Diario de León

El Real Hospicio de León que 'llegó' desde México

La investigación de la profesora de la Escuela de Trabajo Social Rosario Prieto Morera desvela que la obra social se levantó con la herencia mexicana del sacerdote leonés Bernardo Alonso Rebolledo, coordinada por el cardenal Lorenzana

Fachada meridional del antiguo hospicio de León (actualmente Correos).

Fachada meridional del antiguo hospicio de León (actualmente Correos).dl

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EFE
León

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La construcción del Real Hospicio de León, una de las principales instituciones benéficas impulsadas en la ciudad durante la Ilustración, fue posible gracias a una herencia procedente de México y a una compleja operación transatlántica coordinada por el cardenal leonés Francisco Antonio de Lorenzana.

Una investigación de la profesora de la Escuela Universitaria de Trabajo Social de la Universidad de León María del Rosario Prieto Morera, ha concluido que el impulso económico inicial del hospicio leonés procedió de la fortuna acumulada por Bernardino (Bernardo) Alonso Rebolledo. Era un sacerdote de origen leonés que ejerció su ministerio en la localidad de Actopan, entonces perteneciente al Arzobispado de México, donde falleció a mediados del siglo XVIII.

La investigación, seleccionada en el VIII Consejo Europeo de Investigaciones Sociales en América Latina (Ceisal) celebrado recientemente en Salamanca, se basa en la correspondencia conservada en el Archivo Diocesano de Toledo, dentro del fondo documental del cardenal Francisco Antonio de Lorenzana, figura clave en la llegada de esos recursos a León.

Según la documentación, tras la muerte del sacerdote, una parte de su patrimonio, valorado en cerca de 200.000 pesos, quedó bajo la gestión de su sobrino y heredero, Agustín Álvarez. El entorno de Lorenzana defendió entonces que una parte de esos fondos se destinara a una obra benéfica en León, ciudad natal del cardenal y una de las urbes castellanas que sufrían problemas de pobreza y mendicidad. La operación contó con la mediación de Andrés Valdés, colaborador de confianza de Lorenzana en Nueva España, quien informó en 1784 de la posibilidad de enviar inicialmente 25.000 pesos para la futura Casa de Misericordia u Hospicio de León. El proyecto encajaba plenamente en la política reformista impulsada durante el reinado de Carlos III, que promovió la creación de hospicios como instrumentos de asistencia social, pero también de formación laboral y desarrollo económico. El objetivo era reducir la mendicidad, acoger a personas sin recursos y fomentar actividades productivas como la manufactura textil. Sin embargo, la transferencia del dinero estuvo lejos de ser sencilla. La correspondencia analizada refleja las dificultades de las comunicaciones entre ambos lados del Atlántico y los riesgos del transporte marítimo. Ante la inseguridad de la navegación, los fondos fueron enviados en varias remesas para minimizar posibles pérdidas. Parte del dinero viajó en las fragatas mercantes La Begoña y La Numancia y otra parte en el navío de guerra San Felipe. Los envíos salieron desde Veracruz con destino a Cádiz y llegaron entre 1785 y 1786, permitiendo desbloquear el inicio de las obras. Al mismo tiempo, Lorenzana movió influencias en la Corte para obtener el respaldo de la Corona. El 24 de enero de 1786, Carlos III autorizó oficialmente la construcción de una Casa de Misericordia en León y cedió para ello el espacio que ocupaban las antiguas fábricas de lienzos del Prado de San Francisco. El entonces obispo de León, Cayetano Antonio Cuadrillero, recibió con entusiasmo la noticia y destacó que la nueva institución podía contribuir a combatir la pobreza y a revitalizar la industria del lino en la capital leonesa. La investigación también revela que surgieron discrepancias posteriores con el heredero de Rebolledo sobre nuevas aportaciones económicas comprometidas inicialmente, lo que obligó a Lorenzana a intervenir ante la Corona para garantizar la continuidad del proyecto. Pese a esos obstáculos, los recursos llegados desde México permitieron poner en marcha una institución que acabaría convirtiéndose en una referencia de la beneficencia ilustrada en España. De hecho, obras de la época citaban al Hospicio de León como un ejemplo exitoso gracias a la implicación del obispo Cuadrillero y al apoyo económico procedente de América.

Para la autora, este episodio demuestra la estrecha relación existente entre León y el virreinato de Nueva España a finales del siglo XVIII y sitúa a la localidad mexicana de Actopan como el origen de la financiación que hizo posible uno de los proyectos asistenciales más importantes de la historia leonesa.

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