El bastón del pastor mayor que cerró el feudalismo en León al abolir el foro del 'Pan del Cuarto'
Pepe Muñiz adquirió a un anticuario, sin saberlo, la cacha que Los Barrios de Luna entregó a Vicente Flórez de Quiñones en 1980, poco antes de fallecer

Pepe Muñiz en su casa de los Altos de la Nevera con el bastón de pastor mayor de 1980.
Se llamaba el foro del Pan del Cuarto, el «foro malo», un tributo medieval por el que los campesinos de Omaña y Luna pagaron a los condes de Luna desde el siglo XV hasta el año 1931. Cinco siglos bajo el yugo Un joven abogado leonés, oriundo de Murias de Paredes, fue el artífice del fin de esta tasa que mantenía vivo el feudalismo en España.
Vicente Flórez de Quiñones y Tomé (1898-1980), de la mano del diputado leonés Justino de Azcárate, llevó a las Cortes constituyentes de la II República la abolición del impuesto a los anteproyectos de reforma agraria, una cuestión que no había sido incluida por ningún partido. El propio Flórez de Quiñones, que trabó relación con Manuel Azaña redactó los decretos que desarrollaron la medida.
Abogado a los 19 años, doctor a los 21, se convirtió en notario y fue un destacado intelectual de su tiempo, desarrolló toda su carrera profesional en Córdoba, a donde la familia se exilió tras ser perseguida en las tierras de Omaña durante la Guerra Civil por sus ideas republicanas. La hazaña de foro del pan no tuvo marcha atrás, pero la figura del valedor de su extinción quedó en el olvido.

El notario Vicente Flórez de Quiñones y Tomé.
Fue en 1980 cuando los pueblos de Omaña y Luna, con la democracia andando, decidieron rendir homenaje al paisano que les libró de seguir siendo siervos. Se convirtió en hijo adoptivo de todos los pueblos a los que liberó del pan del cuarto y nombrado Pastor Mayor de los Montes de Luna en la edición de aquel año.
En un bastón de madera quedó grabada la fecha del homenaje pastoril en Los Barrios de Luna. Hace algún tiempo el cayado cayó en manos del coleccionista y cronista del León misterioso, Pepe Muñiz. La cacha se traspasó de abogado a abogado en algún mercadillo de anticuarios.
Pepe Muñiz desconocía a quién pudo pertenecer el objeto que compró con el cariño que pone en mantener vivos los vestigios, joyas y misterios de antaño. En vísperas de la Fiesta del Pastor de 2026, Muñiz comentó el tema con una Pastora Mayor.
Solo hubo que buscar a quién le habían entregado el emblema pastoril en 1980. Y se desveló el misterio. Vicente Flórez de Quiñones y Flórez emergió en la memoria de las hemerotecas, que dejan constancia de lo poco que pudo disfrutar de los honores su dueño, pues falleció poco después de los homenajes en León.
Al conocer la historia del bastón de pastor mayor, Pepe Muñiz sintió el deber de sostener con solemnidad el cayado de un colega insigne que merece ser rescatado de la desmemoria pública. «¡Los fantasmas existen!», exclama. «Vive Dios que el fantasma de este hombre, quiso que si ya no la puede llevar en vida él, la llevara yo». Muñiz cree que «fue èl mismo que, encarnado en un gitano, me la dio. Ahora lo comprendo todo».
Muñiz quedó impresionado por la trascendencia de la medida de modernización agraria de Flórez de Quiñones y la valía intelectual de este omañés que tamnién fue miembro numerario de la Real Academia de la Historia y presidente de la sección de Ciencias Morales y Políticas, así como de la Asociación Cordobesa de Derecho Agrario.
No es para menos. El régimen señorial y la mayor parte de los tributos medievales en España se habían abolido formalmente durante el siglo XIX (a través de las Cortes de Cádiz y las leyes de 1837), pero el foro del «Pan del Cuarto» fue el último un residuo feudal que consiguió sobrevivir hasta la llegada de la Segunda República.
En otras tierras leonesas, como en Los Oteros, hay constancia de la pervivencia de estos tributos medievales hasta el primer tercio del siglo XX. El sistema de los foros y subforos (contratos medievales de propiedad compartida de la tierra que obligaban a los campesinos a pagar rentas perpetuas a la hidalguía o a la Iglesia) ya había recibido un decreto de redención en 1926.
En diciembre de 1931 van a cumplirse 95 años desde que se decretó explícitamente la abolición de foros locales específicos de origen feudal, como el foro leonés de Villamor que afectaba a las tierras de Omaña y Luna; también erradicó el feudalismo en otros territorios del antiguo Reino de León, como la comarca de Los Oteros del Rey, y también de Galicia.
Al ser conocedor del origen del bastón, Pepe Muñiz no ha dejado de pensar en la ¿casualidad?. «Este compañero muerto ha vuelto a este mundo en forma de fantasma para que sea yo el que conserve el cayado, pues en otro caso quizá se hubiera perdido para siempre". No obstante, vería con buenos ojos que el venerable objeto sea custodiado y exhibido con todo detalle en el Museo del Pastor de Los Barrios de Luna», sugiere.

Muñiz con cacha y zamarra en los Altos de la Nevera y Vicente Flórez de Quiñones.
Está dispuesto a donarlo. No por miedo a que le persiga el fantasma de don Vicente Flórez de Quiñones y Tomé, sino porque la memoria del pastor mayor perdure en su tierra.
Parte del legado de este intelectual se encuentra en el Archivo Histórico Provincial de León desde abril de 2017, gracias al acuerdo del Ayuntamiento de Riello con esta institución para salvaguardar la biblioteca, abundante en libros jurídicos y derecho consuetudinario de León, que se encontraba en la casa familiar de Curueña que había sido cedida al municipio.
Nueve años después, el hombre que decretó el fin del feudalismo en León con convicción, generosidad y arrojo ha vuelto a salir a la luz. Hay que recordar sus palabras cuando fue entrevistado con motivo de los homenajes en Omaña y Luna: «Era un pleito sin dinero de por medio, que no quería ningún abogado», declaró.
Que el destino haya puesto su bastón de pastor mayor en manos de Pepe Muñiz le ha hecho volver a preguntarse al filósofo de los misterios: «¿Dónde están los muertos.. Aquellos a quienes amamos y que nos amaron, y aquellos a quienes hicimos un daño irreparable? ¿Nos han dejado para siempre o regresan? Entre este mundo, y ese otro que escapa a nuestros sentidos, no podemos explicarnos su lazo de unión ni admitir la existencia de una barrera infranqueable».