido porque las baterías son caras. Por último están los parques de baterías, para los que ya hay algún proyecto en León, para estabilizar la red. Pero esto es caro y peligroso.

—¿Es una transición energética fallida?

—Se mantendrá la retórica de que la transición tira para adelante, pero lo cierto es que el consumo eléctrico en España muestra una tendencia hacia la baja desde el año 2008 y se aleja de la previsiòn que hace el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. No se está cumpliendo y ya están diciendo que hay que esperar con los coches eléctricos. La milonga que ha dominado todos estos años, en 2026 entra claramente en una fase de parón y de declive. El capital se está retirando de esto, no en España, a nivel internacional. Esta transición no funciona, aunque este año ha aumentado un poquito el consumo de electricidad. Tú no tienes un coche eléctrico, me imagino, ni que funcione con hidrógeno, estas cosas que se han ido diciendo todos estos años. Los problemas graves empiezan ahora.

—¿Qué es lo que viene después de este fracaso?

—Lo que va a empezar a dominar la escena y está cogiendo fuerza en España es el biogás y la biomasa, todo ello promovido por Europa. De biogás, hay varios proyectos en León además del de Vidanes, pero no va a ser León la zona donde se instalarán más. Habrá más en Castilla y en Castilla La Mancha. En León lo más chungo es la biomasa. Los incendios han creado una situación de shock y esto es miel sobre hojuelas para la biomasa. La biomasa parece tener un poco de sentido porque es regulable. El objetivo no es quemar podas, ni rastrojos. Son los bosques. Dicen que ponen centrales de calor, como la Puente Castro, para León, o las de Zamora, Salamanca y Valladolid. Todo es mentira.

—¿Cuál es la finalidad de la biomasa?

—El objetivo último es convertir en leña los bosques y transformarla en combustibles líquidos mediante el proceso Fischer-Tropsch, un sistema que puso en marcha Alemania al final de la II Guerra Mundial, mejorado para producir, por ejemplo, metanol. La idea es producir combustibles sustitutos porque empieza a haber un problema de falta de petróleo y diésel. Como empieza a faltar, quieren producir combustibles a partir de madera. En León ya tenemos 5 plantas logísticas de biomasa y hay una prevista de producción de lo que llaman combustibles sostenibles para aviación, aparte de madera. Al complejo de Vidanes le quieren poner una planta de producción de biometanol o e-metanol. Esto avanza con fuerza y los incendios lo favorecen. Vamos por aquí. Alemania está en retroceso y hay que conseguir energía como sea y Europa ya anda un poco apuradilla. Pero nadie está haciendo una crítica desde el punto de vista del rendimiento energético, ni técnico. Toda esta esta estrategia del biogás y la biomasa viene de Europa y con fondos europeos y España siempre cumple.

—¿Por qué dice que son una mentira las redes de calor?

—Esto es como una calefacción central, pero en vez de ser para una casa, es para todo un barrio. ¿Cuál es el problema de la calefacción central? Que el calor se escapa por las tuberías. En una calefacción de distrito pierde muchísimo calor por los tubos que van por la calle. Los sistemas de calor de distrito se utilizan cuando tienes una industria que genera residualmente calor. Una cementera, una feria... si no estás lejos puedes aprovechar ese calor. Quemar madera para generar calor para transportarlo por unos tubos en medio de la calle para que llegue a las casas es una estupidez.

—¿León sigue siendo zona de sacrificio?

—En León tenemos agua, que es ingrediente necesario, y tenemos bosque y la biomasa es una amenaza. En la provincia hemos tenido un shock importante este verano y a raíz de este shock ya tenemos a todos estos buitres oportunistas preparados para aprovecharse.

—Dicen que usted no acaba de acertar con la fecha del apocalipsis.

—Nunca he dicho que vaya a haber un apocalipsis, estamos en un proceso. En mi blog tengo un post de 2013 que se llama 'Apocalipsis no'. La vida de los humanos va bastante más rápida que los procesos históricos. No va a pasar el año que viene de repente todo. Hablamos para que no pase. Pero resulta muy fácil decir «ah, es que es un catastrofista». Incluso en situaciones de colapso de una sociedad la gente se casa, tiene hijos y es feliz. Desde el punto de vista técnico es fácil la solución. Realmente no necesitamos consumir tanta energía, realmente tenemos metodologías para poder hacer todo lo que necesitamos para tener un nivel de vida muy parecido al actual, consumiendo mucho menos. Ese es el discurso que realmente hago yo.

—Lleva «predicando» desde hace 15 años, ¿han calado sus propuestas en la gente y en las políticas públicas?

—Hay más gente concienciada pero seguimos siendo minoría y las políticas públicas han sido muy veletas y sin ir al fondo de los problemas. Ahora me señalarán porque «me opongo» a las cosas que son verdes y sostenibles, como cuando los macroproyectos renovables. Cuando los empiecen a abandonar nadie va a pedir perdón y reconocer que ha sido una mala asignación de recursos. Algunos proyectos seguirán adelante por pura inercia, seguirán dando coletazos durante un par de años. Es el último coletazo porque no hay muchas más opciones. Es el demoronamiento de un modelo fuertemente extractivista. Si no somos capace de entender en este momento que hay que hacer estos cambios, lo que va a venir después va a ser peor. Va a ser más pobreza, más autoritarismo y en general más malestar y peores condiciones de vida. Y se podría evitar. Muchas veces me encuentro técnicos que me dicen que tengo razón, pero no se pronuncian. Hay miedo.

—Comunidades energéticas como la de Lillo del Bierzo, ¿son una opción acertada?

—Son útiles y ayudan aunque no van a suplirlo todo. La electricidad es muy difícil de almacenar porque es movimiento y meter en una caja movimiento es complicado. Las baterías llevan sustancias peligrosas como el litio. La comunidad energética permite que la energía se aproveche, por ejemplo, por el comercio, talleres y oficinas en horas punta de sol y máxima producción, cuando la gente no está en casa. Son útiles y ayudan.

—¿Y las placas fotovoltaicas y geotermia particulares?

—Muchas veces las ofertas son metirosas. Si hablan de baterías virtuales y cosas así hay que huir como de la peste. Les vendes la electricidad cuando más produces, al mediodía, cuando todo el mundo produce, y el precio es muy bajo. Te lo compensan por la noche, cuando el precio de la electricidad está caro y tú vuelves a casa para cocinar y poner la lavadora.

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