Jesús Gonzalo, ingeniero leonés: «Artemis II es una primera prueba antes de volver a pisar la Luna"

El director del Grupo de Investigación de Tecnología Aeroespacial de la ULE detalla aspectos técnicos de la misión cuyo objetivo es orbitar la cara oculta de la Luna 

Última interacción con el público de los tripulantes de Artemis II, rumbo a la Luna.EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

León

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—¿Qué aspectos de la ingeniería aeroespacial son más relevantes de la misión Artemis II?

—Si las misiones espaciales son en general complicadas, aquellas que son tripuladas empujan al límite el ingenio humano para garantizar la seguridad de los astronautas. La misión comprende el uso de un potente cohete con varias etapas, maniobras en las cercanías de la Tierra para orientarse hacia la Luna, un viaje de varios días hasta las cercanías de ésta y correcciones de trayectoria de precisión quirúrgica para conseguir que tras un efecto columpio la nave rodee el satélite natural y regrese justo, tras otros tantos días, a la nueva posición de la Tierra. Luego una re-entrada en la atmósfera donde se alcanzarán miles de grados de temperatura en la cápsula y finalmente un amerizaje en mitad del océano. La cantidad de cosas que pueden ir mal es ingente, pero de largo superadas por la infinidad de pruebas que se han realizado para que cualquier inconveniente pueda ser subsanado casi inmediatamente y no afecte a la seguridad de los astronautas. Los aspectos más críticos tienen que ver con la propulsión y la navegación, que en caso de disfunción o falta de precisión siempre disponen de vías alternativas de regreso.

—¿Qué avances se han aplicado en este cohete?

—Artemis II es una primera prueba antes de volver a pisar la Luna. Se usan sistemas modernos de propulsión, antenas auto-apuntables sin partes móviles, protecciones térmicas y anti-radiación de nueva generación, sistemas autónomos de navegación por estrellas y, como es lógico, ordenadores para el procesado de datos capaces de controlar milimétricamente la trayectoria de la aeronave. En su interior, los astronautas poseen un espacio de trabajo cómodo y muy asistido por sistemas electrónicos, que monitorizan hasta un punto obsesivo sus constantes vitales para aprender sobre los mecanismos de reacción del cuerpo a las inclemencias de un viaje espacial (gravedad ausente, radiación, ciclos de luz rápidos, etc.)

—¿Cómo es la trayectoria de retorno libre?

—Las maniobras de las naves espaciales son muy costosas. Mientras que nuestros pies tienen un suelo que empujar hacia atrás al caminar o los aviones un aire que expulsar a gran velocidad por sus toberas, en el espacio no hay materia a la que agarrarse. Así que o transportamos nuestro propio material (primeras fases de la misión) o nos valemos de las fuerzas de gravedad existentes, en este caso la Luna para bordearla y la Tierra para regresar. Es decir, nos aprovechamos de fuerzas gratuitas presentes en el espacio.

—¿Supone un salto muy cualitativo respecto a Apolo?

—Rotundamente sí. El ordenador de vuelo del Apolo tenía la potencia de una calculadora actual. Los materiales actuales son muchísimo más resistentes y más ligeros que los que se tenían en los años 60; han pasado otros 60 de gran actividad en la ingeniería aeroespacial, de materiales, informática, química, etc… Además, el objetivo es muy distinto. De querer llegar el primero hemos pasado a querer llegar de forma segura, eficiente y con capacidades para establecernos durante temporadas largas. Esto se refleja en todos los aspectos del diseño de la misión. Hasta en la elección de los astronautas.

—¿Ha suscitado interés en el alumnado?

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—Por supuesto. Los alumnos manejan herramientas profesionales de diseño de misiones espaciales y pueden reproducir exactamente la trayectoria propuesta, simulando perturbaciones inesperadas y calculando el extra de combustible que supone su corrección.  Son ejercicios habituales en las asignaturas relacionadas con misiones espaciales. También se ha debatido, como en el resto del mundo, sobre la necesidad de las misiones tripuladas, la nueva conquista de la Luna, la exploración de Marte y Venus, etc. Nuestros alumnos tienen mucha vocación por los temas aeroespaciales y nosotros procuramos allanarles el camino y que no se queden encerrados en callejones sin salida. Pero son ellos los que al final vuelan solos!