Ciegos que vuelven a ver, el legado de los nuevos Nobel de Medicina
Un estudio de diez pacientes tratados con terapia optogenética, que activa neuronas con una inyección, arroja que pueden volver a detectar objetos aunque sin visión de alta agudeza
Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel, Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2026.
La aplicación en humanos del hallazgo por el que tres científicos ganaron el último Premio Nobel de Medicina, otorgado esta semana, no es un caso aislado. Después de cinco años de hacer la terapia optogenética en un paciente ciego por primera vez, un estudio internacional confirma que esa invención, basada en el canalrodopsina ('switch' que enciende y apaga neuronas a la carta), es segura y devuelve ciertas propiedades de la visión, potenciadas con el uso de gafas especiales.
La optogenética, posible gracias a los estudios de los premiados este lunes (Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel), introduce, en este caso, genes que codifican proteínas sensibles a la luz en las neuronas supervivientes a una enfermedad que causa la pérdida progresiva de fotorreceptores, asegura el artículo 'Terapia optogenética para restaurar aspectos de la función visual', publicado esta semana en The New England Journal of Medicine.
La investigación, coordinada por el Instituto de Oftalmología Molecular y Clínica de Basilea, comprobó la restauración de la visión hasta el punto de que el paciente ciego pudo detectar objetos, gracias a que las células ganglionares que quedaban en la retina volvieron a ser sensibles a la luz. Todos los participantes en el estudio, diez en total, padecían retinosis pigmentaria avanzada, "una enfermedad de la retina, degenerativa y hereditaria, que puede provocar ceguera irreversible". Puede tener su origen en un centenar de genes y afecta a más de 1,5 millones de personas en todo el mundo.
En este estudio, cuyo primer firmante es José-Alain Sahel, investigador de la Universidad de Pittsburgh, los pacientes recibieron una inyección intravítrea (en el interior del ojo de un "vector viral adenoasociado que codificaba la canalrodopsina (una proteína fotosensible) en el ojo con peor visión". Esta técnica, nombrada ChrimsonR, es "sensible a longitudes de onda desplazadas hacia el rojo". Para comprobar los resultados, se midieron los cambios en la sensibilidad a la luz y la seguridad del tratamiento, con seguimiento de varios años. El control era el ojo no tratado.
En este caso el mecanismo para activar circuitos neuronales específicos en el cerebro se introdujo por vía intravítrea mediante la inyección de un vector viral. El interruptor neuronal, que los científicos llamaron canalrodopsina, se activó con el fármaco GS030-Drug Product, fabricado por GenSight Biologics.
Capacidad parcial
Para valorar la efectividad de la terapia, se diseñaron "gafas de estimulación lumínica" capaces de activar el ChrimsonR y se hicieron varias pruebas, con y sin el dispositivo. De las seis mujeres y cuatro hombres con ceguera certificada clínicamente, la mayoría completó las "pruebas del cuaderno y la caja de grapas", en las que tenían que localizar y tocar los objetos, además de orientarse en una barra.
En todas había una "mayor precisión al usar las gafas que al no usarlas (.) Los cambios en el rendimiento visual cuando los participantes utilizaban las gafas de estimulación lumínica fueron muy variables", concluyeron los investigadores de esta terapia optogenética para la función visual.
Sin embargo, los cambios funcionales fueron modestos, valoran los autores del trabajo. "Se logró una capacidad parcial para detectar y discriminar objetos, pero no una visión de alta agudeza", advierten, mientras lo atribuyen a la metodología del ensayo. El factor más importante que pudo frenar la terapia se explicó en que "la expresión de ChrimsonR se limita al anillo perifoveal de células ganglionares, debido a las características de penetración del vector", y no alcanzó todo el área óptima. Además, al utilizar un "único sensor de luz no fue posible restaurar la visión en color".
Sin mayores adversidades
El estudio halló que había una "correlación entre la mejora en la precisión durante las pruebas de comportamiento visual y el número de sesiones de entrenamiento dedicadas a aprender a utilizar las gafas", por lo que el rendimiento funcional se asocia a la intensidad de los ejercicios. En todo caso, los resultados de las pruebas, incluyendo la detección de objetos giratorios, "son coherentes con la transmisión al córtex visual de señales visuales evocadas optogenéticamente, las cuales proporcionan información suficiente para discriminar algunos de los distintos estímulos", concluyeron. "El hecho de que estos cambios se produjeran únicamente cuando los ojos tratados estaban abiertos sugiere una mejora en el procesamiento visual".
Ahora bien, en cuanto a los posibles efectos adversos en los pacientes, con una edad media de 54 años, los investigadores calificaron la terapia como "segura". Se detectaron 23 "acontecimientos adversos oculares" leves y 10 moderados en un 90% de los pacientes. También sucedió un efecto "grave que se resolvió en cuestión de minutos", "una oclusión transitoria de la arteria central de la retina inmediatamente después de la inyección dentro del ojo, que se manifestó como pérdida de la visión fugaz", indica el artículo.
"No se determinó que ningún acontecimiento adverso sistémico estuviera relacionado con el fármaco del estudio o con el procedimiento de inyección intravítrea". Por lo tanto, aunque aún con resultados todavía incipientes, la terapia es segura y podrá seguir avanzando en humanos.