La tragedia que hoy puede contar el monosabio astorgano Jesús San José tras ser cogido por un toro en Bilbao
El joven de 39 años fue vapuleado por un morlaco cuando defendía el flanco más débil de un caballo durante la faena. Jesús San José es nieto del fundador de la plaza de toros de Astorga
El monosabio astorgano Jesús San José (39) sufrió una cogida durante el segundo toro del diestro Sebastián Castella en la corrida de la Feria de Bilbao celebrada el pasado viernes en la plaza de toros de Vistalegre.
La plaza de toros de Bilbao fue testigo de un suceso que ha capturado la atención de aficionados y expertos, un incidente que subraya la peligrosidad inherente a la fiesta brava. Jesús San José, un experimentado monosabio astorgano y apasionado del mundo de los caballos, se encuentra en el Hospital de Basurto, recuperándose de una grave cornada. Su evolución, calificada de favorable por fuentes cercanas a este periódico, ha generado un halo de misterio y esperanza, dada la magnitud de las lesiones sufridas en el ruedo bilbaíno. Jesús San José es nieto del fundador de la plaza de toros de Astorga.
El percance ocurrió durante el tercio de varas del cuarto toro de la tarde, un astado de la ganadería de Domingo Hernández. En un momento de tensión, mientras el toro buscaba el flanco menos protegido del caballo, Jesús San José intervino con valentía. Su intención era realizar la maniobra de "colear" al animal, una acción crucial para proteger al equino y al picador, pero que lo expuso directamente al peligro de los pitones.
El toro, con una fuerza brutal, prendió al monosabio, lo volteó y lo sacudió violentamente, dejándolo en el suelo. Sus compañeros, actuando con rapidez y arrojo, lograron alejar al animal de la víctima. Tras el dramático suceso, San José fue trasladado de inmediato a la enfermería de la plaza, donde se le practicaron las primeras curas para contener una fuerte hemorragia antes de ser derivado al Hospital de Basurto para una intervención quirúrgica urgente.
El incidente en el ruedo
El papel del monosabio, a menudo subestimado, es fundamental en la lidia. Estos profesionales son los encargados de asistir a los picadores y, sobre todo, de proteger a los caballos de picar de las embestidas del toro. El pasado viernes, en la feria taurina de Bilbao, Jesús San José, de treinta y nueve años y auxiliar de la cuadra de picar Equigarce, se encontró en el ojo del huracán. El cuarto toro de la tarde, en un instante de confusión, intentaba atacar al caballo por su lado izquierdo, el único punto donde el peto protector no cubre completamente para permitir la acción de la espuela del picador.
Momento en el que San José sufrió la cogida durante el segundo toro del diestro Sebastián Castella en la corrida de la Feria de Bilbao el pasado viernes.
Fue en ese preciso momento cuando San José, con su veteranía y corpulencia como únicas armas, se interpuso. La embestida fue fulminante, un recordatorio crudo de la imprevisibilidad y el riesgo constante que acecha en cada faena. La rapidez con la que sus compañeros actuaron para alejar al toro fue crucial, evitando consecuencias aún más trágicas en un escenario ya de por sí dramático.
La batalla en el Hospital Basurto
Una vez en el Hospital de Basurto, los médicos confirmaron la gravedad de las lesiones. La cornada, descrita por el cirujano de la plaza como "amplia", según diferentes medios, medía entre treinta y cuarenta centímetros de extensión. Aunque inicialmente existió la preocupación de que pudiera haber afectado esfínteres, afortunadamente, esta posibilidad fue descartada. La herida, localizada en el glúteo izquierdo, fue intervenida quirúrgicamente y, a pesar de su longitud, se consideró "limpia", sin grandes destrozos internos. Sin embargo, las lesiones no se limitaban a la cornada. Jesús San José también sufrió una fractura de clavícula en el mismo lado y un desplazamiento de la vejiga, complicaciones que añaden complejidad a su recuperación. Pasó la noche en observación, lidiando con las molestias derivadas tanto de la herida profunda como del fuerte impacto recibido. La evolución favorable, confirmada por Luis Cedillo, propietario de la cuadra Equigarce, es un testimonio de la resistencia del monosabio y la eficacia de la atención médica recibida en el centro hospitalario bilbaíno.
El rol del monosabio: héroes anónimos del ruedo
La figura del monosabio es, sin duda, una de las más desconocidas y, a la vez, esenciales en el mundo de la tauromaquia. Estos hombres, vestidos con su característica indumentaria roja, son los ángeles guardianes de los caballos y los picadores. Su labor, que a menudo pasa desapercibida para el gran público, es de una valentía extrema y una dedicación inquebrantable. Luis Cedillo, cuya cuadra Equigarce surte de caballos a numerosos festejos en toda España, defendió con vehemencia la importancia de su trabajo. "Hay quien critica mucho la intervención de los monosabios durante la lidia, pero mientras haya caballos de picar, seguiremos haciéndolo, porque nuestro papel es proteger al animal y al picador, además de lo que puedan hacer los toreros", afirmó Cedillo. Esta declaración resalta no solo la función práctica, sino también el compromiso ético de estos profesionales con el bienestar de los equinos. La historia del astorgano Jesús San José es un recordatorio palpable de que la exposición al peligro en la plaza no se limita a los toreros, sino que alcanza a todos los que intervienen en el ruedo, desde los banderilleros hasta los monosabios, quienes con su arrojo garantizan la seguridad y el desarrollo de la lidia.
Reflexiones sobre la seguridad en la tauromaquia
El incidente de Bilbao reabre el debate sobre la seguridad en los festejos taurinos y la protección de todos los profesionales involucrados. Aunque las plazas de toros cuentan con enfermerías equipadas y personal médico especializado, como se demostró con la rápida atención a Jesús San José, el riesgo cero es una quimera en un espectáculo de esta naturaleza. La tauromaquia, con su arraigada tradición en España, es un arte que implica un constante enfrentamiento entre hombre y animal, donde la fuerza bruta y la destreza se miden en cada lance. Este suceso pone de manifiesto que la preparación física y mental, así como la experiencia, son cruciales para todos los que pisan la arena. La labor de los monosabios, como la de otros auxiliares, es un eslabón vital en la cadena de seguridad, y su valentía a menudo se da por sentada. Es fundamental reconocer y valorar el sacrificio y la dedicación de estos profesionales, que, como San José, arriesgan su integridad física para que el espectáculo pueda continuar. La evolución favorable del monosabio astorgano es una noticia esperanzadora, pero también un llamado a la reflexión sobre los límites del riesgo aceptable en un evento tan arraigado culturalmente.