Diario de León

Agapito Morán, cien años "bien vividos" en Villaornate

El nuevo centenario fue agasajado por el pueblo en una ceremonia religiosa y con una placa de gratitud a su fructífera vida que le entregó el alcalde este sábado

Agapito Morán Blanco recoge la placa de reconocimiento por su longevidad.

Agapito Morán Blanco recoge la placa de reconocimiento por su longevidad.dl

Ana Gaitero
León

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Agapito Morán Blanco, vecino de Villaornate, tiene cien años, un mes y la gracia de quienes a los años suman desparapajo. Vivo en Villaornate desde que nací», asegura. Sus ojos son testigos de la historia de un siglo en este pueblo que se asoma al Esla desde una terraza natural.

El pasado 30 de marzo cumplió los 100 y este sábado fue agasajado por el pueblo y por sus familiares en una ceremonia religiosa. El colofón lo puso el alcalde, Flaviano de Castro, que le entregó una placa de reconocimiento a su trayetoria vital al finalizar la misa: «Gracias por sembrar con tu esfuerzo el bienestar que hoy disfrutamos todos. Tus vecinos de Villaornate y Castro». Después vino la esperada celebración familiar.

Los cien años, dice Agapito, «los he vivido bien: nunca estuve malo». «Trabajando en el campo toda la vida: es lo mío», apostilla. Su hija Marisa lo corrobora, pues ya jubilado no se podía separar de la tierra y «hacía el huerto hasta los 98 años».

Agapito, con su hija Marisa, su hijo José Enrique y su yerno Roberto y la flamante placa de homenaje.

Agapito, con su hija Marisa, su hijo José Enrique y su yerno Roberto y la flamante placa de homenaje.DL

Ahora su principal distracción es ir a jugar la partida al bar del pueblo. «Me encuentro fuerte», señala. El tute, la garrafina o el subastao son parte de su entretenimiento con los vecinos que acuden puntuales a la hora en que aún repica la música del dominó sobre las mesas como un sonido antiguo de taberna.

El bar es el punto de encuentro del pueblo y alrededores, en el edificio de las antiguas escuelas, y de su uso actual siente un poco de orgullo en su corazón, porque Agapito era alcalde cuando Villaornate se quedó sin bares y ayudó a los mozos a reconvertir las aulas en tele club. «Lo abríamos a ratos como podíamos hasta que se licitó», comenta.

Agapito trabajó en el campo y siente orgullo de haber ayudado a los mozos a reabrir las viejas escuelas como bar cuando fue alcalde en 1977

El episodio se remonta a 1977, «cuando la cosa estaba muy revuelta» y había que arreglar las calles y proveer de otros servicios básicos al pueblo. Gracias a aquella iniciativa, «hoy tenemos bar en el pueblo», matiza. «Con el bar hemos tenido suerte, es el apogeo del pueblo".

Agapito juega la partida en la escuela donde aprendió a leer y a escribir en un tiempo de luces y sombras. «Me acuerdo cuando sacaron de allí al maestro. Tomás Toral Casado, se llamaba, y era nacido en Valderas», es lo primero que dice cuando se le pregunta por sus años de escuela. Se refiere al episodio del maestro apresado delante de sus alumnos en octubre de 1936 y que poco después sería fusilado en el monte de Villadangos por paramilitares franquistas.

Agapito era de los mayores. Tenía 10 años. «Yo fui el primero que vi a la gente que vino a buscarle, porque fui el primero que salí. El maestro nos mandó entrar, se despidió de nosotros y hasta hoy», continúa su relato.

Recuerda también que los chavales fueron detrás del maestro y los «guardias» que le detuvieron hasta su casa: «Seguramente no me volváis a ver», fueron sus últimas palabras. «Me acuerdo como si fuera ahora», añade.

Agapito Morán Blanco sigue los pasos de su hermano Fiacro que es el más longevo del pueblo, muy cerca ya de los 104 años y que aún pasea por su propio pie por la calle Mayor. Y centenaria es también, con 102 años bordados, Estelita Gaitero Barrientos, nacida en Villaornate y que ahora vive en la residencia municipal.

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