Marisa Alija, ginecóloga leonesa: "En Camerún redescubrí el verdadero sentido de la medicina"
Relato de una experiencia de voluntariado sanitario en una aldea remota en África, junto con la enfermera Silvia Ortiz

La experiencia profesional y personal fue muy intensa para las dos leonesas.
Un viaje de 48 horas, tres aviones y siete horas en un todoterreno llevaron a la ginecóloga leonesa Marisa Alija ya la enfermera Silvia Ortiz a una experiencia de voluntariado sanitario que no olvidarán. La distancia entre León y la remota aldea de Rey Bouba, en Camerún, es de casi 6.000 kilómetros.
Su misión: operar y atender consultas durante dos semanas, un voluntariado que canalizan a través de la Fundación Mayo Rey, de Burgos, promovida por el pediatra y neonatólogo Emilio Sastre. La vivencia: salir de la zona de confort y sumergirse en una cotidianidad donde la escasez se afronta con sonrisas y paciencia.
Las casas son de barro con techos de paja, los niños juegan con ruedas de caucho y palos y saludan a los nasaras (blancos) con gestos amistosos y la gente mayor da la bienvenida con mucho respeto en su lengua local, el fulfulde. Es un viaje en el tiempo que el relato de Marisa Alija ayuda a imaginar.
Para esta reconocida obstetra leonesa que trabaja en HM San Francisco era la primera vez. Una asignatura pendiente desde que terminó su carrera y que visualizó en 2019 con esta oenegé. Para Silvia Ortiz, enfermera de quirófano e instrumentista del doctor Valle Folgueral en San Juan de Dios, fue la segunda experiencia. Ambas volvieron impactadas.
El hospital, construido en 2010 por la fundación, está en la provincia de Garoua, al norte de Camerún, «una región aislada y con escasa atención sanitaria, fronteriza con Chad, Nigeria y la República Centroafricana, alejada de los principales puntos y vías comerciales y zonas desarrolladas. «Es una zona rural, pobre y desfavorecida que está gobernado por un monarca, el «rey» o el ‘lamido, que vive en un palacio amurallado de adobe y que lo sabe todo sobre los habitantes de esas tierras», explica Alija.
Un equipo permanente y voluntariado rotatorio durante todo el año atienden las necesidades sanitarias de la población. Su misión estuvo formada por nueve personas: un anestesista, un cirujano, la ginecóloga, una médico de familia, una pediatra, dos enfermeras instrumentistas, dos enfermeros más. Cuando médicos y enfermeras de España realizan campañas, el personal local las anuncia previamente en las poblaciones de toda la región y se expande por el boca a boca, aunque la afluencia depende mucho del clima o las cosechas.
La jornada se iniciaba al amanecer con un recorrido por los alrededores que les situaba en la realidad cotidiana. Después de desayunar, a las 8.30 horas, iniciaban la actividad sanitaria. Los pacientes hacían cola desde las seis de la madrugada, algunos después de recorrer largas distancias. La actividad se prolongaba hasta el anochecer.
La doctora Alija operó principalmente miomas uterinos asociados a sangrados internos que explican las altas tasas de anemia.La dificultad para quedar embarazadas fue un motivo de consulta frecuente. «Es una situación problemática en su contexto social, ya que la maternidad tiene un gran peso cultural» en una sociedad musulmana. Las mujeres que no logran tener hijos «suelen ser rechazadas por sus esposos y familiares», apunta.
También apoyó al cirujano general en operaciones complejas, una experiencia de la que «aprendí mucho», y manejó el ecógrafo portátil, el único de que disponían, para hombres y niños. «El quirófano está bien equipado y climatizado. Hay electricidad y agua corriente, aunque pueden fallar, pero hay generadores y llevamos luces frontales por precaución», explica la doctora.
Las consultas fueron toda una radiografía social de esta zona de África. «Atendí casos de ginecología y obstetricia en una comunidad formada principalmente por madres muy jóvenes, algunas con apenas 15 o 16 años. Es habitual tener muchos partos, llegando a contar hasta 11 o 12 hijos. También se observan numerosos abortos espontáneos y muchas secuelas derivadas de partos traumáticos, ya que suelen parir en sus propias casas», apunta.
Yawa, la matrona, fue una pieza clave para comunicarse y entender a las mujeres. «Al principio todo me pareció complicado; la comunicación verbal no era fluida ni fácil, porque la mayor parte de las pacientes solo hablaban fulfulde. La matrona hablaba en francés y tenía conocimientos limitados de inglés, así que utilizamos el Google traductor para pasar mis mensajes del español al francés y luego ella los transmitía en fulfulde a las mujeres, y viceversa», explica Alija. Muchas mujeres desconocen su edad exacta.
«La vida allí es dura, la esperanza de vida es baja, la mortalidad infantil es muy elevada, pero llama la atención la alegría de los niños, juegan con cualquier cosa, se entretienen, parecen realmente felices. Sin embargo, creo que no tienen expectativas ni futuro», reflexiona. Lamenta que lo que les contaron cuando terminó la carrera no se ha cumplido: «Nos enseñaban que, a principios del siglo XXI, habría sanidad universal y gratuita en todo el mundo; pero en África descubres que no es cierto y veo que no será así a medio plazo». También se aprende que «con pocos recursos se puede hacer mucho».
Después de esta experiencia «difícil, a veces incómoda», se ha cuestionado «si trabajar allí 15 días realmente cambiará algo», pero también «me siento satisfecha con el trabajo realizado» y muy agradecida a la labor del doctor Sastre. «En Camerún he vuelto a descubrir el verdadero sentido de la medicina, lo que a mí me llevó a estudiar esta carrera. He aprendido a resolver problemas en un entorno muy diferente, con recursos muy limitados, a comunicarte con personas que hablan otros idiomas y que tienen realidades muy complejas», subraya.
«El voluntariado te humaniza, hace aflorar lo mejor de ti mismo, desarrolla la creatividad y potencia todas tus capacidades profesionales», apunta. Ve necesario continuar apoyando campañas con voluntarios especialistas que se desplacen al terreno, pero la salud «debe ser un derecho esencial», añade. Y en África, en particular, «es muy necesaria la formación del personal local y el desarrollo de infraestructuras sanitarias adecuadas, acompañadas de objetivos, proyectos y planes de acción definidos».
Ha sido una de las mejores experiencias de su vida, admite. «Valoras más lo que tienes, dejas de quejarte por lo trivial y empiezas a mirar el mundo con una actitud más consciente y agradecida», confiesa. «Desde León, quiero mantener el compromiso y seguir colaborando para mejorar la vida de las personas de Rey Bouba que he conocido y promover un mundo más justo y digno», señala. Algunas mujeres que tenían móvil pedían hacerse fotos con ella y también su número para consultarle por sus embarazos.
La enfermera Silvia Ortiz está «muy motivada» para volver una tercera vez. «Lo que hago allí y las condiciones en que lo hacemos no tiene nada que ver con lo que hago aquí», apunta. «Los aparatos a veces fallan y los apagones son frecuentes». En dos ocasiones se quedaron sin luz en el quirófano: «Eran dos hernias y no era una cuestión de vida o muerte».
En Rey Bouba la paciencia es un valor que se contagia a los voluntarios. «El anestesista salió corriendo al generador, el mismo anestesista que limpió el suelo y pasó al paciente. Allí da igual si es tu función o no, por eso siempre se solucionan los problemas. Hay un plan B. Aquí nos volveríamos locos», señala.
Fueron quince días en los que el abismo social y cultural superó con creces la distancia física y lo que recibieron a lo que dieron.
Una maleta cargada de emociones de ida y vuelta
En cuanto a las comidas, no faltó la cecina de León. «Los voluntarios comíamos y cenábamos juntos», era el momento de compartir las vivencias. «Una mujer de Camerún nos preparaba la comida; llevábamos productos de España y consumíamos pan, frutas y alimentos locales y el «rey» nos enviaba diariamente pasta, arroz y algo de carne», apunta Marisa Alija.
Las dos semanas y la buena acogida dieron de sí para conocer bonitos paisajes y acercarse a la gente que las miraba con perplejidad y gratitud.

La experiencia profesional y personal fue muy intensa para las dos leonesas.
De León a Camerún en una misión sanitaria

La experiencia profesional y personal fue muy intensa para las dos leonesas.
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La experiencia profesional y personal fue muy intensa para las dos leonesas.
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La experiencia profesional y personal fue muy intensa para las dos leonesas.
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