León vuelve a mirar al cielo 41.755 días después
El escritor Francisco Javier Rúa presenta un libro acerca de los tres eclipses que ya ha vivido la provincia

Foto de archivo del último eclipse.
León vuelve a mirar al cielo. La provincia se prepara para vivir un eclipse total de Sol que, según explica en el libro El Sol, la Luna y los eclipses, Javier Francisco Rúa. El autor presentará el libro en La Casona de San Feliz de Torío el mismo miércoles 12 de agosto a las 18.30 horas. Los tres acontecimientos históricos similares vividos en el pasado constituyen el punto de partida de una investigación que ha permitido recuperar su profundo componente social. «El miércoles 12 de agosto es total y además se va a ver en toda la provincia», explica el escritor. La amplitud de la zona desde la que podrá contemplarse constituye una de sus principales características. La excepcionalidad está también relacionada con la duración de la fase de totalidad. «Van a ser casi dos minutos de un eclipse total de sol, que realmente es muy raro en este tipo de fenómenos».
La historia reciente de los eclipses en León tiene tres fechas fundamentales: 1860, 1905 y 1912. El de 1912 fue, según las declaraciones, el de mayor extensión dentro de la provincia. «Quizá el más extenso, el que se vio en toda la provincia de León, fue el de 1912», recuerda Rúa. El de 1905 tuvo especial relevancia en la zona de Cistierna y Peñacorada, mientras que el de 1860 pudo observarse en menos lugares, principalmente en la zona noreste. El eclipse de 1912 tuvo además un importante foco de atención en Cacabelos. Allí se desplazaron distintas comisiones científicas procedentes de otros países y también instituciones españolas. «Fue donde se dirigieron las comisiones científicas», explica, antes de mencionar la presencia de delegaciones francesas e inglesas, además del observatorio de San Fernando y la Sociedad Astronómica Española.
La investigación ha dado lugar al libro que comenzó a partir de la información acumulada durante años. A esa iniciativa se sumó la documentación periodística recopilada sobre los eclipses históricos. Al principio, la intención era elaborar «un pequeño folleto», pero la cantidad de información encontrada hizo crecer el proyecto. El resultado fue una obra centrada especialmente en la dimensión social de los eclipses, aunque también recoge la presencia de científicos y el desarrollo de la astronomía durante aquellos años. Los eclipses de 1905 y 1912 tuvieron además una importancia especial desde el punto de vista de las técnicas científicas.
Durante las observaciones se emplearon espectrofotómetros, cámaras fotográficas y otros instrumentos destinados, entre otras cuestiones, a estudiar los cambios relacionados con el magnetismo terrestre. «Distintos instrumentos para poder ver los cambios en el magnetismo terrestre», explica el escritor. El momento fundamental de un eclipse total es aquel en el que la Luna cubre prácticamente todo el disco solar y aparece la corona. Ese breve intervalo constituye una oportunidad científica excepcional para estudiar la radiación y otros fenómenos. «Ese minuto y medio los físicos lo deben aprovechar muchísimo para ver todo el tipo de radiación que llega, cómo se mide con distintos tipos de aparatos, de espectrofotómetros».
Ahora, con un nuevo eclipse total, aquella historia vuelve a cobrar actualidad. Más de un siglo después de las observaciones de 1912, la provincia vuelve a convertirse en escenario de un fenómeno astronómico que reúne a científicos y ciudadanos.