El papa se dirige a las mafias: ¡Deténganse!
Robert Prevost advierte en Tenerife del «naufragio silencioso» de quien queda «solo» en una ciudad, sin vínculos, sin idioma, sin pan y sin techo

León XIV coge en brazos a una niña durante su visita al centro de primera acogida Las Raíces de Tenerife.
El Papa León XIV defendió este viernes un mundo «sin murallas» e instado a las mafias a acabar con el tráfico de personas migrantes porque «el dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro».
«Deténganse, conviértanse», comentó en un acto celebrado en la plaza del Cristo de La Laguna ante más de 2.000 personas en el que escuchó testimonios de personas migrantes y las organizaciones que trabajan en las redes de acogida y se animó, incluso, con el «six-seven» a iniciativa de un joven senegalés.
En esa línea, insistió en que «por cada vida perdida y cada familia engañada» los organizadores de trata tendrán que comparecer ante la «justicia divina» por lo que les instó a romper esas «cadenas» y «reparen cuanto puedan» porque «aún hay tiempo.
Para el Papa, «la última palabra no puede tenerla el miedo, la indiferencia ni la violencia de quienes comercian con la vida humana». León XIV comentó que a veces «las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra, a veces están en la mirada, en el miedo o en la indiferencia» y en una «ciudad sin murallas», como La Laguna, «también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas».
Además, dejó una reflexión sobre la integración porque «integrar no significa borrar la historia de quien llega» sino que es un «camino recíproco» pues quien llega «aprende a habitar en una tierra nueva» y quien recibe «aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro».
Por ello, pidió a los católicos que la integración no quede reducida tampoco a una labor social «por necesaria que sea» pues aunque quien llega necesita «pan, techo, lengua, trabajo y protección», también debe encontrar una comunidad capaz de «ofrecer caminos parar conocer a Jesucristo».
Sufrimiento
Apeló a insistir en que la vida de las personas migrantes no es un «descarte», su sufrimiento «no es invisible» y su dignidad «no ha quedado disuelta» en las aguas que ha atravesado. «Buscan también algo más, una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas», explicó,
El Papa insistió en que una «conciencia cristiana no puede permanecer indiferente» ante las víctimas de los naufragios y la falta de ayuda ante los «cementerios del mar» y advirtió del «naufragio silencioso» que supone «quedar solo» en una ciudad sin conocer el idioma, sin vínculos y sin trabajo y expuesto a la «vulnerabilidad».
En esa línea, afirmó que «quien llegó como forastero puede reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad, esta es una forma preciosa de misericordia». «Integrar es impedir ese segundo naufragio, es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad», destacó. León XIV recordó también a los migrantes procedentes de Latinoamérica, Filipinas y otras latitudes que «forman parte de la comunidad» y «ayudan a renovarla». «Déjense también evangelizar por ellos», indicó.
«Que no se nos mire solo como emigrantes, números o documentos, sino como personas con historia, con sueños, con familias y con esperanza». Esta ha sido la petición que expresaron este viernes ante León XIV los migrantes del centro de acogida Las Raíces de Tenerife, que agradecieron al pontífice «su corazón cercano» con el drama migratorio.
En el último día de su viaje a España, León XIV visió Las Raíces, donde escuchó el testimonio de Theodor Faye, nigeriano, y la joven Bousso Diouf, en representación de los usuarios que se alojan en este centro gestionado por la organización de trabajo social Accem, en el que se atienden las necesidades básicas y se da orientación a las personas que llegan a las isla siguiendo la ruta canaria de cayucos y pateras, la más mortífera del mundo.
«No pedimos privilegios. No pedimos compasión. Pedimos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad», reivindicó Bousso Diouf ante el Papa. Y añadió: «Nuestra humanidad debe estar siempre por encima de cualquier condición legal». No ha habido referencias expresas en el acto de Tenerife pero son peticiones se producen en la misma jornada en que entra en vigor el Pacto de Migración y Asilo en la UE, que supone la mayor reforma desde la crisis migratoria de 2015, y entre cuyas novedades destacan medidas de blindaje fronterizo, de disuasión y de aceleración de expulsiones de personas migrantes, además de ayudas a países bajo mayor presión migratoria, como España.
En Las Raíces, los migrantes agradecieron a León XIV su sensibilidad y escucha. «Gracias por escuchar a las personas migrantes, a las familias que dejaron su país y empezaron empezamos una nueva vida lejos de casa. Muchas veces el camino es difícil. Hay miedo, tristeza y también soledad. Pero sus palabras nos dan fuerza y esperanza para seguir adelante», dijo Theodor. «Venimos con sueños sencillos: trabajar, cuidar de la familia y vivir con dignidad. Y sentimos que usted mira a las personas migrantes con respeto y con cariño», añadió.
Bousso, que se presentó «en nombre de muchas personas emigrantes que han dejado atrás su hogar, su familia y su vida buscando seguridad, paz y dignidad», recordó: «Venimos de países donde la pobreza, la violencia, la guerra, la persecución y la falta de oportunidades nos obligaron a partir». «Nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia cuando puede vivir en paz. Dejamos atrás nuestros recuerdos, nuestros seres queridos y una parte de nuestro corazón, con la esperanza de encontrar una vida mejor», dijo Bousso.
Recordó ante el Papa que «el camino hasta llegar aquí no fue fácil. El trayecto estuvo lleno de miedo, dolor e incertidumbre. Cruzar rutas peligrosas, especialmente el océano Atlántico hacia Canarias, significa enfrentarse al hambre, al frío, a la desesperación y, muchas veces, a la muerte». «Muchos hermanos y hermanas perdieron la vida en el mar, y otros siguen sufriendo en silencio, víctimas de mafias».