Diario de León

María Quindós Nistal, directora de la ONCE de León: «Disfruto de la vida con lo que me ha tocado»

«Con 18 años me negaba a pedir ayuda a la ONCE, no aceptaba los apoyos que me ofrecían"

RAMIRO

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Carmen Tapia
León

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María Quindós Nistal no es consciente de identificar cuándo comenzó a perder visión. «A los 18 años dejé de ver, pero fueron mis profesores los que se dieron cuenta». Hasta esa edad creía que no poder leer las letras más pequeñas de los libros era lo normal. "Yo estaba acostumbrada a ver así, pero me daba cuenta de que mis compañeros leían de otra manera». Una profesora le advirtió de que se acercaba mucho al papel. «Mis padres me llevaron al oftalmólogo al ambulatorio y un especialista muy mayor me dijo que tenía hipermetropía y me puso unas gafas con 14 dioptrías. Estuve seis meses con esas gafas, pero mis padres me llevaron al oftalmólogo del Hospital, me hicieron muchas pruebas y me diagnosticaron esclerosis múltiple». El diagnóstico, que resultó ser erróneo, fue un mazazo para la familia, en un momento en el que María estudiaba Protocolo, Organización de Eventos y Relaciones Institucionales en Alicante.

Joven y con un diagnóstico grave, María no se conformó. «Me llevaron a los Vega a Asturias y allí me diagnosticaron la enfermedad de Stargardt». Una distrofia macular que causa pérdida progresiva de visión presentaba una perspectiva mejor que la esclerosis múltiple y María, que todavía no sabe decir cómo ve porque no distingue los detalles de las cosas, se aferró a su futuro, recurrió la ONCE, que la acompañó con las adaptaciones necesarias para acabar la carrera,y estudió un máster en comunicación corporativa a través del programa ‘Proyecta’ del grupo social ONCE.

«Al principio rechazaba ir a la ONCE, con 18 años no aceptas que tienes una discapacidad y Óscar López, que era el director de la ONCE y mi vecino en León, me animó. Algunas ayudas que me ofrecieron, como la telelupa, la rechacé, y ahora, a mis 31 años, utilizo todo lo que necesito».

Tuvo que dejar de conducir, no podía leer libros de tinta ni tomar notas, no ve las fotos analógicas ni puede jugar a juegos de mesa, pero la vida le dio una oportunidad laboral con la ONCE. «Aquí puedo trabajar con un fin social y de marketing, que es lo mio, lo disfruto, tengo un trabajo digno y compañeros estupendos».

Desde el año 2003 dirige la ONCE de León.

«Empecé en Ávila, pero León es mi ciudad. Llevaba diez años fuera y mi marido, que es catalán, está encantado aquí. La vida hay que vivirla bien, disfrutar y ser consciente de que el tiempo pasa. No voy mirando el móvil por la calle, miro lo que puedo ver de los árboles por si algún día ya no puedo verlos más. No soy partidaria de teñir la discapacidad de rosa, es una putada, pero me encanta disfrutar de la vida».

Optimista, es consciente de que la vida cambia de un momento para otro. «Pensamos que nunca nos va a pasar nada, pero cuando pensamos en accesibilidad lo hacemos pensando en todas las personas». Anima a quien lo necesite a que se acerque a la ONCE. «La ONCE es marca España. Todo el mundo necesita su tiempo. No soy una persona enferma. La ONCE ha conseguido dignificar a las personas y todavía queda mucho camino que recorrer con la discapacidad».

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