León despide a Mino Cerezo, el pintor de los pobres que dejó huella en Armunia

La parroquia de San Antonio de Padua celebra una misa de funeral el viernes a las 19.00 horas en honor al religioso claretiano, conocido como el 'Pintor de la Liberación', autor de su retablo y el Vía Lucis

Mino Cerezo, en 2016, mientras colocaban su retablo, junto a Juanjo Ruiz.ramiro

León

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Fue el pintor de la Liberación y dejó su huella en León. Maximino Cerezo Barredo (Villaviciosa. Asturias. 1932—Colmenar Viejo. 2026), conocido como Mino Cerezo, falleció el viernes 20 de febrero a los 93 años edad. Este misionero claretiano sembró América con su pintura colorista unida a la idea de Jesús liberador y lleno de luz que predicaba la Teología de la Liberación.

El próximo viernes se celebra un funeral en León, en la iglesia de San Antonio de Padua a las 19.00 horas, para recordar y agradecer la obra que plasmó en el retablo que pintó en 2016 y el Vía Lucis que realizó para el mismo tiempo y fue inaugurado en 2021 en un acto solemne presidido por el obispo de la Diócesis, Luis Ángel de las Heras.

«Nos transmitió el Evangelio con sus pinturas y el amor a los pobres», apunta Juanjo Ruiz, el párroco de San Antonio de Padua que logró que Mino Cerezo decorara el templo con una obra realizada expresamente para esta comunidad cristiana en otra periferia, la de un barrio de León que se caracteriza por su capacidad de acogida y multiculturalidad.

El cura y el pintor se pusieron de acuerdo para acercarse a los seres más vulnerables del planeta con un lenguaje plástico asequible y a la vez imbuido por las culturas indígenas de las que vivió rodeado. Su paso por Filipinas y América Latina marcaron su vida y su obra. A lo largo de los 35 años que ejerció como misionero dejó más de 100 murales. Un póster de monseñor Romero, el jesuita asesinado en El Salvador en 1980, es una de sus obras más populares. Con su fallecimiento se pierde «una de las voces y de las pinturas más importantes del arte religioso actual unido a su visión del Evangelio en el compromiso con los más pobres y necesitados de este mundo». La obra de Mino Cerezo permanece, sin embargo, en casi todos los continentes y también en España.

En 2005 volvió de su periplo misionero y se instaló en la casa de la comunidad claretiana de Salamanca. Allí pintaba y expandió su arte en diversas zonas de España, incluido León y patria chica en Villaviciosa. El colegio mayor Alcalá y otras instituciones agradecen el legado artístico y religioso que deja. El retablo de la iglesia de San Antonio de Padua está basado en el vercículo 29 del Evangelio de San Marcos y realza la figura del «Dios escondido, el de los pobres».

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Mino Cerezo colaboró con la revista La Calle, que dirigió Juanjo Ruiz durante varios años, con ilustraciones de sus pinturas. Posteriormente, ya de párroco, contactó con el pintor en Salamanca para proponerle hacer el retablo. Durante 15 dísa de intensa convivencia pintó las seis tablas, de forma altrusita, en la comunidad salesiana de Armunia.

Mino Cerezo optó por estar al lado de las personas más vulnerables del planeta a través de su pintura