Pacientes leonesas con las que la ciencia avanza: la otra carrera del cáncer de mama

Cuatro mujeres supervivientes a la enfermedad cuentan su experiencia en ensayos clínicos punteros para probar terapias que suponen un avance para ellas y para las que vengan detrás

Elvira Blanco Cordero, Trinidad de la Vega Cadenas y Nuria Fernández Martínez.VIRGINIA MORÁN

León

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La marea rosa de la Carrera de la Mujer tiñe este domingo las calles de León. Otra carrera silenciosa la protagonizan las pacientes de cáncer de mama los 365 días del año, antes, durante y después del tratamiento.

Un puñado forma parte de la investigación que hace avanzar los tratamientos, alargar la esperanza de vida y ensanchar el bienestar para ellas y las que vengan detrás.

Son supervivientes del cáncer que se suman a la carrera de la ciencia, a veces a ciegas, para probar nuevos fármacos. Cuatro leonesas, de las 130 que actualmente participan en estudios con el Caule, cuentan su experiencia en tres ensayos diferentes.

A Trinidad de la Vega Cadenas le detectaron un tumor mamario con 45 años. En la primera mamografía que se hacía en el programa de prevención de la Junta saltó la alarma: tenía cáncer en un pecho. Todo fue bien. Pero su periplo como operada de cáncer no ha terminado. Durante cinco años tiene que tomar un tratamiento hormonal (tamoxifeno) que le producía sofocos insoportables. «A los ocho meses estuve a punto dejar el tratamiento», confiesa. Tenía que salir de la granja que gestiona porque le daban mareos y en invierno andaba en manga corta y con la ventana abierta. A Elvira Blanco Cordero, operada con 42 años, le pasaba lo mismo.

Ambas fueron propuestas para probar un fármaco que mitiga los sofocos. Con una peculiaridad. Era un estudio ciego: ni investigadores ni pacientes sabían a quién le tocaría la pastilla con el preparado y a quién el placebo.

«Peor, no voy a estar y, si tengo suerte, me toca la pastilla buena», pensó Trinidad de la Vega Cadenas cuando la doctora Ana López, oncóloga del Caule, le invitó a entrar en el ensayo Highlight-1 en fase III.

En septiembre de 2025 empezaron con el ensayo clínico Highlight-1 en fase III aleatorio en pacientes con cáncer de mama en estadios I-III en tratamiento con hormonoterapia y sofocos moderados o severos.

Un programa informático, a suertes, decidió que Trini fuera la candidata a tomar el fezolinetant, mientras que Elvira tomaría una pastilla inocua sin el compuesto anti-sofocos. El estudio se iba a prolongar durante un año, pero enseguida se dieron cuenta de quién tomaba la medicación del ensayo clínico.

En pocos días, «cambió mi vida radicalmente», asegura Trini. Fue la afortunada porque le tocó el fármaco y además le funcionó (no funciona igual con todas las mujeres). Elvira, que podía haber abandonado al no notar los efectos, decidió continuar. Tenía que apuntar a diario la frecuencia y la intensidad de los sofocos, además de responder a un test sobre cómo afectaba a su vida cotidiana en descanso, sueño y el trabajo. «Había decidido participar para mejorar mi calidad de vida.

«No fue así. Me tocó placebo y me quedé con que estaba colaborando con algo bueno», explica. «Algo habremos recibido de las que han estado antes que nosotras», apostilla.

Ana López, oncóloga.DL

Doce sofocos al día

Ha llegado a soportar entre dos y tres y doce episodios de sofocos al día. «Creo que no tienen nada que ver con los de la menopausia, me daban hasta taquicardias». Ha tenido que esperar un año, pero los buenos resultados para otras mujeres le sirven ahora a ella.

«Ha sido durísimo para las personas que han seguido con los sofocos continuar en el ensayo «para nada». Lo han hecho solo por generosidad con la investigación, ellas no han tenido ningún beneficio al participar. Pero otras mujeres sí lo harán gracias a ellas», reconoce la doctora López.

Desde septiembre de 2026, Elvira es una de las pacientes leonesas con tratamiento de tamoxifeno que toma el fármaco para paliar los sofocos. «Desde el primer día se nota», asegura. El medicamente está financiado el 60% por la Seguridad Social y solo se prescribe a las mujeres que están en tratamiento hormonal, pues este fármaco «ya existe comercializado para mujeres sanas con sofocos en la menopausia, pero las agencias reguladoras pidieron un ensayo específico para mujeres con cáncer de mama», explica la oncóloga.

«Mi granito de arena»

Nuria Fernández Martínez llevaba cuatro años con el tratamiento hormonal de tamoxifeno. «Cuando parece que todo se ha acabado» porque han terminado el tratamiento de quimio o radio y hay buenos resultados clínicos, «hay días que estás peor que cuando estabas en tratamiento», resume. El cambio a letrozol no mejoró sus síntomas. Dolores articulares, calambres, sofocos eran parte de su día a día. Era una pesadilla «levantarse por las mañanas y no poder bajar las escaleras.

«El letrozol oral se tolera regular o mal y muchas mujeres lo dejan de tomar total o parcialmente», explica la doctora López. La adherencia es baja y se buscan otras formulaciones. El ensayo clínico SIE-1, el primero que hace el Servicio de Oncología en fase 1, quiere conocer la seguridad del letrozol intramuscular trimestral durante un año en pacientes con cáncer de mama que hayan tomado este fármaco y estén cerca de terminar el tratamiento.

Nuria cumplía el perfil y se lo ofrecieron. «Pregunté por los efectos secundarios y concluí que peor no voy a estar; y si las que vengan detrás se pueden beneficiar, pues he puesto mi granito de arena», afirma.

Para Nuria supone un gran esfuerzo. Tiene que ir mucho al hospital para las analíticas de concentración plasmática del fármaco que ofrecen datos sobre la seguridad del mismo, incluidos fines de semana y festivos. Ha tenido que pedir permiso en el trabajo. «Cuando expliqué para lo que era, me dijeron que sí inmediatamente», matiza. En pocos días le pondrán la primera inyección intramuscular.

La disponibilidad de tiempo para los controles exhaustivos de los ensayos es un denominador común. Todas estas mujeres están en activo y tienen que organizar su vida laboral, alguna es autónoma, para cumplir los requisitos científicos de los estudios.

Isabel Arteaga en el Espacio Joven de Fresno de la Vega.DL

Evitar la metástasis

Isabel Arteaga recibió la primera sesión de quimio el día de Nochebuena de 2019, poco después de que le diagnosticaran el cáncer, antes de operarse. Siete años después está curada, pero es una de los pacientes con riesgo de recidiva a los que se dirige el ensayo clínico Mirador. "Busca células tumorales circulantes en la sangre y, si las encontramos, antes de que desarrollen metástasis, ponemos un tratamiento en pastillas para intentar matarlas», explica la oncóloga.

Ser una de las primeras pacientes que va a participar en este ensayo es algo muy importante para Isabel. El estudio se prolongará durante dos: «Tengo muchísima fe en que va a salir bien. Estoy contenta y agradecida», señala.

Más que una lotería

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"Es mucho más que si me hubiera tocado la lotería porque el objetivo es que no me llegue a producir una metástasis», explica. «No puedo estar más agradecida a la doctora López por lo que se involucra y todo lo que hace, que es de verdad», recalca. «Bajones los justos», afirma. El cansancio, los dolores musculares, los efectos de un linfedema operado muy tarde o tener que renunciar a hacer el deporte que hacía no la paran. Casa, trabajo y ocio caben en su vida después del cáncer. «Hay que tirar para adelante y no hay que renunciar a todo. Me he apuntado al equipo de fútbol caminando de Fresno, mi pueblo, y a ver si conseguimos federarlo en Castilla y León», apunta. Ganar la carrera al cáncer es el deseo de estas cuatro leonesas que ya son parte de la ciencia y que reclaman todas a una: «Más investigación».

Nuria Fernández Martínez, Elvira Blanco Cordero y Trinidad de la Vega Cadenas en la redacción de Diario de León.DL

León se tiñe de rosa con 6.000 dorsales


La Carrera de la Mujer de Almon-Drasanvi cumple su décimo segunda edición en León. Los seis mil dorsales se agotaron como en años anteriores y a las 11.00 horas se da el pistoletazo de salida en el Paseo del Parque

El recorrido, de cinco kilómetros y doscientos metros, sufre algunas variaciones a su paso por el centro de la ciudad debido a las obras en la calle Ancha. Corriendo, andando, tirando de carritos, sillas y, algunos pequeñines, en patinete, lo importante es participar.

El dinero que se recaude con este evento que tiñe de rosa las calles de León el último domingo de octubre irá destinado a la investigación. Por primera vez, una parte de esta solidaridad irá destinado a un centro de investigación en León.

Ibiomed recibirá el 50% de la recaudación, deducidos los gastos del evento, mientras que la otra mitad se entregará al Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, institución a la que se han donado más de 330.000 euros desde que se puso en marcha esta iniciativa solidaria.