Diario de León

Cinco vidas rescatadas de la calle por un programa pionero de San Juan de Dios en León

El programa de personas sin hogar usa la metodología 'housing led', con alojamiento compartido temporal y acompañamiento integral. Está dirigido a hombres y la mayoría de los casos son inmigrantes en busca de trabajo y una vida mejor que en sus países de origen. Este reportaje recoge cinco historias de entre las 15 personas atendidas desde mayo de 2025.

Cuatro de los hombres que están en el programa de personas sin hogar de San Juan de Dios, en La Fontana.

Cuatro de los hombres que están en el programa de personas sin hogar de San Juan de Dios, en La Fontana.ángelopez

Ana Gaitero
León

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Llegaron a España en busca de una vida mejor y se vieron en la calle. Montasar, Imad, Gora, Mandiaye y Abdellah son cinco de los siete usuarios que han encontrado techo y una mano tendida a través del programa de cobertura de necesidades básicas y/o vivienda que San Juan de Dios puso en marcha el año pasado.

El proyecto pionero ha prestado ayuda de emergencia social (fianzas, pagos de alquiler, gafas...) a 30 personas y cuenta con un piso para alojar temporalmente a siete hombres sin hogar, explica la coordinadora, Alicia Muñoz. Desde que se inició, en mayo de 2025, han usado este recurso 15, personas, ocho de alta por superar los ingresos o encontrar trabajo y siete activos.

El proyecto se basa en la metodología ‘housing led’ y es más que un alojamiento o un albergue tradicional para personas sin hogar. Bajo el paraguas de un equipo multidisciplinar —orientador laboral, abogado, educador social y psicóloga— que se ubica en La Fontana, ofrecen desde clases de español a formación, apoyo en trámites administrativos para regularizar la situación, orientación para la búsqueda de empleo activo, apoyo psicológico, atención sanitaria y participación en actividades de ocio y culturales. Se trata de un «acompañamiento integral centrado en la persona», apunta Soufian, educador. 

La estancia, de tres a seis meses, depende mucho del proceso administrativo para poder acceder a contratos de trabajo. Dos cuentan con permiso de residencia y cinco están en proceso de regularización: dos con pre-contratos para el arraigo laboral, uno a la espera de lograr el arraigo por la formación y dos por la regularización de abril.

Montasar es de Túnez y tiene 30 años. Se quedó en Europa durante un intercambio de estudios y hace dos años llegó a España. «Durante seis meses pude alquilar una habitación, pero por problemas de trabajo no podía pagar el alquiler», explica.

Encontró trabajo en Puebla de Lillo y después de cuatro meses «no me pagaron». Acabó viviendo en una tienda de campaña en La Candamia. Fue un año y medio muy largo en su vida. Hace cinco meses, a través de la trabajadora social del Ayuntamiento de León, llegó al programa de San Juan de Dios. 

"Tenía una falta de confianza por vivir en la calle durante mucho tiempo. Ahora puedo decir que acabo de nacer de nuevo", asegura Montasar

Además de las clases de español, el acompañamiento y la formación como fontanero que le da vía al arraigo formativo, lo que más le ha ayudado ha sido el apoyo psicológico. «Tenía una falta de confianza por vivir en la calle durante tiempo. Ahora puedo decir que acabo de nacer de nuevo, gracias a la mano que me han tendido», asegura. 

Su objetivo es «mejorar mi vida, encontrar habitación y no cometer los mismos errores, como estar solo, y ayudar a mi familia en Túnez», confiesa. Ha hecho de todo y no le asusta el mundo laboral. Jardinería, pintura, restauración, carretillero.

Imaz llegó desde Marruecos por Turquía. Trabajaba un mes y no le pagaban. Vivió en la calle y en albergues hasta hace cinco meses

Imad tiene 25 años, es de Marruecos y lleva en España dos años y cuatro meses después de un largo viaje desde Marruecos a Turquía y desde aquí, atravesando a pie el sur de Europa. «Vine buscando una vida mejor, pero no tenía familia, trabajo ni dinero. Eso me llevó a una situación muy difícil», explica. Le daban trabajo y a final de mes no le pagaban por carecer de papeles, relata. «Todo el tiempo dormí en la calle, a veces en el albergue». A través de Nieves, la trabajadora social del albergue municipal, llegó al programa de San Juan de Dios hace cuatro meses.

«Ahora tengo una vida estable, aprendo español y estoy esperando un contrato de trabajo» para tener recursos para vivir «tranquilo». La electricidad es lo que más le gusta, pero también ha trabajado en el campo, de albañil y de comercial.

Gora era pescador en Senegal. Llegó a España en patera y se acogió a protección internacional, pero le fue denegada. Trabajó en un almacén de fruta en Lleida. Ahora está pendiente de un contrato pre-laboral como repartidor de butano para regularizar su situación. «Yo soy leonés», dice con orgullo y agradecido por el apoyo que le han prestado en La Fontana.

"Yo soy leonés", dice Gora, de Senegal, orgulloso y agradecido por la atención del programa sin hogar. Su familia también da las gracias a La Fontana

Mandiaye es de Mauritania. Tiene 43 años, es padre de cuatro hijos de entre 7 y 17 años y lleva un año y seis meses en España. Solicitó la protección internacional y estuvo acogido en una organización. Trabajó tres meses en Almería y en verano probó ir a Francia. «Regresé a León en septiembre y después de dos semanas en el albergue, la trabajadora social me puso en contacto con Alicia. Me ayudaron mucho». Ahora su objetivo es aprender español, tener un trabajo y «seguir la vida para ayudar a mis hijos», dos de los cuales estudian en Senegal. Ha trabajado de albañil y carpintero y una empresa de Hospital de Órbigo le ayuda con un pre-contrato.

Gora sufrió racismo institucional en Mauritania debido a su origen subsahariano. «Salí por el futuro de mis hijos y quiero volver»

«Salí porque en mi país era dificilísimo seguir la vida», afirma. El racismo institucional que sufren las personas de origen subsahariano frente a la comunidad árabe aceleró su marcha. «Salí por el futuro de mis hijos, pero quiero volver».

Abdellah tiene 31 años y es de Marruecos. Salió de casa en busca de trabajo al morir su padre. No pudo continuar el bachillerato. "Viajaba por Marruecos pero no encontraba un sueldo fijo. Eran acuerdos verbales y a los tres me despedían». Decidió irse y llegó a España por Turquía. Hizo trabajos temporales en Palencia, Huelva y otras provincias... pero la falta de una red y de ayuda le abocó a la calle y a los albergues como único techo. «La soledad y la dificultad con los papeles» le empujó a la calle.

"El programa ha sido una oportunidad para tener una vida más estable. Es como una familia", asegura Abdellah, de Marruecos

Entrar en el programa de San Juan de Dios hace cinco meses «ha sido una oportunidad para tener una vida más estable». «Es como una familia. Me ayuda mucho», asegura. Busca trabajo en la construcción y la agricultura y posiblemente se trasladará a Zaragoza, donde le ha salido un precontrato. «Me gustaría tener un trabajo fijo, vivienda y recuperar mi independencia», señala el joven. 

Las historias de vida de estos cinco hombres emocionan por el duro periplo y las ganas de salir de adelante. «Se están involucrando, respetan las citas y aprovechan todos los recursos», aseguran los responsables.


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