La saga de Policarpo Herrero retorna a Villafranca del Bierzo
«Vinimos a rescatar a mi bisabuelo Policarpo y Policarpo nos atrapó en Villafranca", afirman Ignacio Ferrari Herrero y Paloma de Villota

Ignacio Ferrari Herrero, con el retrato de su bisabuelo Policarpo en la biblioteca del palacio de Cangas y Torquemada.
Pasaron la Nochevieja en el hotel Temple de Ponferrada y al día siguiente se dirigieron a Villafranca del Bierzo. Un matrimonio y una adolescente que habían salido de Madrid con el objetivo de rescatar la estatua de Policarpo Herrero, fundador del Banco Herrero, del convento de las monjas de la Divina Pastora.
Ignacio Ferrari Herrero, vivo retrato de su bisabuelo, ("una vez me disfracé de Policarpo y mi tía abuela se mareó") y Paloma de Villota, su esposa, habían recibido el encargo de recuperar el busto del insigne antepasado de su tía Carmen Herrero Garralda, impulsora de la asociación Nuevo Futuro, fueron a pasar las Navidades del cambio de milenio a la comarca del Bierzo.
Después de aquel primer viaje y el contacto con las madres de la Divina Pastora, que sentían verdadera veneración por Don Policarpo, decidieron no llevárselo. Y, lo que es mejor, se quedaron ellos.
«Vinimos a rescatar a Policarpo y Policarpo nos atrapó en Villafranca del Bierzo», asegura la pareja que, gracias a su amistad con Consuelo Álvarez de Toledo, Marita y Cristóbal Halffter, acabaron comprando poco tiempo después el Palacio de Cangas y Torquemada, en el número 31 de la emblemática calle del Agua.
Un palacio que han rehabilitado en estas dos últimas décadas en el que, durante los meses de verano, mantienen abierta una galería de arte desde 2013. La finca lidan con la casa donde nació el bisabuelo de Ignacio, Policarpo Herrero, un 11 de enero de 1843.
Ignacio Ferrari y Paloma de Villota viven a temporadas en una Villafranca del Bierzo monumental y señorial, paso del Camino de Santiago entre León y Galicia, que está mejor comunicada aunque ya no es el centro comercial que marcó su crecimiento y la convirtió en capital de la provincia del Bierzo en el trienio liberal, entre 1820 y 1823.
«Reivindicamos la figura de Policarpo como benefactor de Villafranca, no tanto como presidente del Banco Herrero», señalan. Ignacio Ferrari Herrero es hijo de María Teresa Herrero Garralde, nieta mayor de Policarpo, nacida en 1910, dos años antes de la apertura del Banco Herrero en Oviedo tras su constitución en 1911.
Comprendieron que la estatua es un recuerdo de la villa a su bisabuelo y, con el tiempo y la fusión del Herrero con el Sabadell, las monjas renunciaron a tenerla en su jardín y fue instalada en la avenida Díaz Ovelar, mirando a La Alameda.
Policarpo Herrero fue reconocido como benefactor de la villa, dos años después de su fallecimiento, en 1929, cuando ya hacía años que la saga estaba establecida en Oviedo, sede central del Banco Herrero, cuya cúpula resalta aún al fondo de la calle Uría, en el número 11 de la calle Fruela.
La construcción del Teatro Villafranquino, inaugurado en septiembre de 1905, y la generosidad con obras sociales y religiosas están detrás del tributo que rindieron en la villa del Burbia a aquel hombre de amplio mostacho, inmortalizado en piedra en 1931.

Exterior del palacio de Cangas y Torquemada en Villafranca del Bierzo.
El busto era el último vestigio de la saga en Villafranca del Bierzo, a donde llegó el primer Ignacio Herrero —Ignacio Herrero Buj— nacido a comienzos del siglo XIX en Fortanete (Teruel) en una familia que poseía una cabaña de merinas y vendía la lana a la industria catalana de paños.
Policarpo es un personaje que trasciende su papel capital como pionero de la banca tradicional. Su bisnieto destaca la visión social de este hombre que, mientras vivió, dedicó un 10% del beneficio a obras de beneficencia». Una vena que heredó su nieta Carmen que empezó rescatando a niños del hospicio condenados a ser pastores por los montes y acabó creando la asociación Nuevo Futuro para la protección de la infancia.
"Queremos reivindicar la figura de Policarpo más como benefactor de Villafranca que como presidente del banco"
Los ancestros de esta saga llevaron inicialmente el apellido Ferrero y se localiza su origen en 1600 en Gudín (Orense), para después trasladarse a Valladolid, donde se castellaniza el apellido. Una de las ramas, de la que procedía el padre de Policarpo, fue la que se estableció en Fortanete.
Ignacio Herrero y Buj se estableció en Villafranca del Bierzo después de los muchos viajes que realizó a Galicia con el doble oficio de comerciante de paños y prestamista, pues el comercio textil, sumado a posteriores inversiones en minas, fue el germen de la futura banca. El 15 de octubre de 1834 se casó en la villa con Francisca González, vecina de Valdeorras y que además de «un bastidor de bordar y una guitarra», poseía «32.000 reales en géneros y metálico y varias fincas rústicas en Valdeorras». Un matrimonio muy conveniente que asentó a Ignacio Herrero en Villafranca con las ventajas que ofrecía la villa para su negocio: vida comercial, ferias y mercados y una casa confortable propiedad de su suegro.
No tardaron en trasladarse al Bierzo, junto a Ignacio, los parientes de Fortanete, su hermano Pascual, primero, y Manuel, que se establecería en Santiago de Compostela. Policarpo, fue el tercero de los tres hijos varones, junto a Aniceto y Antonio, de Ignacio y Francisca, que también tuvieron cinco hijas. Al morir su padre y madre, Policarpo asumió el liderazgo en los negocios y en la familia.

Ignacio Ferrari Herrero y Paloma de Villota.
"Queremos contribuir al futuro de Villafranca con un foco cultural"
Ignacio Ferrari y Paloma de Villota abrieron la galería temporal en 2013 en el palacio barroco de Cangas y Torquemada. Una pequeña sala que ha estado abierta desde entonces todos los veranos, con excepción del año de la pandemia y 2024 debido a las obras en la calle del Agua, al estar inaccesible.
«Es un proyecto que se consolida para el futuro y con el que queremos contribuir al dearrollo de Villafranca del Bierzo desde el punto de vista cultural», precisan.
Mantener la tradición cultural y contribuir al desarrollo de la España vaciada creando un faro cultural son sus principales motivaciones. «Hemos visto cómo Villafranca ha perdido la mitad de la población en 25 años y creemos que su posición en el Camino de Santiago es un punto de encuentro con Europa», sostiene la pareja.
Conseguir que galeristas de otros países europeos se asienten en Villafranca y abran las puertas a diferentes disciplinas artísticas para crear ese foco cultural es el sueño que acarician mientras restauran el palacio y la casa del siglo XV aneja, la más antigua existente en la villa, que posiblemente perteneció a algún mercader judío.
El proyecto une la vocación cultural con la conservación de un edificio tan emblemático como el palacio barroco y otro representativo de la arquitectura tradicional, como es la casita del siglo XV.
Otra idea que barajan es poner en práctica algo similar a las ‘Open Doors’ del Reino Unido, donde es habitual que palacios y edificios emblemáticos de propiedad privada combinen el uso residencial con la exhibición al público para dar a conocer la historia. «Son edificios privados pero forman parte de la cultura colectiva», subrayan.
La calle del Agua de Villafranca del Bierzo, punto neurálgico del Camino de Santiago, está sembrada de iconos como la casa natal del escritor romántico Gil y Carrasco, cuyo patio ha sido abierto al público por una asociación local, y otros palacios blasonados que son testigos de las épocas de mayor grandeza en la villa.
Les inspiran también proyectos luminosos del pasado como las Sociedades Económicas de Amigos del País, que confiaron en las artes y la cultura como arietes del desarrollo económico. Cultura y filantropía corren por las venas de Ignacio Ferrari. Si su rostro es el vivo retrato del benefactor que fueron a buscar a Villafranca, su espíritu sigue la senda de su bisabuela, María Teresa Coyantes, que antes de morir, en una carta a su esposo le rogaba que «se acordara de los Jesuitas e hiciera un colegio en Oviedo» y también dejó un legado a la Divina Pastora y a Villafranca del Bierzo.
Por la parte cultural, el abuelo Ignacio Herrero Coyantes, que fue académico de la Historia, un referente de la fotografía que también quiere sacar a la luz. Su padre, Ángel Ferrari Núñez, donó la biblioteca a la Academia de la Historia.
«Lo hemos pasado bárbaro y hemos conocido a gente maravillosa. Nos hemos sentido muy apoyados, también por las autoridades», concluyen Paloma de Villota e Ignacio Ferrari sobre su periplo de los últimos 25 años en Villafranca del Bierzo.
En la galería han expuesto Luis Gómez Domingo, Vega de Seoane, la fotógrafa Sandra Zóbel y el colectivo de pintoras leonesas Nosotras, entre otros. Para este verano preparan una muestra con la pintora berciana afincanda en Cataluña Teresa Gancedo.