Desde León a Camerún en una misión sanitaria solidaria
La ginecóloga Marisa Alija y la enfermera Silvia Ortiz trabajarán en una aldea remota, en el hospital de la Fundación Mayo Rey
La ginecóloga leonesa Marisa Alija en su consulta de HM San Francisco.
Marisa Alija, ginecóloga del Centro Ginecológico de León (Hospital HM-San Francisco), y Silvia Ortiz, enfermera instrumentista del equipo del doctor Valle Folgueral (Hospital San Juan de Dios), participarán en una campaña sanitaria de consultas e intervenciones quirúrgicas en el Hospital de la Fundación Mayo Rey, en una aldea africana remota llamada Rey Bouba, en Camerún.
La doctora Alija y la enfermera Ortiz integrarán un equipo de nueve profesionales (cinco de medicina y cuatro de enfermería) que parte el 21 de febrero hacia Camerún, «con material hospitalario, medicamentos y mucha ilusión», subraya la ginecóloga leonesa. Durante dos semanas, atenderán consultas, realizarán cirugías y promoverán campañas de salud pública y prevención.
La expedición forma parte del programa sanitario de la Fundación Mayo Rey en Camerún, que cuenta con un hospital quirúrgico en una región muy aislada del norte del país. El centro, gestionado por personal local, realiza campañas periódicas con profesionales españoles y opera permanentemente desde noviembre de 2011, tras iniciar actividad en 2010. Silvia Ortiz realiza su segunda colaboración en el Hospital Mayo Rey, mientras que Marisa Alija inicia su labor como voluntaria con esta fundación.
«Afrontamos la labor desde una perspectiva nueva valorando medios y recursos que en nuestro país se dan por sentados, pero que allí son excepcionales», señalan. Su voluntad es «ayudar desinteresadamente, curar no solo con medicamentos, operaciones, sino también con empatía y cercanía», apunta Alija. Su intención es prestar ayuda tanto médica como humana y también aprender de los profesionales que ejercen allí todo el año y de los pacientes a los que van a asistir.
«Ser médico o enfermera requiere un compromiso social y trabajar para mejorar la calidad de vida tanto en nuestro medio, como en países con menos recursos sanitarios, como Camerún. Creo que es muy importante promover y fomentar la cooperación internacional y la reducción de las desigualdades en el acceso a la salud», apunta la doctora Alija ante su primera experiencia en África.
Silvia Ortiz, enfermera instrumentista en el quirófano junto al doctor Valle Folgueral.
"Allí los extraños somos los blancos"
Pero sentía la necesidad de hacer algo fuera del trabajo cotidiano y donar tiempo de un trabajo que le apasiona en esta zona remota del África subsahariana. «Fui el año pasado por primera vez y fue una experiencia bonita y reconfortante», admite. Así que no le costó enrolarse por segunda vez.
«El sitio está cuidado y bien organizado por las enfermeras que viven allí todo el año», explica. Durante las dos semanas que permaneció su expedición en el hospital de Rey Bouba realizaron algo más de medio centenar de intervenciones ginecológicas, de cirugía general y cirugía pediátrica equiparable a cirugía general. Partos, prolapsos, histerectomías, así como hernias, bocios o apéndices son los eventos de salud y patologías más frecuentes en el hospital.
Más allá de las vivencias profesionales, Silvia Ortiz quedó impregnada por el trato con las personas que conoció e impresionada por la constatación de que allí los «extraños» son los blancos.
«Los niños no están acostumbrados a ver personas blancas y cuando sus madres los acercan para que nos miren y nos toquen lloran y gritan como si fuéramos monstruos o extrarrestres», comenta.
La experiencia fue un «baño de realidad» de un «mundo paralelo» que no se rige por los códigos europeos u occidentales. Por un lado, «te das cuenta de que estás en su territorio y tienen el poder», algo que le ayuda a entender cómo se puede sentir alguien que viene de fuera a su país.
Por otro lado, «sentí que allí no existe el tiempo, sin horarios y una sensación de paz enorme». Tanto, que a la vuelta le costó acostumbrarse al ritmo de la vida cotidiana. «No entendía las prisas que tenemos aquí. Es un choque de realidades», precisa.
Para llegar hasta la remota aldea de Rey Bouba volarán primero desde Madrid a Estambul. En el aeropuerto turco toman otro avión hasta Duala, la ciudad de mayor población de Camerún, donde son recogidos por vehículos militares para llegar a su punto de destino.
En esta ocasión, el viaje de ida supone 18 horas y el de vuelta serán 14. Nada comparable a los tres días que tuvieron que emplear en el regreso el año pasado: «Nos vendieron los billetes y tuvimos que viajar 17 horas en tres para coger un avión que nos dispuso el rey», recuerda. «Allí somos los blancos y ellos tienen el poder», reitera.
Esta mala experiencia no le ha quitado las ganas de volver. «El sitio es muy especial, está muy bien hecho y a los voluntarios no nos falta de nada», resalta. La limpieza y el cuidado, las casitas típicas del país donde duermen, un bonito patio y muchas flores crean un ambiente acogedor y «de mucha paz», resalta la enfermera.