Mónica Sarabia, profesora de inglés y voluntaria de Cáritas: «Tras el coma aprendí a leer como los niños»
Tenía una vida de profesora de inglés en La Asunción y un espíritu inquieto que la llevó a misiones solidarias en América y África. En noviembre de 2011, con 40 años, su senda se truncó en un accidente que la dejó en coma durante varias semanas.

Fotografía de Mónica Saravia
Mónica Sarabia es la primera cara de Cáritas que ven las personas que acuden en busca de ayuda. De lunes a jueves atiende la recepción y da las citas en la calle Sierra Pambley y los viernes hace de ‘dependienta’ en el eonomato de Crucero. Una profesora de inglés reconvertida en voluntaria que ha sorteado el trauma con una nueva vida que la transformado como persona.
«El accidente me cambió la vida, soy voluntaria en Cáritas y me emociona ayudar a las personas»
Quince años después de aquella caída no recuerda cómo sucedió. Lo que vino después fueron años de recuperación y una discapacidad del 68% que ha logrado rebajar apenas dos puntos. «Fuimos de viaje a Palencia con los niños y en el albergue, al subir las escaleras, me caí, alguien me oyó gritar y vieron me salía sangre por los oídos», relata con recuerdos prestados. Solo recuerda que se dirigía a la habitación mareada y que se dio un golpe en la cabeza. Nunca han sabido qué pasó.
«Me trasladaron a Valladolid en ambulancia. Estuve tres semanas en coma y me dejaron unos días más porque tenía la cabeza hinchada», explica. Al despertar no entendía nada y no articulaba palabras. Tuvo que pasar por dos operaciones antes de recuperación el movimiento y el habla, aunque al principio respondía al inglés mejor que al español.
Su conducta quedó alterada, «me portaba muy mal», apostilla al recordar que «quería escaparme del hospital». Aquel estado empezó a remitir con la segunda operación, cuando le implantaron hueso en el cráneo. «Me mandaron a clases de español con un psicólogo y en 2014, ya mejor, me dieron el alta».
Entonces empezó su gran reto: «Hablaba mejor pero no era capaz de leer, me saltaba las líneas. Y me puse a aprender a leer de nuevo como los niños».
Su aspecto físico, sin pelo, le afectó y no quería salir a la calle, hasta que decidió dar nuevos pasos y pidió poder conducir. «Al principio acompañaa y solo lo uso por León o para ir al pueblo o a Cistierna y solo de día», aclara.
Mónica Sarabia, que había jugado al fútbol y al frontón de niña y es una gran aficionada al balompié y forofa del Atlético de Madrid, empezó a practicar pádel. «Le pregunté al médico y me dijo: Juega y vive». Compite en el nivel 500 y «no me he dado ningún golpe», afirma con orgullo.
La cooperante que fue en su vida anterior se abrió camino en la mujer que despertó del coma. Se apuntó a ayudar a niños y, en junio de 2020, durante la pandemia, supo por Jorge, amigo y compañero del colegio, que Cáritas buscaba personas voluntarias y se enroló. «Es lo mejor que me ha pasado en la vida. Hasta mi padre dice que soy mejor persona. Me emociona tratar con personas que antes a lo mejor no comprendía», admite.
En el verano de 2022 acogió a una niña ucraniana a través de una asociación y en 2023, a raíz de la guerra, se sumó a las personas de Quintana de Rueda, su pueblo, que se volcaron con los refugiados.
Luba, una niña de 12 años con discapacidad para la que es su familia leonesa, se ha quedado. «Su abuela viene a verla en verano, pero quieren que esté aquí y ella tampoco quiere irse. Estamos las dos a gusto». Es pate de la nueva vida de Mónica.