Diario de León

Cambio de hora con niños: una experta da las claves para adaptar sus rutinas sin estrés

Una psicóloga española desmonta el mito de los 15 minutos y propone dos caminos radicalmente distintos según tu familia

Niño durmiendo

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La madrugada del domingo 25 de octubre volverá a traer consigo uno de los momentos más temidos por miles de familias en España: el cambio de horario. A las 3:00 serán las 2:00, y con ello llegará una semana de despertares anticipados, siestas descuadradas y niños desconcertados que no entienden por qué sus padres les despiertan o acuestan cuando su cuerpo dice otra cosa.

Cada año, la misma historia se repite en hogares de toda España. Y cada año, la misma receta circula por grupos de WhatsApp de madres y padres: adelantar o retrasar los horarios 15 minutos cada día durante la semana previa. Un plan milimétrico que, según explica Lucía García, psicóloga y fundadora de Calma el Caos, no tiene por qué ser la solución universal que todos creen.

"Para algunas familias funciona muy bien, porque tener un plan les da sensación de control. Pero para otras es una presión más: ir con el reloj en la mano, cuadrar cada siesta... Y sus peques notan esa tensión", explica García, quien acompaña online a familias de toda España en temas de crianza y sueño infantil. Su propuesta es tan sencilla como revolucionaria: dejar de vivir el cambio de hora "como robots" y elegir el camino que realmente le dé paz a cada familia.

Dos estrategias opuestas para el mismo problema

La clave, según esta experta colegiada y certificada en Disciplina Positiva, está en reconocer qué tipo de familia eres. No todas funcionan igual, y lo que para unas es orden, para otras resulta agobio. Por eso propone dos caminos radicalmente diferentes.

El primero es para aquellas familias a las que la planificación les proporciona tranquilidad. Si eres de las que necesitan anticiparse, García recomienda comenzar el miércoles 21 de octubre y ajustar progresivamente los horarios. Un niño que normalmente se acuesta a las 20:00 pasaría a las 20:15 el primer día, luego a las 20:30, y así sucesivamente. Al llegar el domingo, su reloj biológico ya estaría sincronizado con el nuevo horario oficial.

Pero existe otra opción, menos conocida y raramente mencionada en los foros de crianza: no hacer absolutamente nada antes del cambio. Simplemente esperar al domingo, aplicar directamente la nueva hora y ajustar sobre la marcha. "No pasa nada por no prepararlo. Hay familias a las que les va mucho mejor así", señala la psicóloga.

Esta segunda estrategia implica aceptar que los primeros días pueden ser complicados. Si los niños se despiertan muy temprano, habrá que hacer el día con normalidad y, si es necesario, adelantar ligeramente la siesta o la hora de dormir ese día concreto. Pero sin presión, sin cronómetro en mano, sin convertir cada momento del día en un ejercicio de ingeniería temporal.

La ciencia detrás de la adaptación infantil

Lo que muchas familias desconocen es que una hora de diferencia horaria se ajusta naturalmente en pocos días. El cuerpo humano, incluso el de los más pequeños, tiene una capacidad de adaptación notable. El problema no es tanto el cambio en sí, sino la ansiedad y la tensión con la que muchas familias lo viven.

"Lo importante es que la familia lo viva con calma", insiste García. Los niños son auténticas esponjas emocionales que captan el estrés de sus progenitores. Si mamá o papá están pendientes constantemente del reloj, nerviosos por si se desvían 5 minutos del plan trazado, esa inquietud se transmite. Y paradójicamente, puede dificultar más la adaptación que el propio cambio horario.

En España, donde el debate sobre la pertinencia del cambio de hora lleva años sobre la mesa sin resolverse, millones de familias se enfrentan dos veces al año a este desafío. Según datos del Ministerio de Sanidad, aproximadamente el 30% de los niños menores de 5 años experimenta algún tipo de alteración del sueño durante la semana posterior al cambio horario.

Recomendaciones que funcionan para todas las familias

Independientemente de la estrategia elegida —preparación gradual o ajuste directo—, existen pautas universales que facilitan la transición. La primera y más importante es la exposición a la luz natural. La luz del sol por la mañana y la penumbra por la tarde ayudan al reloj interno a reajustarse de forma natural.

Mantener las rutinas habituales también resulta fundamental. El ritual del baño, el pijama y el cuento sigue indicando al cerebro infantil que ha llegado la hora de dormir, independientemente de lo que marquen las manecillas del reloj. Estas señales son más poderosas de lo que muchos padres imaginan.

La paciencia es otro ingrediente esencial. "Lo normal es que en unos días esté ajustado. Si después de dos semanas siguen los madrugones, merece la pena revisar los horarios con calma", aconseja la experta. A veces, el cambio de hora destapa problemas de sueño que ya existían previamente pero que pasaban desapercibidos.

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